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jueves, 27 de marzo de 2025

El sol de las tres de la tarde

  A veces, la vida parece como que acelera y tú estás aún por terminar de entrar. Como intentando sentarte en un coche en marcha. A veces, arde el asfalto bajo tus pies a cada zapatazo que das intentando volar en lugar de correr. A veces, al calendario se le caen de golpe todos los cuadraditos. Como si el otoño llegase y terminase el mismo día. A veces, te llueven los días, amarillos.

 

  A veces, empiezas a trabajar en un turno fijo de tarde y tú intentas partir el día en dos, como un pico, para que te cunda más, y lo partes en ochocientos trozos, como los picos, y te federas como jugador de ajedrez para hacer de tu vida un chiste más gracioso, y los domingos tienes que ir a Lebrija, y haces exámenes de los que te dan la nota un mes después, y sacas un sobresaliente, y haces yoga por las mañana, y no te gusta el trabajo, y ves caras mustias por los pasillos, y un viernes tendrías que salir a las diez, pero la cosa se complica y sales a la una y media de la mañana, y ya no está abierta la freiduría donde pensabas empapar tus arterias en colesterol, y mañana es el cumple de la abuela, que te recuerda que nadie quiere ir a tu cumple, y te levantas y haces yoga y vas al cumple habiendo dormido poquísimo, y te vas temprano porque tienes sueño y no terminas de estar, y tiene pinta de que va a llover, que no ha parado de hacerlo en el último mes, ¿qué dices mes? Puede que no haya parado de llover en el último año, y se te quedan los pies fríos, y vas a tu casa a dormir, y duermes una hora, y tienes comprometida una noche romántica, y vas a la cena romántica, y es una fiesta de cumpleaños sorpresa, y te recoges a las cuatro y media de la mañana, y suena la alarma porque es domingo y tienes que ir a Lebrija a jugar con blancas, y vas a Lebrija y pierdes, y te llega un mensaje y te dan un día libre por quedarte hasta la una y media el viernes, y llega el lunes y tienes que ir a trabajar otra vez, y te encuentras con un imbécil incapaz de gestionar su frustración y te amarga la tarde, y tienes los pies fríos porque no para de llover, y te llega un mensaje diciendo que el sobresaliente ahora es una matrícula de honor, y en el autobús huele raro y a ti se te ha doblado el libro que lees por la humedad, y alguien te tose en la nuca, y quedas con una amiga para desayunar al siguiente día, que lo tienes libre porque te quedaste el viernes, y te levantas temprano, y sales a la intemperie, y vuelves a tu casa a desayunar, y echáis la mañana entera, y recoges la ropa, y haces algo de comer, y la papelera está llena y ¿cómo será esto posible?, y terminas de comer sabiendo que tienes que salir con el estómago lleno a la calle, a la fría calle, y te cepillas los dientes para ofrecer tu mejor cara al mundo, y vas a por las llaves, que las tienes en el chaquetón, en el que dejaste en el suelo porque no tienes un mueble mejor de momento en tu cuarto, y las coges, y vas a la puerta, y sales, y recuerdas que no has cogido la basura, y vuelves a entrar, y la coges, y sales al portal abrigado con una sudadera porque te parece que usar el chaquetón es ser un excesivo ahora que ha salido el sol, y abres la puerta del portal y te da el sol.

 

  A veces, te da el sol de las tres de la tarde, que es uno muy esquivo cuando tienes que trabajar los mediodías. A veces, sólo a veces, el sol y tú sois uno entre un vientecito que te acaricia como una mamá y con el calor de la alegría. A veces, sin que sirva de precedente, se alinean una estrella, la tierra, y tu corazón.

  No siempre pasa que descubras a esas horas el amor por lo más básico, y hoy ha pasado. Qué alegría da el sol de las tres de la tarde. Cómo relaja las penas del mundo ése. El sol de las tres de la tarde.

 

Miguel Ángel. 18/03/25, Sevilla

 



jueves, 20 de marzo de 2025

Las pequeñas aventuras de Ramiro (2/2)

  Ramiro ha soltado las cosas que le hacen mal, como que un amigo le deje de hablar, acordarse de las partes malas de la relación con su padre o de las cosas que quiere ir avanzando y que parecen eternas o de cuando a su mujer, Antonia, le dice lo que siente y ella se enfada.

  Ramiro me ha informado sobre cómo sus sentimientos son constantemente invalidados porque él es Ramiro y no Hermenegildo, que es otro vecino que vive por aquí, que cuando canta sus penas todo el mundo suspira. A Ramiro le gustaría ser Hermenegildo, pero Ramiro es Ramiro y le toca vivir con lo que vive.

  Hoy Ramiro reporta que una vez le dijo a Antonia que le dolía la afición de esta por tirar cuchillos con los ojos vendados para ser una gran artista circense. Antonia se ofendió mucho y lloraron los dos. Fue una noche muy triste. Al final, Ramiro le pidió perdón y le aseguró que jamás se volvería a quejar del lanzamiento de aceros, así que se compró una caja de tiritas y siguió con sus cosas. Qué sorpresa me he llevado, Antonia no parecía nada ágil. Pues sí, me ha dicho, lo intentó mucho tiempo y fallaba siempre en los mismos tiros, dándole al pobre en toda la mano. Que se quejó y todo eso, pero que sólo llevó la situación a una insostenible bronca, y con lo mucho que le gusta a Ramiro como Antonia prepara la sopa de ajo y lo bien que huele y lo a gusto que está con ella cuando hacen crucigramas los martes por la tarde junto a su gato Ulises, pues como que se lo calló, y nunca más se supo de las dolidas falanges de Ramiro.

