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jueves, 28 de diciembre de 2023

Relaciones diplomáticas

Yo te miro y me entran ganas. No se me quita de la cabeza la posibilidad de hacerlo, y no entiendo por qué lo prohíben. Después de todo, no encuentro la posibilidad aún de dejar de ser ciudadano de algún lugar, no vaya a ser que me caiga de alguna clasificación.

Viéndome obligado a ser siervo, uno se plantea dónde doblaría la rodilla con más sinceridad. Es entonces cuando me planteo cómo sería:

 

Cantarte un himno entero o abrir una embajada en tu cadera. Ser propagandista de tu risa o escrachar tus malos días. Demagogo en cada cena y cronista de tus canas.

Quiero sentir el mundo entero, votarte con los pies, inmigrarte hasta la médula y que te cobres mi bruto producto interior en besos impuestos.

Que se reanuden las relaciones diplomáticas entre tu lengua y la mía y que cada peca tuya esté censada en mi administración, que todos mis centímetros te presenten el DNI o que te pintemos banderas con las sábanas los domingos por la tarde.

 

Que me des un mitin desde arriba convenciéndome de invertir en tus costillas, que me subas el presupuesto en defensa con abrazos o que aceptes sobres con cartas como soborno.

Que se sindicalice el cariño y exija subidas salariales armándome piquetes en la puerta, que aumente la productividad en la cama un trescientos por cien y que no haya paro bajo el pericardio.

Que no seamos pobres de espíritu, que nos corroa la libertad de tener que responsabilizarnos de hacer las cosas bien.

 

Qué bonito sería si pudiese ser súbdito en tu estado o rebelde en cualquier otro, cantándote alabanzas y brindando siempre a tu salud. Qué bonito sería tener el carné de tu carcajada y asociarme con tus manos para cuidar tu silueta. Qué bonito sería si mi único estado, de materia y de adscripción, fueses tú.

 

Miguel Ángel. 19/12/2023, Sevilla



jueves, 21 de diciembre de 2023

Dioses y mamadas (Ganadora del I CERTAMEN NACIONAL DE MICRORRELATOS ESPAI JOVE "METAMORFOSIS")

En algún lugar del mundo, un joven escala una montaña o pelea con un león. En algún lugar del mundo, alguien sube a una patera o vende melones. En algún lugar del mundo, una joven quita el seguro de su pistola y apunta a la nuca de un turista gordo. En algún lugar del mundo, ahora mismo, la juventud se escapa en un rito de madurez y de una crisálida con la manga llena de mocos nace un adulto (dis)funcional, con sus pagos a Hacienda y sus “es la primera vez que me siento en todo el día”.

¿Qué es la juventud? ¿Por qué se pierde? ¿Se pierde o se abandona? ¿Es algo que pasa en un segundo o que, como el pelo, muta segundo a segundo? ¿Se es joven por montar un monopatín? ¿Se deja de serlo cuando tu nombre está asociado a una hipoteca?

Chilly Gonzales menciona en una canción suya que ve la cara de Dios en una mamada y la verdad en Eric Cartman. Yo no veo demasiado, se me ha tenido que meter algo en los ojos.

El futuro parece una nube de polvo negro que se mete en los pulmones y quema. El futuro es una bola de cristal a punto de romperse en el suelo. El futuro está escrito con tinta invisible y sangre.

No hay un oasis a lo lejos, todo es desierto. La arena que abraza nuestros pies se arremolina y entra en los nervios ópticos. Se pierde a Dios en la mamada. Se pierde la verdad de Eric Theodore Cartman. Se pierden como el agua en el torbellino que forma el wc.

La orina salpica y forma hermosos paisajes en su pantalón. Embriagado, va en zigzag como si el mundo girase, pero parece que paró hace tiempo. Embriagarse parece la única forma de hacer que vuelva a girar.

Fentanilo como plaga. Chinches como plaga. Guerras como plaga. Parece que ahora todo es una infección. Será interesante encontrar una cura para esta desidia. Ya ni una muerte eriza un pelo. Vídeos snuff corren más que Usain Bolt por canales más oscuros que el alma de un tiktoker. No quedan lianas. No queda otra moneda. Last coin, última partida.

Eternos niños. En un paréntesis de cuidados y desesperanza. Ahí se mecen. Como los elefantes en una tela de araña. Y parece que cabe otro más. Parece que no se va a romper. Parece que aguanta. ¿Por qué no traemos a otro?

Una generación perdida, enterrada por la que vino antes y amenizada por la que viene después, que sobre su tumba bailotea, aún con la arena caliente, recién removida.

Los cuervos que sacan ojos están hoy en huelga. Vendrán mañana. Hoy sólo quedan buitres que destrozan hígados. Alguien se traga un trankimazin y el mundo le brilla. Su cuerpo no funciona. Su mente vuela. Volverá a tragarlo mañana. Puede que varios. De alguna manera habrá que devolverle la luz a toda esta sombra.


Miguel Ángel. 25/10/2023, Sevilla



jueves, 14 de diciembre de 2023

Piquito de oro

Me han dicho que he ganado un certamen literario y el cielo se me ha caído encima. Creo que voy a vomitar.

 

Hace muchos años, Hiniesta me dijo que tenía un piquito de oro. Tendríamos unos diez años y pasó, por aquel entonces, sin pena ni gloria. Yo siempre me he visto unos labios más bien carnositos, tirando a lo opuesto en textura de lo que se podría esperar de un metal noble. No es que fuese extremadamente callejero yo, lo que quiero decir es que no era precisamente palaciego un piso en el que difícilmente da el sol.

 

Desde no hace mucho creo que las palabras tienen poderes y que seleccionarlas cuidadosamente es la única responsabilidad que tiene un iniciado en sus tretas. Si no las eliges con precisión pueden llegar a causar tsunamis en otra parte del mundo cuando tienen la potencia, elasticidad, dureza y terciopelo requeridas.

 

Hoy no quepo en mí. Mi alma bota y rebota entre las celdas de marfil que la contienen. En uno de sus retumbes me vibra el corazón y en el otro se me vacía un pulmón.

 

¿Y si he aprendido, finalmente, algo de magia? Me imagino curando la tristeza, curando el aburrimiento, curando la soledad, curando la espera, el llanto y la manía. ¿Y si desde aquí puedo disparar a matar a un monstruo? Qué cómodo sería que Hiniesta me sentenciase a seguir teniendo un pico de oro, o al menos, a creerlo. Qué dulce sería creer que no les regalo alquitrán.

Y del alquitrán salen flores. Y las huelen.

