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jueves, 27 de febrero de 2025

Conflicto

  “En el pueblo había un precipicio. Si mandaban los grises, los rojos desfilaban por el precipicio. Si mandaban los rojos, los grises marchaban por el precipicio.”

  Con este simple recuerdo, mi abuela sentenciaba qué era para ella la Guerra Civil española. Si bien puede pecar de bastante reduccionista a nivel histórico y político, me viene de perlas para desarrollar una postura escéptica sobre cualquier revisionismo, que se corona en el arte de la equidistancia por tener antepasados fusilados por ambos bandos.

  Entiendo la pasión de entenderse envuelto en una identidad que te baña como a un bebé y te deja impoluto de cara al mundo que te rodea; la sensación de pertenecer a algo que se aúna como una corriente, que desemboca en ti, es demasiado tentadora. Lo suficiente para olvidar que los mismos que hoy reivindicas habrían colgado de algún palo a tu amigo marica o que habrían corregido a hostias cualquiera de tus recientes ataques de ansiedad por poco macho. Lo suficiente para dejar de lado que unas pretendieron que no votaras y las otras quisieron embutiros en ropajes no muy lejanos al burka.

 

  Decidí al principio no meterme aquí en política y espero no haberla cagado en los tres últimos párrafos. Espero que mi cobarde excusa en el segundo sirva para placar los demonios identitarios de quien pueda leerlo entendiendo que ya no soy de su grupo. La moraleja es que jamás lo fui, fuera el que fuera.

  A la pregunta de a qué viene esto ahora, que me parece muy pertinente, tendré que responder que me apetece muchísimo ser esa persona en el bar con tres cervezas de más que te cuenta qué opina del mundo, como si eso fuese a cambiar la inercia de la realidad o si el manejo del ebrio de las variables que dictan el futuro fuese incuestionable. Y por mucho que me apetezca, no creo que este sea el sitio.

 

  Así que no sé si volverme un ExpresoYPolítico en algún momento. Total, si al final esto es para mí. De ser así intentaría crear un espacio asertivo, irreverente, contestatario, enervante y provocador. Y me gustaría partir desde la primera y más rotunda de las afirmaciones: Estoy equivocado en casi todo. Si en algo no estoy equivocado ha mediado más la suerte que la astucia. Es bastante probable que tú también lo estés.

  No sé, me apetece.

 

Miguel Ángel. 1/10/24, Sevilla



jueves, 20 de febrero de 2025

Demostración absoluta de la relación entre bolis y mecheros (2/2)

  Ese amigo llevaba meses acompañándole y no le había fallado, inseparables en más de una zona de guerra. Decidió dejarse de luto hasta el domingo, justo antes del último duelo pendiente del acuerdo laboral, cuando se reuniría con la familia para darse los regalos de Reyes que tuvieron que ser pospuestos por una gastroenteritis.

  Había olvidado que tendría sólo esa noche para ir a buscar una tienda abierta en la que comprar la pluma, cuando de una caja apareció un boli bic negro. No era su boli, su amigo, su compañero, pero era un boli y un compañero, por lo que le agradeció al destino que dejasen uno, de manera azarosa, en la misma caja que una taza de Hello Kitty.

 

  Fue entonces cuando llegó el doce de enero y la mañana obligó a la alarma a sonar. Con media legaña aún en el ojo izquierdo llegó a montarse en su coche y conducir una media hora hasta la última localización pactada; Agente de viajes a Estambul en un pueblo. Poco sabía él lo ajetreado que está el cielo a ese país en esta época del año en el Aljarafe sevillano.

  Junto con otras ocho valientes espadachinas fue superando su último turno hasta llegar a tener momentos en los que hablaba de la vida con otras compañeras. Hablaron sobre las elecciones importantes, la calma, la plenitud, el desgaste del tiempo y hasta sobre pornografía. La conversación fue de esas en las que dos extraños se sientan y sincronizan con otra persona su reloj, haciendo cuentas con el destino, sin juzgar y dándose espacio para ser humanos. Fue entonces cuando J. reparó en que llevaba varias horas escribiendo todo a negro y pasando un tiempo difícil a la hora de organizar ideas y, sonriendo pícara, su nueva amiga dijo: “Yo puedo conseguirte uno.”

  Teniendo que separarse de nuevo durante unas dos horas debido a una avalancha de clientes que vino, el final de la carrera estaba más cerca que nunca y J. decidió no recordarle a L. la posibilidad de renovar su arsenal porque la acababa de conocer y sintió algo de vergüenza.

  El reloj sentenció la despedida a las 20.00 cuando L. se acercó a J. para desearle lo mejor en el futuro. J. le dio las gracias por la compañía y deseó volver a encontrarse con ella. Ella le dio dos besos y J. se giró para continuar el camino a su coche.