  Si es que Ramiro es un buenazo, pero es muy pesado, por lo que he tenido que pedirle que se calle, que no es justo para alguien como yo ir por la calle y ser asaltado con tanto drama y con tanta pena, que venga cuando tenga cosas buenas que contar, que a ver si se va a creer que es Hermenegildo.

 

Miguel Ángel. 28/01/25, Sevilla



jueves, 13 de marzo de 2025

Las pequeñas aventuras de Ramiro (1/2)

  Yo no tengo nada que contar, por eso pienso en otras personas cuando escribo. Como yo mismo soy un folio en blanco, es mejor plantearse la existencia de otros y describir sus alegrías y sus penas, porque yo no tengo ninguna, como el tofu, que ni sabe ni nada.

 

  Por eso, hoy les vengo a hablar de Ramiro, que es una persona que acabo de conocer en el descansillo y que tenía muchas ganas de hablar.

 

  Me cuenta Ramiro que se siente normalmente alegre. Ahí yo me contenté. Que suele intentar verlo todo bonito y luminoso. Que se empeña en hacer lo que considera que es el bien y que no mira a quien. Que yo le dije que me parecía perfecto. Y que una de las mejores sensaciones que puede tener es que le digan que es una buena persona. Que a veces piensa que es vanidad y otras veces que es el empujón que le hace falta para recordarse que va en la buena dirección. Yo ahí no he dicho nada porque eso es cosa de Ramiro.

 

  Me ha dicho Ramiro que a veces le hunden un yunque en el pecho. Casi siempre es sin querer, no es una cosa que la gente vaya haciendo así porque sí, pero que de vez en cuando le pasa. Normalmente siente que no se lo merece, aunque a veces ha pensado que le tocaba por merluzo. Yo ahí le he dicho que claro, que eso nos pasa a todos. Y también me ha comentado que hoy se sentía así, por lo que le he preguntado a ver de qué iba todo esto.


(Continuará)



jueves, 6 de marzo de 2025

Hay te guacho

  A falta de ironía, el destino decidió nombrarla Livertad, con v de destrozo.

  Hablarte de ella es suspirar e intentar resumir el torbellino que representaba. Su cartera siempre vacía y su corazón siempre lleno. Su pelo era prolongación del sol y cada uno de estos rayos calentaban la tierra a su manera. Era la máxima expresión de la expresión y sus manos dibujaban en el cielo canciones cuando hablaba. Su boca siempre tenía agujetas de reír en compañía de sus ojos, de fruncirse bañado en lágrimas o de aspirar alaridos día, tarde o noche.  Sus cervezas nunca se acababan, como sus amigos. Se sentía sola, incomprendida y desheredada de la virtud. Tenía mil y un demonios que, domesticados, jugaban a arañarle el corazón. Se autoconvencía de que a esta siempre iba la vencida...

  Jugaba a equivocarse y vivir era su mayor hobbie. Era experta en el arte de sentir y creía que su vida no valía demasiado, pero luchaba por torcer el destino que se equivocó con su letra. Viajaba sin querer, rompía queriendo, cantaba con pasión y follaba entre las nubes. Casi divina, casi infernal, arrojaba lamentos en forma de acciones. Rescataba perdedores como yo y les daba un motivo para seguir.

  Poseía la línea divisoria entre el pecado y la oración y alimentaba la imaginación del hambriento. Era genial, era estupenda. Acostumbraba a lanzarse a abismos sólo para saber qué se sentía al volar. Su cuerpo era un templo al que muchos fueron a rezar y pocos volvieron cuerdos. Era feminista, era guerrera, era un triunfo de la biología.

  No tenía ritmo ni swing, no tenía preparado ningún baile...aun así, su casa se alojaba bajo sus piernas y se sentía cómoda cuando la hacía temblar al ritmo de la música. No tenía un acento cálido pero sus palabras te ardían en el sentido. Allá donde fuera siempre la conocía alguien y si no lo arreglaba. Deseaba ser parte de algo más grande que ella sin saber que era una parte brillante de la perfección.

  Ay de ella si hubiese sabido que su felicidad estaba en el espejo y no en los ojos de los corazones que pretendía salvar. Ay de ella si hubiese tenido un buen pasado. Ay de ella si el alma le hubiese cabido entre esos huesecillos. Ay de ella si hubiera sabido que era perfecta.

  ¿Cómo? ¿Que por qué te hablo de ella en pasado? Porque, al final, un día de esos en los que se debatía entre una droga u otra, se dio cuenta de que ella lo era todo. Echó una carcajada y, desde entonces, brilla en el cielo como el sol.

  ¿Que cuándo pasó? Un día de estos pasará.

  No, no era su nombre, pero si de algo estoy seguro es que no le hacía justicia ninguno más que Libertad.

 

Miguel Ángel. 24/03/2016, Taunton