Y a mí ahora, el alquitrán me revela cierto encanto. A lo mejor no era tanto el chapapote como el camino que construye al secarse entre tú y yo.

Lo mismo sirve para algo y dejo de gritar aquí solo.

Quizás pueda hablar así conmigo mismo. Quizás lo puedas hacer tú.

 

 

 

 

¿Un piquito?

Miguel Ángel. 12/12/23, Sevilla



jueves, 7 de diciembre de 2023

Inma quiere su entrada

Inma cree que salir aquí es sinónimo de estrellato o de gloria. Como si ser zarandeado en una cruz frente a Belén fuera el camino del mártir que lleva a la Biblia. Esto no es más que un paseo por los dedos de alguien a quien le dieron pensamientos más rápidos que su lengua y sentimientos más ocultos que sus lunares.

Cuando se acumulan las voces no dichas y las que se dijeron mientras se derramaba sangre sobre un asfalto, puede que, sobre un paso de cebra, florezca ahí, entre las grietas del alquitrán, un pétalo y corra el polen a nado a tirarse a volar y lo enganche una abeja y llegue, de suerte, a una gasolinera, donde alguien reposte para huir, y se lleve el tajo de la fruta que crece molida en mis entrañas. Y lo mismo tiene que combatir con el humo a ver quién es más negro. Lo mismo le ponen buena música. Lo mismo escucha un podcast. Lo mismo van en silencio.

 

Y los nombres vienen y van, el recuerdo se agarra a ellos como si eso impidiese que las caras se borren con una goma de color sepia. Los peinados, los pantalones. A veces Tuenti me tiene que recordar quién fui porque me vuelvo un dibujo animado en mi memoria. Y aquí quedan, fotograma a fotograma, todas esas desdichas que soy incapaz de recordar si no nacen de mis dedos, presionando con una sensualidad que no me regala la masturbación, en un torbellino que arranca la miasma que mi garganta acapara, como si algún día se fuese a acabar y tuviésemos que hacer acopio.

 

Algún día, Inma, puede que leas esta entrada. Lo más probable es que no. Y algún día, también, se nos caigan el culo, las bolsas de los ojos y, algún otro día, hasta los pies en una urna. Algún día, Belén cerrará las puertas y quien venga sólo podrá ver todo lo crucificado frente a la entrada. Algún día, de toda la ciudad, sólo quedará el recuerdo de todos los pecados que se purgaron de camino a ella, para no olvidar. Un camino para no olvidar. Qué bonito sería que así de fácil no se volviese uno a colocar clavos en la mano.

 

Miguel Ángel. 09/11/2023, Sevilla



jueves, 30 de noviembre de 2023

Hazme un favor

Mi amiga Marina da clases de yoga. La cosa va, poco a poco, a mejor. Con motivo del inicio de su nuevo curso, consiguió que un colega fuera a hacer fotos y, como está muy de moda la paridad, me invitó a que figurase y, de paso, apoyase la causa.

Como soy muy fiel a mi palabra, cierto miércoles por la mañana correteaba por Sevilla buscando la calle. Quiso el azar que existiesen dos centros de igual nombre en dos calles cuya diferencia consistía en una l, cambiando un fonema [l] por uno [ll]. Ya estoy aquí, mandé al llegar, unos 5 minutos antes. Whatsapp, a veces, me hace este tipo de embrujos por los que, sólo cuando ya es tarde, llegan muchísimos mensajes atrasados. Los de mi amiga Marina, con la dirección real, fueron uno de la larga lista de previas sacudidas a mi urgencia. Cogí mi casco, monté mi moto y fui corriendo a la calle correcta.

Allí, llegué a un edificio de aspecto desaliñado y poco mantenido, completamente en silencio, sin nadie que poblase sus múltiples recovecos. Mis instrucciones eran simples; al fondo, escalera arriba, sala. Sin embargo, la localización ofrecía complicaciones que no mencionaban esta lista de comandos. Finalmente, dentro de un taller donde no sé muy bien qué se hacía, alguien risueño y con barba me llevó hasta mi destino. Allí, me cambié y entré en una sala donde ya había comenzado todo. Sólo me quedó sitio en el frente así que ahí me puse.

Me introduje en el flujo de posturas desde ese momento y me dejé llevar, manteniendo mis ojos cerrados la mayoría del tiempo y la respiración consciente y relajada. Disfruté cada uno de los desafíos y, finalmente entramos en shavasanna, “la postura del hombre muerto” o de “rendición”, como le gusta decir a mi amiga. Mientras me centraba en mi mantra, de repente, una agradable bolsa con un fresco aroma a menta se instaló sobre mis párpados. Mentiría si dijese que no me parecieron testículos de la Al-Andalus pudiente, pero sabiendo que me encontraba en tan augusto espacio me pareció poco probable. Después supe que era una simple pero muy relajante y mística bolsita aromática.

Días antes, preparándome para ese día, Marina me dijo “recuerda que tienes que sonreír”. Me costó no hacerlo, más bien.

 

Tras esto, con más calma, fuimos todos a desayunar y alguien me preguntó, ya que era un pequeño grupo donde todos se conocían, de qué conocía yo a mi amiga. Les explicamos que trabajábamos juntos en Barcelona. Sin embargo, alguien se me quedó mirando, como insatisfecha por la explicación que acabábamos de dar. Sin mucha dilación, se aventuró:

- ¿Tú vas mucho a la hermandad?

La pregunta me pareció digna de ofrecerme una secta y, durante un par de segundos entré en un estado de alta confusión, sin embargo, una vez pronunciada esa frase y mis ojos escudriñar su rostro lo supe.

- ¿Eres Blanca? ¡Blanca con la que brindamos, no ha mucho tiempo, tres vándalos!

- ¡Sí! Normalmente no puedo brindar, pero lo que pasó aquella noche…


Miguel Ángel. 15/11/2023, Sevilla




jueves, 23 de noviembre de 2023

God's got evil plans (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/11/gods-got-evil-plans.html)


STRIKE DOS

 

Pobre Romero. Entiendo que a Rivers le cueste empatizar ahora con los seres queridos del otro, estará pensando en los suyos propios. Desde ese montículo tiene que verse poco sobre el resto y mucho sobre uno; mucho de tanto que perder y tan pequeña la canasta en la que asomar un poco de suerte y escuchar a lo lejos un pitido que te confirme que sí, que hoy te ha tocado a ti.

