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jueves, 27 de noviembre de 2025

La teoría de Javi

  Oye, gracias por cogérmelo. Tenía ganas de hablar contigo.

  Como te iba diciendo, tía. Estábamos hablando y la cosa se puso sucia. Se me queman los ojos mirándola y le digo que me vuelve loco follármela. Me suelta que eso no sólo se lo digo a ella y le digo que no y que eso no lo hace menos cierto. Y ahí ya nos comimos jajaja.

Jajajaja qué cerdo eres.

  Y me ha dado que pensar, ¿sabes...? Osea, me dan ganas de preguntarle cuál es su grupo de música favorito y si sólo escucharía sus canciones, basada en las que ha compuesto, de ahora en adelante, por no faltarle el respeto.

  Y si coges flamenco te olvidas del rock, del hiphop, de la clásica o del jazz. Y coges canciones de otra gente en ese mismo estilo o en otros y es que te sale una sonrisa.

Total.

Pero no es lo mismo.

  Claro, las personas ofrecemos una experiencia impresionante. Podemos bailar juntos, saltar juntos, gritar juntos, llorar juntos, ver una peli juntos. Hay personas con las que no ves un partido de fútbol ni aunque te amenacen con un rifle y con esas te tomas el café que sabe a brisa de mar en verano con el azúcar de las nubes que te dan tregua de sol.

Qué bonito.

  Calla, que lo que digo…

Imbécil.

  Cuando conoces a alguien con quien te puedes devorar y quemarte en deseo mutuo, y también te puedes contar lo bueno que te pasó en el trabajo y le escuchas lo que le dijo el otro día Juanita, que es una perra del gimnasio. No sé, será que yo deseo mucho. Será que me quiero comer el mundo. No sé.

No, a ver, yo te entiendo, Javier. Pero no todos somos así. Yo prefiero más estar con una persona.

Es que no me apetece.

Tú has sido siempre más libre jajaja.

  El otro día iba en el coche y me acordé de una amiga.

¿Esta?

  No, otra. Y estaba llegando a casa. Y sonó una canción que nada tiene que ver con ella, pero fue la mezcla de todo que me sentí muy vivo y canté en el coche a grito y me emocioné.

Ojú, se te va jajaja.

  Tú sabes que no la tuve nunca muy bien fija al cuerpo. En fin, que déjame que prefiera la hoguera.

¿Qué hoguera, Javi? ¿La hoguera de sentimientos que arde si estoy a tu vera? Jajajaja.

  No, no sé, creo que soy un personaje referencial.

¿Qué?

  A veces, la gente cuando escribe mete a un personaje en la obra por hacer una referencia a alguien o algo. Yo podría ser ese personaje. Podría ser una referencia jajaja.

  No, ya en serio, ¿cómo te fue en el examen, Lucía?

No, personaje desde luego que eres. Pues mira…

 

 

Miguel Ángel. 25/06/2025, Sevilla



jueves, 20 de noviembre de 2025

Carrillada ibérica (2/2)

  A lo largo de mi vida adulta he buscado claves que me hiciesen más feliz. Claves que hiciesen mi experiencia más dichosa. Rara vez he encontrado códigos secretos que, de cumplirse, mejoren la existencia de manera automática, por no decir que nunca. Sin embargo, y sin que sirva como prescripción, encontré alegría en amar como si mi pecho fuese infinito. Nunca se lo he dicho a ella; mi abuela es mi fuente de inspiración. Quiero cocinarle a todo el mundo con el amor con el que cocina mi abuela y quiero que todo el mundo se sienta a mi lado tan a gusto como yo con ella. Quiero ser la llama a la que te acercas en invierno y el abrazo que te cobija en los malos tiempos. Quiero tener siempre una frase ingeniosa en la boca que cierra las discusiones con una carcajada que de la vuelta a todo y quiero, sobre todo, ser humilde en mis propósitos.

 

 

 

  Por eso, cuando ella me pide un café por el móvil mientras está ocupada, yo no respondo. Y cuando ella me manda una imagen simbolizando que está triste porque yo no he respondido mientras caliento su taza sonrío pensando en la emoción que le va a hacer verme entrar por la puerta. Pero nada en mi imaginación es comparable a la imagen de sus ojos llenos de alegría y de cariño cuando da el primer sorbo y me dice te quiero con los ojos casi en blanco. Ahí yo siento una ternura que me recuerda a los domingos con mi abuela comiendo carrillada. Ahí siento que cumplo.