 

       Ah, casi se me olvidaba. Toma, tu boli.

  Un precioso boli azul marino de cuatro colores ahora reposaba en sus manos. Le dio cabida en su pecho.

 

Miguel Ángel. 14/01/2025, Sevilla




jueves, 13 de febrero de 2025

Demostración absoluta de la relación entre bolis y mecheros (1/2)

  Era la noche del 31 de octubre y J. llevaba un disfraz de pera.

  Junto a unas bolsas de plástico mojadas por el hielo derretido llenas de refrescos y alcohol en la alameda, alguien necesitó lumbre para encender un incienso con el que rezarle a no sé qué. J. no dudó, tendiendo su mechero.

 

       ¿Illo, te importa que te lo devuelva cuando acabe mi ceremonia?

       No te preocupes, si me hace falta te lo pido yo a ti.

       Pues acuérdate y recuérdamelo porque no te quiero picar el mechero.

       No tengas miedo a picármelo, es la vida natural del mechero.

       ¿Cómo?

       Pues eso, los mecheros a veces llegan a ti de la forma más inverosímil posible. Los más raros y con la publicidad más loca, y te encariñas con ellos y un día en un bar van a otra persona y esa persona lo acaba perdiendo donde sea y los coge otro…es la vida natural del mechero. — la monja rio incrédula y enternecida — Por eso creo que es mejor dejarlos ir, porque sólo así puede llegar tu siguiente mechero. Sólo si dejas espacio en tus manos, habrá un lugar para él, en tus manos y en tu corazón, dejando libre a tu amigo.

       Tío, eso es taco de profundo.

       Es que no se me ocurría de qué otra forma podía pedirte que me pasases la botella porque te presentaste antes pero no me acordaba de tu nombre, perdona, tío, lo estaba pasando fatal…

 

  Después de reír atragantándose en su ceremonia, pasó la botella y dijo: R.

 

  J. lo recordó la madrugada del 9 de enero trabajando en la recepción de un hotel. Su herramienta de trabajo más poderosa, un boli de cuatro colores, desapareció a mitad de su turno. Creyó verlo junto a la de mantenimiento y, señalándolo y sonriendo dijo “¡Así que fue usted la ladrona!” Sin embargo, la presunta culpable afirmó haber tenido esa espada desde, al menos, un mes, pudiendo demostrarlo ante un tribunal popular.

  J. lo había aceptado antes incluso de que amenazase con el juicio que nadie había reclamado, y recordó lo que, apoyado junto a la fachada, hablaba con tanta ligereza sobre dejar ir. Normalmente habría ido a comprarse otro al despertar después de finalizar su turno, pero en esta ocasión le martilleaba el hecho de sólo tener una jornada más por delante en ese contrato.


(Continuará)



jueves, 6 de febrero de 2025

Otitis media

  A veces, uno sueña con poder decirle a la tierra todo lo que siente sin miedo a ningún click metálico; dejar de esconderse entre teclas para usar las cuerdas vocales mientras estas se enredan alrededor de la garganta con todas sus espinas.

  Me han querido enseñar a escuchar a mi cuerpo. Escuchar sus susurros para que no se conviertan en gritos, usaron como eslogan, y parecía fácil. El problema está ahí, creo, en que una vez llegas a desarrollar la capacidad para sentir profundamente y los agujeros negros que se forman, átomo a átomo, a la altura del cardias no tienen ningún misterio para ti, ignorarlos se vuelve un deporte de alto riesgo. Así que uno informa cuando tiene que informar, para que los telegramas lleguen a las estaciones de salvamento a tiempo.

  Y cuando uno se lanza así, sin paracaídas, a simplemente informar, a veces se lleva un guantazo por razones parecidas a las que llevan a unos padres a decirle a una niña que frotarse en público no está bien, que esas cosas es mejor hacerlas a oscuras, y a ser posible a tientas, que ni el braille lo describa.

  Entonces comprendo al perro chico que siente temor ante su siguiente paso cuando un ser de casi dos metros le grita en un idioma que no entiende y pone caras que no comprende, pero que sabe que preludian alguna consecuencia perniciosa. Me siento atemorizado y nervioso, moviendo el rabo, agrandando mis pupilas esperando clemencia que no llega.

 

  Así se aprenden los buenos trucos: A dar la patita, a sentarse o a no contar lo que las tripas esconden.

 

  Pero ya es tarde, porque has escuchado a la sirena y ya no se puede desoír. Ahora crece en tu interior una bola de cera que se alimenta de no sé muy bien qué y que empieza a apretar el mediastino. Y has conseguido prever el grito para escuchar la sinfonía, en silencio, cabizbajo, irremediablemente amenazado.

 

  No hay pasos correctos. No hay información útil. El manual está en hebreo. Huye.

 

Miguel Ángel. 28/01/25