Y, mientras tanto, Romero. Pobre Romero. Seguro que le tiemblan las manos. Tiene que pesar tanto ese palo. He estado ahí, créeme. Cuando el mundo entero parece subido a tus hombros y todas las decisiones, todos los actos, todas las palabras, parecen trascendentales. Cuando el aire es de una textura áspera. Creo que todos hemos pasado por ahí, cuando la garganta sufre la lija y no quedan más sedosas las palabras, se vuelven espinosas, y escuecen de las cuerdas vocales hasta el recuerdo.

En algún momento, todo se resume a poner en práctica todo lo que sabes sobre devolverle las bolas al destino, que las lanza a matar. Tú disparas con tu bate en base a todas las veces que has golpeado, con todo lo aprendido, con todo lo madurado. Y hay partidos en los que juegas ligas. Hay bolas que valen su hueso en oro.

Así que juegas, porque tampoco es que la pelota vaya a dejar de venir hacia ti. Tampoco es que el strike se vaya a evitar si tú permaneces quieto. Imagínense entre las vías del tren, pudiendo saltar, pudiendo andar, pudiendo darle a la palanca, pudiendo correr hacia la máquina mientras se grita de alegría al son del chirriar del metal junto a la bocina pidiéndote salir, y no haciendo nada.

Y le das con todo lo que tienes dentro, y cuando acabas de batear ni siquiera sabes con certeza si le has dado correctamente si no estás acostumbrado a hacerlo. A veces, tienes que verlo desde fuera, como desde esta grada, y saber si, al final, le diste o has quedado fuera.

 

Es curioso pensar eso en estos momentos…Ahora, silencio, Rivers va a lanzar.

 

Miguel Ángel. 12/10/2023, Sevilla


jueves, 16 de noviembre de 2023

God's got evil plans

Trae una fruta y trae lombriz. Trae una nena y trae cicatriz. Me trae la alegría y le borra el carmín.

 

-Ha habido mucha tensión en el partido, pero nada como este lanzamiento que va a recibir Polanski y que determinará el futuro de su equipo. Va a lanzársela Rivers que lleva una temporada fantástica en la que se ha llevado muchas victorias al vestuario. Se habla de él para un fichaje de los Unions el año que viene y tiene mucho que demostrar. Es en partidos como este cuando se la juega.

-Definitivamente, Romero, estamos ante un verdadero evento atlético que sin duda demuestra el poder de este deporte que amamos con locura.

-¡Disfrutamos este juego! Éste es el altar al que nos gusta rezar. ¡Parece que se resuelve la disputa y se da comienzo al lanzamiento! ¡Qué locura!

-¡El árbitro da la señal! Va a lanzar Rivers. ¡Rivers se prepara! Mira al cielo y cierra los ojos. ¡Rivers se sitúa! ¡Rivers lanza!

 

¿Saben? La vida se parece, en muchas ocasiones, a un partido de béisbol. Evidentemente, desde mi corta entendedera. Tampoco he asistido a muchos y, casi todos, en mi mente. Hoy presencio este desde la grada.

 

STRIKE UNO

 

Y es que hay momentos en los que se acerca un barco pirata y su bandera es roja y ondea con una sensualidad que te hace fijar los ojos al telescopio. Pero igual, cuando llegue, va a sonar la mecha de un cañón. Perdido estás si pretendes sobrevivir al amasijo de astillas que quedarán, flotantes, fluyentes, decadentes, macerándose en el mar. Y tú, con tu ropa mojada, otra vez, maldiciendo tu suerte y tu instinto navegante. Como si no siguieses las nubes tormentosas sólo por tener la piel erizada.

Navegar y el béisbol son tormentas de la vida. En ambos, cazamos sueños en mares inciertos y estadios desolados. Rivers va a lanzar.



Miguel Ángel. 11/08/2023, Sevilla


jueves, 9 de noviembre de 2023

Tres vándalos

Tres vándalos marchaban por la calle, implacables, buscando saciar su sed de risa. De bar en bar, dejándose las suelas por una carcajada financiada a plazos de cerveza o una lágrima incómoda que se aleje en la zona externa de sus párpados mientras se les elevan las comisuras al cielo.

El hambre les arrastró a un restaurante. Uno de los vándalos se acercó a la barra, donde un camarero atendió sus peticiones.

-No tenemos mesa ahora mismo.

-¿Podríamos comer en aquella barra?

-Me temo que es imposible.

-¿A qué hora tienen hueco?

-A las once podremos atenderles.

Aún eran las nueve de la noche y el hambre les apretaba de haber conquistado tanto. Decidieron alojarse bajo otras, culinarias, faldas. Marcharon un poco más y dieron con sus huesos en taburetes en una bodega repleta de monstruos.

Un dueño que ya les conocía se acercó. Rieron sin poder compartir una cerveza porque los monstruos estaban sedientos. Pidieron queso, un tomate relleno, carne mechada y chicharrones de Cádiz. Sólo llegó el tomate.

Un rato después, el dueño volvió con cierto desparpajo a revelar un “error de cocina” traspapelando lo que él jamás apuntó. Hay formas de decirle a tu familia que tu abuelo se acaba de morir. Él sabría decirlo. Se contentaron esperando de nuevo con otra bebida.

Al fin llegó el resto y fueron conscientes de que, si bien ya no estaban hambrientos como perros, necesitarían algo más elaborado para recomponerse de una larga jornada de apropiaciones.

Volvieron al restaurante de antes. Eran las once ahora. No habían reservado. Hubo suerte.

-Tenemos estas cosas fuera de carta.

-Ponga de todo.

Se le dibujó una sonrisa a la camarera. Los vándalos se crecieron.

Unos cuantos chistes, lagrimitas de salmón y chupitos de sake después llegó la hora de pagar.

-Necesitamos saber cómo te llamas.

-Me llamo Blanca.

-Blanca, brinda con nosotros. Brinda por la alegría. – La currante oteó el horizonte. Su jefe salía apresurado del local.

-Tengo un momento, ¡vamos a brindar!

Cogieron todos sus vasos de chupito de licor de cereza. Todos rieron una última vez. Todos bebieron.

Si ellos mismos supiesen…

Miguel Ángel. 21/09/2023, Sevilla



jueves, 2 de noviembre de 2023

No me apetece

Por querer hacer las cosas rápido y bien las acabé haciendo lentas y mal. Acabé con toda la plata negra y la sonrisa inflamada a tenor de una muela del juicio, muy juiciosa ella.

Ahora se acerca el fin de semana, después de una semana de trabajo y de idas y venidas, y me toca descansar. Apagar focos, esconderme tras un telón y esperar a que vuelva el movimiento un lunes mientras me lamo las numerosas heridas que mi cuerpo ha decidido lucir estos días.

