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jueves, 26 de junio de 2025

Pasaportes y grafitis

  En una pared, una pareja se juraba amor eterno. Hace algunos años. Pude leer que Francisco firmó. Una tal María de algo coincidió en el trato. Tiempo más tarde, alguien firmaba con tinta azul celeste brillante encima de su amor, dejando la segunda parte del nombre de María en una hiriente incógnita. Espero, sinceramente, que Francisco no dependa de esta pintada para recordar su amor si lo olvida. Tendría que buscar de María en María. ¡Qué faena!

 

  A estas que salgo del callejón y encuentro una espalda. Es la espalda de un amigo y me emociono como un perro oyendo pasos conocidos por la escalera que llega al piso. Se me enciende una sonrisa y se apaga el mundo queriendo ir a verlo. Mi cabeza, que siempre está leyendo, para un momento y me dice que es imposible. Efectivamente, era una espalda igual, pero no era Iván. Él está lejos de lo cerca que está esta persona.

  Me he preocupado durante un largo periodo de mi vida en lo que significaba para mi existencia vivir “lejos”, aunque yo siempre estuviese cerca de mí. A fuerza de no saberme planta, me arranqué de cuajo las raíces y me deformé en cada maceta que me quiso acoger. Ahora vuelvo a la primigénea y, claro, mis colores, mis nudos, mis espinas, mis flores, mis estambres, mis pistilos, mis cloroplastos, mis tallos, mis ramas y mis hojas no caben, no encajan, no entran en el tiesto.

  Puede que sea un problema burocrático y esto no sea más que un error por no haber renovado a tiempo algún documento. Un pasaporte que me permita viajar entre mis vidas para siempre encontrarme con una administración que me acoja amistosa y feliz. Leal y contenta. Y me encuentro con que la impresora se rompió justo después de atender al que iba delante mía.

 

  En un punto determinado, mis días se acabarán y me tocará dejar una firma en el libro de visitas. Gran parte de mi vida ha dominado a mis pasos la idea de dejarla escrita en tinta brillante y glamurosa, que penetre cada una de las páginas que vengan detrás. Hoy me parece gracioso que, tiempo después, alguien dibuje algo encima de mi nombre. Quizás una polla colgada de alguna de mis eles.

 

Miguel Ángel. 11/06/2025, Sevilla



jueves, 19 de junio de 2025

De vuelta a las calles

  Encontré un resquicio para la ventana y salté al jardín. La vecina tiene olorosos pasteles enfriándose en su alféizar, así que el reclamo era más que inevitable.

  Estiré las patas al sol y me lamí una para salir bien aseado a dar un paseo con el estómago ya ejercitado. Así me encuentro, de vuelta a las calles.

  Espero encontrar una gata que maúlle como O’Riordan sin sus tendencias autodestructivas, aunque me encantaría toparme con una que ronronee como un río. Un río eterno y tranquilo, previsible y sereno. Uno de los que tienen crecidas cuando las lluvias vienen raras y que en verano refresca por donde pasa, uno con curvas con nombre y que siempre bebe de los mismos arroyos, que siempre desemboca en los mismos mares. Que sea distinta siempre, para honrar a Heráclito, y a la vez que encuentre en la calma su hogar.

 

  Una gata bonita, una gata divertida, una gata felina e inteligente. Torpe, irreverente, dulce, salada y con umami. Una gata glutamato, una gata nata, una gata araña, una gata anfibia y una gata sarpullido.

  No quiero una gata curandera, ni una adivina. No quiero una gata que odie el pienso, ni una que tenga por costumbre retorcerse cuando le duela. Espero no encontrar una gata con pelos en la lengua y tampoco que asfixie.

 

  En la calle somos muchos gatos y todos estamos buscando algo, así que, después de pensarlo mucho, he decidido desviarme de la corriente y disfrutar el sol. Las gatas, ya vendrán, si tienen que venir. El sol saldrá, si tiene que salir. Los ríos fluirán, si tienen que fluir.

  Si me han dejado la ventana abierta o cerrada ya me da igual, en esta piedra, bajo esta luz, con este calor, uno puede echar una vida al raso, cazar ratones, salamanquesas e hipopótamos. Uno puede ser, sin saber quién es. Uno se convierte en todo, porque aquí está todo. Podría parecer muy distinto uno y todo, pero no lo es para los gatos. De verdad, pequeña gata, podemos ser dos unos o serlo todo, acércate a esta cama, aquí se ve mejor la perspectiva que te ofrezco.

