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jueves, 18 de enero de 2024

Infelices por no ser felices

A ti, querido amigo:

 

Pelearlo y a la yugular no es mi rollo.

 

Mi amigo Samu considera que “no es que hayas perdido un tren que no volverá a pasar; es que te has bajado cuando estaba en lo mejor” y creo que tiene mucha razón. Frenar en seco cuando vas tan rápido, inexorablemente, trae pareja una hostia de campeonato.

 

 

Abrí esa botella de vino tinto y vertí su contenido en una copa, a estrenar, que había en la casa. Cogí un paquete de palomitas y lo metí en el microondas. Cada uno de los granos que estallaban, como en una guerra interminable, como el cielo cuando petardean las estrellas, desprendía su aroma por toda la habitación y, poco después, se mezclaba con la ligera brisa que acariciaba mi salón-dormitorio, entrando por el ventanal desde el que veía el mundo.

Recuerdo disfrutar el tacto del vino en mi paladar y no molestarme que me dejase los labios completamente pintados. El crujir del antiguo maíz en mi boca era la sensación más parecida a “comerse el mundo” que se me antoja. Mientras el cielo de Tenerife me regalaba su viento, que venía directo desde el mar que arañaba las piedras de la playa de las américas donde alguna pareja disfrutaba su pasión al atardecer, yo besaba la gloria.

Después de cenar y de aprender a abrir un coco, seccioné el fruto por primera vez y bebí su jugo que resupo en mi boca como beber del estanque del paraíso, y la noche se apagó en mis ojos, y su dulzura me dieron ganas de llorar.

 

Un mes antes, los ahorros con los que fui a la isla se agotaban, no tenía trabajo por mucho que cholease kilómetros de un lado a otro y seguía una estricta dieta que contuviese la cantidad y calidad más barata posible. De repente, el cielo se abrió y conseguí un trabajo y recibí mi primer sueldo. Aún recuerdo una compra “de lujos” para celebrarlo, consistente en una botella de vino de dos euros, un paquete de palomitas al microondas y un coco. Aún recuerdo, en lo que dura la vida de tres pitidos en un supermercado a acostarme esa misma noche, alcanzar la cima de la felicidad.

 

Ahora que lo pienso, no soy de pelearlo y a la yugular, pero sólo abandono el ring en brazos; o porque he ganado o porque he perdido el conocimiento. O no, pero qué bonito suena.

 

Miguel Ángel. 16/12/2023, Sevilla