 

Y no me apetece. Me apetece correr, saltar, gritar, cantar, bailar, jugar, dormirme extenuado a las tantas y beber y fumar y, en todo esto, aunque redunde, no parar de bailar. Y decido parar, coger un heladito y meterle ibuprofenos y lamerlo hasta que me sepa la boca a empresa farmacéutica decadente. Y no me apetece.

 

El tiempo corre y me va dando fines de semana para que corra yo también y ahora, de tanto correr, tengo las rodillas solladitas de cada caída y los brazos quemados del sol y me pide que, después de tanto impulso, me pare. Y no me apetece.

 

Y da igual cuánto te apetezca, te quedan sopitas de pollo de sobre, cuadernos a la mitad, música depresivosiniestra y la ventana susurrándote todo lo que te pierdes por parar.

 

Parar no es divertido. Divertido es demacrarse en el espectáculo en vivo que puedo ofrecer cada fin de semana. Divertido es que un pintalabios me desdibuje una sonrisa en la terraza del corte inglés del Duque o que me recojan para salir a comer algo y termine acostándome tarde. No me apetece reposarme. No me gusta decantarme. Me gustan mis partículas botando en cada pared del vaso que las contiene, dibujando sombras en el cristal en el que se proyecta la luz que me atraviesa cuando unos focos morenos me alumbran.

 

A ver si me atropellan unas caderas y me repongo de aquí a mañana porque, de verdad, no me apetece morirme solo para resucitar un lunes, con sus madrugones y sus horarios. No me apetece.

 

Miguel Ángel. 13/07/2023, Sevilla



jueves, 26 de octubre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Cuarta parte)

(Tercera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)

Unas semanas después, agosto irrumpió en nuestras vidas con aires de más de cuarenta grados.

No se equivoquen, amo y echaba de menos las altas temperaturas. Me muevo bien en la hipotensión y salir a la calle sólo de madrugada, cuando la buena gente puebla las calles justo antes de pisar las trenas.

Sin embargo, una amiga vino a casa a comer trufas mágicas, y aunque esa es otra historia, ella era incapaz de disfrutar, como yo, de las bondades de una buena ebullición a nivel celular. Fue entonces cuando pidió, jadeante, no por las razones más poéticas, que encendiese el aire acondicionado.

Unos quince minutos después, aún seguíamos ardiendo y el pasillo que había al otro lado de una puerta cerrada parecía más frío que nuestro pequeño iglú donde pretendíamos fundar Nueva Siberia.

Llegamos a la conclusión de que el aire acondicionado no funcionaba demasiado bien y cambiamos los aires por ventiladores mientras esperábamos el martillazo de algún dios.

 

Unos días más tarde pude hablar con mi madre sobre el tema. Ella me dijo que el aire acondicionado funcionaba perfectamente. Le pedí que lo probase mientras le hacía bromas. Efectivamente, el aire no funcionó, pero tardó unas cuatro visitas mías a por agua en aceptarlo. Entonces, con la mano metida en una máquina que, supongo, le lee el futuro mientras le seca las uñas, me comentó, desinteresada, “tendré que llamar a este hombre para que se pase, ya en Septiembre” le pregunté cuánto le había cobrado. Fueron cincuenta euros.

 

 

Maldito macrogloso, yo confiaba en ti.

 

Miguel Ángel. 22/08/2023, Sevilla



jueves, 19 de octubre de 2023

Rocío no sale los viernes

Se me aturulla un pensamiento en la garganta y por mucho que lo quiera vomitar siento como si una bandada de pájaros hubiese querido asentarse en el interior de mi cuello. De cada una de las cuchilladas noto como usan mis cuerdas vocales para crear sus nidos y mi voz se pierde, como se pierden las horquillas, las gomillas y la vergüenza, en el eco de un eterno silencio que resuena como el chillido de un niño. Agudo. Gutural. Dehiscente.

 

El torrente de estímulo sigue hasta que sale todo el agua y queda sólo un pueblo inundado, una viuda llorando y el recuerdo de una vida feliz antes de que abriesen las compuertas. En este mundo me sobra la sinceridad impostada, también echo de más tener conversaciones de ascensor, hablar por matar al silencio como si fuese un enemigo o que me abran caminos que no van a ninguna parte, sólo por el hecho de andar, sabiéndolo desde el comienzo.

 

Como decía, de repente, el silencio. El silencio atronador, el silencio ensordecedor, el silencio corpóreo. De repente, hablamos con pasos porque las palabras se volvieron asfixiantes. Ninguno perdió la sonrisa por no revelarle al otro que uno la había cagado y el otro se estaba ahogando, por no parar la fiesta y porque hablar de lo que se siente a veces es más de lo que se espera de hablar.

 

Hace años decidí, no sé si sabia o estúpidamente, que mis sentimientos no eran un tema interesante. Los fui aparcando en papeles en blanco para que pudiesen salir cuando alguien los quisiese reanimar y no cuando me revientan el pecho con un ariete, dispuestos a salir en forma de raíces y acaparar todo el cuerpito que los acompaña con hojas, savia, pétalos, estambres y pistilos.

 

Rocío no sale los viernes. Al menos, algunos viernes. A veces, es mejor quedarse en casa que salir a pasárselo bien en una cuneta. Con dos disparos.

 

Miguel Ángel. 10/10/2023, Sevilla



jueves, 12 de octubre de 2023

El misterio y sus pellizcos

Yo quiero decir que me gusta estar así, pero no quiero. Si no quiero, ¿para qué lo hago? Pues porque se me antoja única la posibilidad de encontrarme con mi némesis. Conmigo mismo.

Único, particular, en los márgenes. Así me veía yo. Ahora veo que la anilla que me conecta al cuaderno que es la vida pasa por el margen de debajo, y allí se ve una cintura vestida con falda larga.

 

Y yo quería ser yo contra el mundo. Yo quería ser Nietzsche rechazado o Baudelaire con su judía, bizca y calva.

 

Sin embargo, allí, tumbados en el sofá, en ropa interior, intentábamos que ningún átomo cupiese entre su cuerpo y mi vientre. Los muelles que lanzan la sangre desde el centro de mi pecho estaban oxidándose sólo de verse en el futuro aún pegados y disfrutando la sonrisa que se me dibujaba en el córner del ojo, a la altura de su boca.

 

¿A qué escritor no le parecería interesante la propuesta consistente en saltar, sin mirar, a una piscina llena de jeringas conectadas a agujas que chupan la tinta del alma inquieta y estúpida de poeta que no sabe rimar? Yo qué sé, seguramente me vine arriba pensando que sabía darle giros de guion a mis entradas, que tenía dominada la técnica, que era un dios para los actores que correteaban entre mis líneas, y vino el destino a explicarme los trucos que no me sabía en forma de viernes en el blog.