  Comería sardinas contigo, pero me harté de pastelitos. Quizá otro día. Por cierto, ¿tú cuántos meandros has dicho que tienes?

 

Miguel Ángel. 14/02/25, Sevilla



jueves, 12 de junio de 2025

El peaje de los ojos cocacola

  Tras un tremendo culo se escondía, sin demasiado éxito, una chica dulce, divertida y cariñosa. Ella misma usó las expresiones “perra empoderada”, “gata” e “hiena” para describirse. Evitaré usarlas para no caer en temas de copyright.

 

  En cuanto cerró la puerta y se despidió a través de la ventanilla comenzó a llover, como cada madrugada que pasaba por aquella plaza, y para cuando llegué a la autopista accioné por primera vez la máxima velocidad del parabrisas. Habiendo pasado otoño e invierno sin hacerlo, se me antojó extraño hacerlo ahora que venía de disfrutar la primavera en su cuerpo, floreciendo por los rincones y dejando fruta jugosa por allá donde pasaban mis labios.

 

  Se quejó del color de sus ojos abrumada por mis azules iris y dediqué un rato a hablar del marrón de los suyos, pero viví con más éxtasis el blanco de su esclerótica cuando sus pupilas se enredaron en el falso cielo buscando la respuesta a qué había hecho ella para estar allí masticando su alma en cada improperio que resonaba en la caja que nos cobijaba. También me preguntó a mí qué estaba pasando, pero no tuve respuesta entonces y tampoco la tengo ahora.

  Debido a una lesión, paramos de mordernos las clavículas y acariciarnos hasta hacernos agua. Fue en ese entonces cuando, borracha de sueño, quedó varada en algún lugar y me recordó a la sirena que se acerca demasiado a la orilla y luego no puede volver. Sólo la imagen de su culo, ya adjetivado correctamente en el pasado, me sacó de la versión de mí que no puede parar de hacer bromas.

  Su fino olor desaparecerá de mi piel con el tiempo y su culo seguirá grabado en mis retinas. Me sugirió hacerle una foto para el recuerdo. Preferí escribirlo.

 

Miguel Ángel. 04/05/2025, Sevilla



jueves, 5 de junio de 2025

Tedio

  Enciendo el mechero tapando con la mano el flujo de viento que viene del ventilador. La punta de la chusta de hace dos días que estoy dispuesto a terminar se empapa de un líquido rojo y más allá de la punta de mi nariz comienza un festival incandescente. Suelto el mechero y apunto con el ventilador hacia el fondo de la habitación mientras dirijo mis exhalaciones a la ventana.

  A lo lejos creo distinguir un vecino que se relame viéndome. Todo tiene su público, pienso, mientras tiro la colilla que me acaba de quemar la garganta al llegar al cartón y me giro de nuevo a encarar el portátil con la insana pretensión de querer comprender de una vez el método de la esquina noroeste y su optimización.

 

  En el mundo hay mucha soledad, se me ocurre, con pena. También hay mucha compañía, pero la doy por sentada y mi cabeza dibuja de gris a los solos en este mundo de color. Están en sus despachos, en sus casas, en sus habitaciones o en sus nadas, sufriendo de un mal tan estúpido como es ser incapaces de sentir la inmensa compañía que ofrecen las ciudades modernas, donde medio millón de personas se juntan a vivir para no conocerse unos a otros.

  Pienso en las personas que yo conozco en esta y otras junglas. Recuerdo sus abrazos y me calientan un poco la tarde. Me siento agradecido y nostálgico.

 

  Hace ya mucho tiempo le di a mi móvil la posibilidad de entrar en un régimen de semidesbloqueo si pulsaba dos veces sobre la pantalla que creo que me produce un efecto estupefaciente y relajante. En las últimas semanas me he descubierto haciéndolo con la carcasa de la calculadora, confundiendo ambos artilugios por ser casi del mismo tamaño. Me devuelve un toque frío y el choque de las carcasas emite un sonido parecido al del teclado morse, como que me comunico con algo más allá con un par de sonidos secos.

  Acto seguido vuelvo al móvil y toco su suave superficie con gracia, desplegándose la hora y señales de humo pendientes.

  Sonrío, bloqueo, ¿por dónde íbamos?

 

Miguel Ángel. 30/05/2025, Sevilla