“En el pueblo había un precipicio. Si mandaban los grises, los rojos
desfilaban por el precipicio. Si mandaban los rojos, los grises marchaban por
el precipicio.”
Con este simple recuerdo, mi abuela sentenciaba qué era para ella la
Guerra Civil española. Si bien puede pecar de bastante reduccionista a nivel
histórico y político, me viene de perlas para desarrollar una postura escéptica
sobre cualquier revisionismo, que se corona en el arte de la equidistancia por
tener antepasados fusilados por ambos bandos.
Entiendo la pasión de entenderse envuelto en una identidad que te baña
como a un bebé y te deja impoluto de cara al mundo que te rodea; la sensación
de pertenecer a algo que se aúna como una corriente, que desemboca en ti, es
demasiado tentadora. Lo suficiente para olvidar que los mismos que hoy
reivindicas habrían colgado de algún palo a tu amigo marica o que habrían
corregido a hostias cualquiera de tus recientes ataques de ansiedad por poco
macho. Lo suficiente para dejar de lado que unas pretendieron que no votaras y
las otras quisieron embutiros en ropajes no muy lejanos al burka.
Decidí al principio no meterme aquí en política y espero no haberla
cagado en los tres últimos párrafos. Espero que mi cobarde excusa en el segundo
sirva para placar los demonios identitarios de quien pueda leerlo entendiendo
que ya no soy de su grupo. La moraleja es que jamás lo fui, fuera el que fuera.
A la pregunta de a qué viene esto ahora, que me parece muy pertinente,
tendré que responder que me apetece muchísimo ser esa persona en el bar con
tres cervezas de más que te cuenta qué opina del mundo, como si eso fuese a
cambiar la inercia de la realidad o si el manejo del ebrio de las variables que
dictan el futuro fuese incuestionable. Y por mucho que me apetezca, no creo que
este sea el sitio.
Así que no sé si volverme un ExpresoYPolítico en algún momento. Total,
si al final esto es para mí. De ser así intentaría crear un espacio asertivo,
irreverente, contestatario, enervante y provocador. Y me gustaría partir desde
la primera y más rotunda de las afirmaciones: Estoy equivocado en casi todo. Si
en algo no estoy equivocado ha mediado más la suerte que la astucia. Es
bastante probable que tú también lo estés.
No sé, me apetece.
Miguel Ángel. 1/10/24,
Sevilla