 

«Hay un invencible gusto por la prostitución en el corazón del hombre, del cual procede su miedo a la soledad. Quiere ser “dos”. Pero el genio quiere ser “uno” …Es este temor a la soledad, la necesidad de perderse a uno mismo en la carne externa, lo que el hombre noblemente llama “la necesidad de amar”.»

Charles Baudelaire

 

Miguel Ángel. 01/10/2023, Sevilla



jueves, 5 de octubre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Tercera parte)

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_0655200506.html)

-¿Dónde eztán loz aidez?

-Tiene uno al fondo y otro aquí.

-Ah, pedfecto.

 

El hombrezuelo se puso a trabajar sobre aquella faena para, al poco, interrumpir a Brahms para preguntarme dónde estaba la caja esa que sale de las fachadas y arroja infierno para entregar cielo en los hogares. Era inaccesible. Quedó conforme. Volví a estudiar. Volvió a interrumpirlo con el motivo de preguntarme qué le pasaba al aire del fondo. Yo lo ignoraba. Llamé a mi madre. Repetí, en voz alta, todas sus frases. “Si está bien que no lo toque”.

Se dirigió al otro aire, que sí tenía su defecto, aparentemente. Volvió a preguntarme por la caja. Hace muchos años, en mi casa se hicieron obras para quitar una terraza y que se la tragase el salón. El lateral de la terraza no era demasiado grande, pero a alguien le pareció una maravillosa idea dejar una ventana en ese mismo espacio, que ahora cumplía las funciones de la mejor aspillera medieval. El único punto de acceso a la caja. Inaccesible para cualquier persona que no esté diseñada en 2D.

-Hoy no poddé addegladla. Tenddé que id a pod un [Aquí insertó mucha jerga técnica que no entendí, usando muchas palabras a las que me costó no contestar con un “esto es broma, ¿no?”] y entonces vendddé con una ezcaleda y le pondddé la nueva.

 

Me despedí de él en la puerta habiendo asistido a un espectáculo técnico algo humorístico y le estreché la mano y le toqué el hombro. El tío estaba realmente fuerte. Pensé en lo que me había costado no reírme en su presencia y el respeto que había desarrollado por él en tan poco tiempo; no sería el mejor orador, pero el tío sabía de lo suyo. Era un buen técnico de aires que seguro que repartía alegría por toda Sevilla en verano, mucho más que yo con mis agujas. Mientras contaba la historia en un audio de whatsapp le vi pasear por la calle mirando la caja y supe que el pavo era un profesional. Me sentí orgulloso de haberme topado con él.

 

(Cuarta parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_26.html)

Miguel Ángel. 22/07/2023, Sevilla



jueves, 28 de septiembre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)

Cuando se fue me preparé un porro y disfruté de mi cabeza y sus dragones, duendes y brujas un ratito justo antes de echarme una siesta mientras Schubert me dedicaba el Ave María desde un altavoz al otro lado y mi sonrisa de grapa relucía bajo el poco sol que entraba por la ventana, abierta de par en par, en Julio, en Sevilla. Reptil. Eso.

En algún momento, después de haber reparado en las noticias del día y haberme entretenido lo suficiente, comencé a estudiar sobre las seis. El hombre no llegaba. Su ausencia no generaba ningún problema porque me acompañaban los subgrupos hamiltonianos en esta espera.

Sobre las siete llegó y llamó al porterillo. Acudí raudo pero calmado (a los perros les va bien, queridos aprendices de César Millán) al llamado de emergencia y abrí tras confirmar que no volvían a ser testigos de Jehová. No podía lidiar ahora mismo con testigos de Jehová. Mi hospitalidad me hubiese obligado a hacerles café y charlar y tenía que seguir estudiando.

 

Subió un hombrezuelo al que sacaba una cabeza, con gafas redondas de culo de botella, de cierto color sepia (quizás debido a la suciedad) y ojos agrandados por la refracción y sus efectos. Le pedí que entrase y comenzó mi calvario.

-Hola, venía a devizad loz aidez acondicionadoz. –Comenzó sin prepararme– Zoy el del aide. –repitió para ponérmelo más complicado.

Pensé que no podía ser posible y respondí: Sí, por favor, pase –intentando no activar mi camaleónico acento.


Automáticamente lo supe. Este hombre iba a ser una entrada.

(Tercera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)



jueves, 21 de septiembre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado

Llegué a casa más tarde de lo habitual. Me tocaba hacer guardia un ratito. En realidad, no, al menos, no la semana anterior. Alguien se quejó (aparentemente, y según me dijo esa misma persona sin que yo preguntase, fue con razón) y justos y pecadores fueron insertados en un grupo de castigados, el grupo al que yo pertenecía hoy. Cuando llevaba media hora de castigo, el jefesito local echó a volar su mano hacia la puerta y me dijo “Migue, vete, no pintas nada, está todo bien”. En un principio rechacé la oferta, pero, al repetirla tres veces, me olí las axilas discretamente y, al detectar que no era ese el problema, decidí aprovechar la oportunidad sin cuestionármela mucho más, corriendo hacia la moto y, de paso, a casa, donde mi madre esperaba terminando de comer.

En principio no teníamos que vernos hoy hasta la noche, pero allí estaba ella, dispuesta a prepararme para un acontecimiento planetario:

-Esta tarde vendrá un señor a reparar los aires acondicionados.

-¿Estaban estropeados? –aquí creo que se intuye mi falta de cariño por estos aparatos. Prefiero los ventiladores. Adoro “la calor”. Algunos amigos me llaman reptil. Poco creo que tenga que ver con este hecho, pero sacarlo a colación ahora parecía un momento dorado para no tenerlo que explicar más adelante. Me duele la garganta cuando los uso. Me gusta el aire sin acondicionar, como el pelo, en general, creo.

-Llevan un tiempo fastidiados.

-¿Sobre qué hora vendrá? –Denotando una agenda repleta que sólo contenía leer un rato, estudiar otro y hacer yoga justo antes de prepararnos la cena y dormir para estar listo para un siguiente día.

-Sobre las cinco.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_0655200506.html)



jueves, 14 de septiembre de 2023

Enjoy the fishes (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/enjoy-fishes.html)

Perdió el trabajo por estos pescados, aparentemente, pero esa es otra historia. Recuerdo el tiempo con ella en Tenerife como una suerte de periodo de gracia que te da la vida para saber apreciarla a ella y a sus gentes. Nuestra historia entera, como mencionaba, es, y espero que me permitan la redundancia, otra historia. También lo es la de unos jinetes que cabalgaron la isla para hacerme saber que tenía que vivir en ella.