  Y me lanza un beso, y desaparezco por la puerta como los actores mediocres de la escena. Y vengo aquí a escribirlo antes de que lo olvide. Antes de que se queme ese recuerdo en los miles de otros recuerdos que me bombardean hasta que olvido la esencia; hasta que olvido que vivo por algunos de esos recuerdos que escapan a ser fijados porque estoy demasiado pendiente a sobrevivir a los que vienen.

 

Miguel Ángel. 27/11/2024, Sevilla



jueves, 13 de noviembre de 2025

Carrillada ibérica (1/2)

  En octubre de 2015 metí maletas en una cinta transportadora y fueron escupidas en un aeropuerto en Reino Unido donde, tras casi una hora de autobús comenzaría una aventura que duraría casi diez años y recorrería unos cuantos lugares en mi búsqueda de una vida agradable.

 

  Atrás dejé la costumbre de ir a comer los domingos con mi familia que, a veces, pretendía saltarme durante mi adolescencia. Atrás dejé ver a mis tíos, mis primos, mis padres, mi hermana y mi abuela bajo el mismo techo de manera recurrente.

 

  En lo que duró mi aventura, el tiempo no se congeló en la ciudad donde los domingos se reunían y, poco a poco, se le fueron cayendo pedazos a las fotos en las que salíamos todos sonriendo.

  Para cuando empecé a pensar en volver, los domingos ya eran sólo domingos en esta parte del mundo, y cualquier atisbo de reunión especial quedaba sólo para los adictos a la nostalgia.

  Un día pensé que, al ritmo al que estaba viendo a mi abuela, me quedarían, como mucho, unos pocos días más de vida con ella a mi lado y no estuve dispuesto a rascarle otra cara más a mis fotos sin que estuviesen guardado a fuego en mi piel sus abrazos, su risa, su eterna memoria o su comida.

  Sí, su comida, que tiene la magia de la protagonista de una novela de Laura Esquivel. Sus espinacas son capaces de revivirme, sus guisos me devuelven la sonrisa en los días en los que más frunzo el ceño y su forma de disponer la mesa como si fuese un banquete, aunque seamos tres siempre me ha traído esa sensación de estar en casa y que nadie sobre, ni el taxista, pero esa es otra historia.


(Continuará)



jueves, 6 de noviembre de 2025

GEA Joe (2/2)

  Un rato antes envío un whatsapp a mi coordinadora. No estoy para trabajar. Me responde a la media hora. “AVISA.” “Lo estoy haciendo ahora.” “Llama al supervisor de guardia.” “Dame su número, por favor.” Debería entrar en menos de diez minutos. Llamo al supervisor. Una voz grave me da los buenos días. “Le llamo porque trabajo en tal sitio y no voy a poder ir.” “Pero hijo, ¡para esto se llama antes!” “Me han dado el número hace diez segundos. Lo siento mucho.” “No pasa nada, que te mejores. Has dicho que trabajas en tal sitio, ¿verdad?” “Verdad.”

 

  Unas horas antes, en buena compañía, sostenía una croqueta con la mano. Ella se reía. “Si empiezas a comer ahora, en hora y media deberías necesitar el baño.” No si puedo hacerlo antes, pensé. La croqueta me vio ir tres veces a despedirme de ella y otros amigos en lo que me la comía. Estaba buena. Una pena.

 

  No soy un buen enfermo.

 

  Mi doctora se apiada de mí. La última vez me trató peor. Supongo que revisar a alguien sano le inspira menos ternura que ver a alguien torcido, rozado por la molestia. “Muy bien, muy bien. También vas a tomar suero.” “Estoy tomando bastante agua e infusiones.” “Lo tienes en la tarjeta. No te obligo a tomártelo, pero es lo ideal.” “De acuerdo.”

 

  En la farmacia una mujer se aburre de esperar y paga veinte céntimos para medirse y pesarse. 1,69, 102 kilos. Después va a un estante con perfumes y pregunta por algunos que no están ya. Evidentemente, pasa demasiado tiempo en la farmacia. Al menos, el suficiente para conocer la vida y obra de los perfumes que en esa estantería hacen guardia.

  La farmacéutica es una mujer entre cuarenta y cincuenta con un pelo rojizo artificial y un peinado chulo. Me atrae. Habla de sus hijos con otra clienta. Soy un despojo, no estoy para romper familias ahora mismo. Creo que jamás lo estuve. Disculpen las familias que haya podido romper. Ahora que lo digo, recuerdo una vez…pero eso es otra historia.

 

Miguel Ángel. 11/09/25, Sevilla