 

Por supuesto, lo primero que hice fue comer pescado. ¿Qué otra cosa podía hacer? Di muchos abrazos, y luego comí pescado.

 

Por otra parte, una vez escuché que en la vida hay dos claves; correr y leer. Leer porque es improbable que el problema que tienes no lo haya tenido alguien antes y haya escrito cómo lo solucionó. Correr porque ayuda a enfrentarse a esa vocecita en tu cabeza que te pide que pares.

Si eso es así, yo no corro, pero escribo, por ello:

 

A la persona que dio lugar a toda esta entrada no le puedo hablar. Ni siquiera le pongo cara. Pero siento que su tez es la del sufrimiento que todos hemos sentido, antes o después. También yo he llorado y me gustaría que estas palabras estuviesen aquí porque, aunque yo ya me las sé, temo olvidarlas.

El tiempo no cura nada, pero sí ayuda a digerir. El dolor es humano y hay que disfrutarlo, a su manera. Regodearse en él no es productivo y acaba en espirales. Centrarse en conseguir lo que quieres en tu vida ayuda, pero hay que darse tiempo para encajar el golpe. La vida sigue y donde aquí llueven unas lágrimas, luego crece una flor.

Ojalá te duela bonito.

 

Miguel Ángel. 06/09/2023, Sevilla


 

jueves, 7 de septiembre de 2023

Enjoy the fishes

Una persona, en el mundo. Una concreta, quiero decir. Esa persona estaba triste.

Mi interlocutora me explicaba lo triste que estaba esta persona y cómo fue a consolarla. Mi amiga le preguntó qué estaba comiendo y éste le respondió que no comía nada en mucho tiempo. ¿Qué se le podría decir a esta triste persona?

 

Hace algunos años, hice amistad con un taxista porque lo usaba recurrentemente. Era un iraní de unos cuarenta años. Su padre falleció y hablamos bastante sobre el tema. Fue la primera vez que volvió a Irán después de muchos años. Mi padre murió al poco y sentimos un cierto hermanamiento. Sentado en su taxi buscaba vuelos para volver a casa. Me trajo un refresco.

Tras mucho esfuerzo conseguimos el billete y nos dirigíamos al aeropuerto. En algún momento recuerdo mirarle y pedirle consejo porque me sentía perdido.

- ¿Qué consejo me das para gestionar este trance?

Él me respondió. Con sus ojos puestos en los míos expresando la máxima seriedad que podía llegar a transmitirse, con el ceño fruncido, arqueando sus pobladas cejas, constriñendo su boca hasta hacer que su, extremadamente densa, barba incipiente ocupase casi la totalidad de la mitad inferior de su cara, dijo:

- Come mucho pescado.

No me hizo falta preguntar por qué. Ni siquiera lo encontré tan gracioso como lo encuentro hoy. Asumí que era cierto, porque cuando un amigo te da un consejo, y es buen amigo, las evidencias sobran; su intención es suficiente docto.

 

Años más tarde, los pescados, lejos de alejarme del duelo, me acercaron a Yudi.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/enjoy-fishes-segunda-parte.html)



jueves, 31 de agosto de 2023

Un valium a las dos de la mañana

A las dos de la mañana, en la calle, sólo hay escoria. Quiso la suerte que se parasen en el mismo semáforo un conductor de Cabify y mi persona en corcel. Me miró. Subió la música. Los dos bailamos. Desaparecimos. Adiós, amigo.

 

Al aparcar, compartí acera con los limpiadores que reinaban sobre la calle. No sé si esto es una analogía irónica sobre escombros que rehúyen de barrenderos o, simplemente que, a esas horas, de nuevo, sólo hay escoria en la calle, con lo que la gente decente que queda está obligada a pelear con la fea costumbre que tiene la entropía.

 

“Eres agüita, lo sabía”, dijo tras preguntarme el cumpleaños. Yo nunca he creído en el horóscopo. Se lo hice saber. Ella era tierra.

 

En la ventana había edificios poligonales en perspectiva isométrica y una bandada de pájaros jugaba a hacerme la prueba de Rorschach entre unos rizos dorados. Mi futuro psicólogo al cargo tendrá trabajo asegurado, pienso mientras escribo esto. Al rato sólo veía la parte del culo que me permitía un vestido negro y el humo del tabaco que se resistía a irse a tomar viento y venía a acariciar mi alma en el techo de la habitación.

 

Salí de aquel bloque al amparo del ruido de un martillo hidráulico y el escondido repicar de unas campanas. El sol iluminaba las caras de trabajadores dirigiéndose al matadero. También me iluminaba a mí. Yo me dirigía a un altar a sacrificar unas cuantas letras en nombre de la diosa que estuviese de guardia esa mañana.

 

Decidí olvidarme de mis convicciones y le pregunté a Cristina, que de casualidad había decidido el destino traérmela hoy, si sabía el horóscopo de una antigua entrada. No estaba segura, pero creía que era tierra. Viajé 12 años al pasado y me vi venciendo a un dragón con choricillos al infierno envenenados. “No te enamores”, le dije. Menudo sinvergüenza.

 

Mi cama me supo a poco para terminar de pagar la deuda de sueño que contraje, paradójicamente, para ser el Valium de alguien, a las dos de la mañana.

 

Miguel Ángel. 30/06/2023, Sevilla


 

jueves, 24 de agosto de 2023

Prisa por ma(s)t(urb)arse

La paciencia y yo nos llevamos bien. Cada vez pienso menos en mi muerte y más en mi vida. Creo que eso es un acierto. O no, lo mismo me pilla sin estar preparado. ¿Pero qué más da? ¿Se puede suspender la muerte? ¿Es como una oposición? Yo creo que la muerte llega y tu preparación no sirve de nada una vez muerto. Te preparas para irte a morir. Como prepararse para dormir. Al final, todos dormimos. Algunos dicen que más a gusto que otros. A lo mejor esa es la diferencia. Yo no tengo muchos problemas para dormir; supongo que tampoco otros muchos para morir.

 

En la vida se piensa cuando comes una tarta y miras a tu alrededor, y todos comen tarta. En la vida se piensa cuando uno se va a ahogar, y el mar lo abraza con fuerza, y le da cariño. En la vida hay que estar, porque si no se está, tampoco es muy vivir. En la vida hay barcos, y camiones y señoras. A veces corren los bomberos y traen una sirena, y a veces sólo viene el fuego, y sólo cruje, como las señoras. Aliens. La gente habla de aliens cuando está viva. Y lo hace oyendo con la boca abierta. Yo los he visto. Y reptilianos. Hay sectas raras en las que la gente se suicida en grupo. Y conspiraciones.

 

En la muerte no se piensan cosas, se decantan. En la muerte los gusanos te comen y ahora eres parte de muchos gusanos. Ni siquiera eres uno. Eres muchos. ¿Qué diferencia a tu ser de un millón de gusanos teniéndote dentro? ¿Eres tú más tus huesos que tu riñón, tu hígado o tu bazo? ¿Para qué coño sirve el bazo? Te preguntarás. Da igual, estás muerto. Si sirvió, ahora sólo sirve como parte del intestino de un gusano. Y el gusano muere. Y alimenta a una planta. Y la planta crece. Y eres un cloroplasto. ¿Es esto la muerte? ¿Absorber luz para un pétalo? Espero que huela bien. Espero que luzca. No me gustaría ser parte de una planta carnívora. No quiero comer moscas. ¿Qué más da? Ya estoy muerto

 

En la vida las cosas pasan en el tiempo que las marca la melodía que las lleva hasta nosotros. Quiso el tiempo que yo esperase un mes una persona y esa persona no fuese capaz de esperar cinco minutos a que saliese de mi casa sin un “¿vas a bajar?” Qué poca paciencia. Qué poca clase. Qué suspensa va a estar en la muerte.

 

Miguel Ángel. 2/08/2023, Sevilla


jueves, 17 de agosto de 2023

No vuelvas a volver (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver.html)

La poca sangre que le queda a mi cerebro se distribuye por mi cara para darme esos colores vivos que te permiten sonreír. Mi sonrisa nace en ese armario de calcio donde, a veces, juegan nuestras lenguas mientras nuestros ojos se cuelan en una oscuridad tan cálida que pensaría que estoy ardiendo si no fuese porque el humo que llega a mis sentidos no es otro que el aire que respiras, me llegas tú.

 

Estás allí, esperando tu ramo. Yo estoy aquí, esperando a mi sistema nervioso. Esperando poder correr, andar, gatear...lo que sea hasta ti. Estás aquí y lo único que puedo hacer mientras mi sonrisa, cual telón, deja ver mis dientes impolutos, por un cepillo cruel y mi mano nerviosa, es chocar nuestras narices y arrugarlas. Nuestros ojos bajan hasta el corazón del otro y, por fin, soy capaz de sentir el calor de tus labios sobre los míos, la finura de la piel del pecado sobre la piel de la estupidez. 

 

"Éste es tu regalo" Dice mi estúpida boca, y tú no eres capaz de entenderlo, así que decides lanzarte a robarme otro beso, pero me separo con una sonrisa inocente y te lo digo al oído porque éste es tu regalo físico y aún te espera mi definición. Lo coges sin entender muy bien qué significa algo tan corriente, pero ahí estoy yo para darle un sentido más teórico. Con un abrazo que une nuestras almas y nuestros cuerpos me acerco de nuevo a tu oído y puedo vocalizar lo que el nerviosismo me permite, que es algo así como: "Bueno...aquí estoy […]”

 

Tus ojos son fuegos artificiales y, supongo, mi sonrisa más estúpida. Te quedas unos segundos mirando a mis ojos buscando en mis enormes pupilas una posible respuesta con sentido, pero lo único que se nos ocurre a ambos es volvernos a besar. Te separas, me miras a los ojos y me dices “No vuelvas a volver”. El tiempo se ralentiza y yo lo noto. Tú empiezas a congelarte, el paisaje a desmoronarse en el horizonte y comienzas a desfragmentarte. Millones de píxeles quedan de lo que antes fue el día que definí cosas. Mientras lo que queda de mí, mis zapatos y mi ramo caen en picado en un vórtice totalmente negro e inanimado. No puedo evitar quitar mi sonrisa y extrañarme, mirar el ramo y verlo destruido mientras caemos, mi mundo tiembla cuando…

 

"Migue, ¿estabas dormido? ¡Menudo imbécil!" Escucho risas.

 

En mi mente entonces sólo suena una canción de fondo y un sonoro “no vuelvas a volver” que se traduce en mi organismo a un suspiro.

 

Miguel Ángel. 24/05/2011, Sevilla



jueves, 10 de agosto de 2023

Un herpes viene a verme

Fui a Mapfre. Esperé. El Quijote conseguía un casco dorado en mi regazo. Pase, Ángel Miguel. Creo que pone Miguel Ángel. Efectivamente. Me atendieron tarde. Fui conciso. No me miró durante un largo rato. Puso cara de asco. Eso parece un herpes. Le doy cita preferente con dermatología. Ya tengo cita, pero es a finales de mes. Da igual, pídala, no diga que ya tiene una. Fui a pedirla. No la hay hasta finales de agosto si no es por la mañana. Trabajo por las mañanas. Puede coger la de finales de agosto. Ya la tengo. Me fui sin tratamiento.

 

Busqué dermatólogos. Nadie estaba operativo. Nadie actualizó Google. Telefoneé a todos los buzones de voz y todos, desde alguna playa lejana, se rieron de mí.

 

Llegué a casa. El retrovisor no paraba de bailar. El mundo no funciona si una urgencia deja de serlo, por muy poca urgencia que sea. Seguí buscando. Bajé a arreglar el retrovisor y mi frente sudaba. Mi madre creyó encontrar algo, pero no era verdad, era simple humo y seguía en el punto de partida. Decidí abandonarme a los milagros de internet.

 

Un rato después estaba en el coche dirección a Pilas, a unos cuarenta minutos de Sevilla. El paisaje pasó de urbano a rural. Llegué a Pilas. Un caballo me obstaculizó durante una calle entera. Las dos Españas. Aquí la prisa no existía. Aparqué junto al local. Entré en el local y me atendió una chica con labios de pato. Ella no lo sabía, pero mi fobia favorita es la anatidaefobia y no pude evitar esbozar una sonrisa. De ella colgaba tanto oro que empecé a pensar que estaba frente al rey Xerxes. Entró otra compañera. También tenía labios de pato. También había sido agasajada por un rey persa.

 

Vaya usted a la puerta cinco. Esperé mientras el Quijote hablaba con unos esclavos condenados a galeras. Pase, Manuel Ángel. Creo que pone Miguel Ángel. Tiene usted razón. También tenía labios de pato. De ella colgaba menos oro. Me hizo muchas preguntas. Me preguntó por mi padre. Le hablé de mi padre. No sabía que con teledermatología te entraba psicología. Me preguntaba por mi evidente lesión mientras sonreía condescendiente, como si supiese las respuestas, pero no las sabía porque cada vez que pronunciaba lo que creía que yo iba a decir se confundía. Vivía pensando saberlo y se marchitaba en cada error, pero no cejaba en sus sonrisas.

 

Me hizo dos fotos. Luego otras dos. Te llegarán los resultados y el tratamiento en veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Amo el capitalismo.

 

Volví a casa con la misma lista de reproducción. Se me olvidó que quería escuchar un podcast. Había perdido toda la tarde en lo que pude hacer en dos horas, pero ya estaba todo resuelto.

 

Llegué a casa y, aún algo irritado, abrí la puerta del portal. Desde las escaleras, alguien correteaba hacia fuera a ritmo cómico, con coleta, gafas de sol claras y un chalequito de correos. ¡No cierre! Musitó alargando la última vocal en su camino hacia fuera. No se me ocurriría, respondí. Apoyó su mano en mi hombro y sólo sus ojos dijeron más fuerte que su boca “muchísimas gracias”. Llegué a casa olvidando todo lo demás. Hoy ha sido un buen día.

 

PD.: Al día siguiente recibí la noticia. No era herpes.

 

Miguel Ángel. 1/08/2023, Sevilla



jueves, 3 de agosto de 2023

No vuelvas a volver

Tenía unos cuatro años, mi bisabuela me preguntó que por qué suspiraba. En ese momento un aburrimiento de niveles superiores a los que estaba dispuesto a aguantar me atacaba, pero no quise sacarla de su mundo adulto de críticas, sonrisas oscuras y vino del color de la vida, ése que se toma cuando se tiene miedo a morir, así que decidí mentirle y alegar alucinaciones propias de una octogenaria.

Hoy estoy bajo las estrellas, sobre un trozo de plástico, como si fuese mi tumba. A mis lados están mis amigos, pero mi presencia aquí no es tan notoria como lo fuera junto a mi bisabuela y mis suspiros pasan desapercibidos, por muy agónicos que puedan ser en este féretro. Mi bisabuela me bañaba en las corrientes del esoterismo, en las costas de cuentos, nanas y canciones que dan forma a la vasija de barro que represento.

Las estrellas me llaman una a una para que las mire, celosas por no ser la primera ni la siguiente, muertas de aburrimiento, suspirando para que alguien les lance un saludo sin tener que, por ello, reflexionar sobre su vida. De una en una me voy abrazando con ellas hasta que la miríada de luces led se va tiñendo del negro que las sujeta.


Mis zapatos repiqueteando a cada paso, yo y mi ramo. Mi pelo recién mojado, mi bonobús dirigiéndose a esa máquina que hace bip, yo y mi estúpida sonrisa. Sigo caminando entre pasillos de cristal, ladrillo y carne sin alma que ve con malos ojos que yo pueda llevar un ramo y una estúpida sonrisa. El asiento libre que reposará por un rato mi felicidad.

Todo es tan bonito desde esta perspectiva que parece que el olor a alcohol de mi compañero de asiento es parte de una nueva fragancia de moda entre las pituitarias más selectas, de nuevo mi visión es del color de la rosa más bella de tu jardín.

Sí, sigue siendo hoy, mi reloj sigue sin existir, sólo queda del tiempo lo que decida ser, no hay ataduras, ni obligaciones más que con mi alma, porque hoy es el día en que defino cosas...hoy es mi día.

Yo y mi estúpida sonrisa cabalgamos por encima del tiempo, del espacio y de la física. Hoy sobrevolamos la ética, la fe, la razón... Hoy es mi día y el tiempo se acorta para celebrarlo. Mi estúpida sonrisa crece y crece como la erección es víctima de la excitación; mi sonrisa es víctima de un alargamiento progresivo porque estás cerca. Sí, lo noto.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver-segunda-parte.html)

jueves, 27 de julio de 2023

Todo empieza con la respiración

 Tanto empieza que no hay nada escrito aquí. Engañabobos de tres al cuarto.

 

Resulta que yo empiezo muchas historias y sólo un cuarto han acabado publicadas siempre. Casi ninguna me merece la pena. A veces ni las que aparecen. La mayor parte. A veces me dejo alguna anotación porque el título me parece que tiene chicha y de ahí saldrá algo.

 

Hace unas semanas empecé esta. Todo empieza con la respiración. Después de un par de horas de ir, venir, escribir, borrar…me dejé el mensaje que arriba ves. He resucitado este papel sin saber qué ponía en la lápida y, al quitarle el polvo me he encontrado un mensaje del pasado que ha permitido esto:

 

El folio en blanco es un tremendo hijo de puta. Lo mismo esconde una ópera magna que una hora perdida aporreando teclas forzadas. Y luego llega un retroceso criminal que, sostenido, barre el tiempo como si nunca hubiese existido, como si nunca se hubiese dicho nada. Punto de partida. Ni siquiera un punto. Una barra parpadea.

 

Contar historias es un ejercicio que disfrutamos todos los cuentacuentos, los poetas y los mentirosos, sea cual sea el grupo que me acoja a mi estos días. Sin embargo, cuando la anécdota está cerrada como un candado, cuando aún está por vivir, o por doler, o por lo que la haga aflorar del papel, es cuando menos me gustan mis letras.

 

“Saldré un día de estos”, supongo que me dicen con voz ahogada un par de sirenas tras la roca que las esconde. Y yo buscándolas sin atarme al palo mayor. Luego querré no embestir un peñón y despeñarme yo allí entre tablones, escamas, rizos y un tesoro escondido que, una vez descubierto, brilla inmisericorde en la cabeza hasta que se derrite sobre un papel.

 

Para mí una historia arrolla y se desarrolla en el transcurso de aplastar los huesecitos que me tapan las sienes o albergan mi pecho. Para otros una historia está en un tranvía. Yo rara vez me muero en un tranvía. A veces he compartido una mirada que mata. A lo mejor tendría que montarme más en tranvías. Será que no tengo un destino al que dirigirme que acabo siempre montado en la moto a ver si el aire me dirige. Al tranvía se entra con un propósito. Yo no tengo muchos.

 

Se ha hecho tarde. No lo sé por la luz de fuera. La pantalla de mi ordenador se ha puesto amarillenta para que no me sangren los ojos de buscar en el fondo de un folio lo que no tengo en las entrañas. Por hoy valdrá el miedo. Inspiro, entra aire, espiro, sale miedo a dejar esto en blanco. Al final sí que sí, ¡todo empezaba con la respiración!

 

Miguel Ángel. 17/07/2023, Sevilla