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jueves, 26 de marzo de 2026

Gelatto 33x2 (2/3)

  En el trabajo, una compañera me dio una bolsita con una planta que había cuidado su hijo para que la probase. Vino hasta donde me estaba cambiando y nos dimos la mano y un abrazo. Me vestí de calle y salí justo antes de escribirle a Gelatta. Con gafas de sol y una iluminación perfecta comencé mi paseo cargado de asuntos en mi mochila. Me dijo que esperase un ratito, pero que estaba disponible para mí, así que me dirigí a comerme una sopita en un sitio que conozco. Buena sopa. Buen pollo.

  En el reloj ya se intuía la hora de nuestro primer beso, así que pagué y me levanté, andando con paso decidido. Ella con sus rastas, yo con mi sonrisa. Ella con sus ojos a medio abrir, yo con mi dinero preparado. No sabía cómo sería su voz, ni su cara, pero podía intuirlo. No sabía cómo sería este relato, pero podía saborearlo en la distancia.

  Entre tantos sueños despiertos que me demostrasen que mis noches de dormidera estaban sobrevalorados, llegué a aquella puerta y piqué el porterillo. “¿Hola?” “Soy Miguel.” “Pasa, espérame en el portal.”

 

  Era un buen barrio, distinto a los lugares donde acostumbraba a encontrarme con farmacéuticos clandestinos. Pude dar un par de vueltas sobre mí recorriendo el lugar cuando, por fin, escuché pasos bajando. 


(Continuará)



jueves, 19 de marzo de 2026

Gelatto 33x2 (1/3)

  Llevo unos días soñando. Es reseñable porque llevaba meses sin hacerlo.

  Hay ciertos dioses que exigen un pago por rendirles pleitesía y recibir sus bendiciones. Yo rezo de manera asidua a uno con rastas que bloquea mi capacidad para soñar, y todos los años dejo de ir a su iglesia durante un mes. Todos los años vivo un periodo en el que reconecto con mi subconsciente mientras duermo. Y cuando pasa, las noches me saben a poco.

 

  Pero, ¿a quién quiero engañar? Yo sueño más despierto que dormido. Esto es sólo la novedad. Y, por ello, cuando me recupero del golpe y recuerdo dónde viven mis ilusiones y fantasías, la noche me parece un desagradable trámite que mi cuerpo necesita para descansar. Y somos jóvenes, y gaudeamus igitur, y a mí me sobran horas de madrugada tumbado y creo que las puedo recuperar más adelante. Por ello, decido escribir a Uli.

  Conocí a Uli en una fiesta y traía un medicamento muy potente. Le pedí el número de su médico de cabecera y me pasó el número de Gelatta. Pasaron un par de meses hasta que le escribí dándole el santo y seña prometido; “Soy amigo de María”. Ella usaba la ortografía como la cadena de una bici desengrasada y oxidada, pero tenía swing. Quedamos en conocernos en su portal y yo, que soy un amante experimentado en encontronazos, reconocí en un “vale, guapetón” la posibilidad de un amorío con una narco. Un capítulo fundamental en mi vida literaria. Me puse bañador para estar preparado para lanzarme a la piscina que me esperaba.


(Continuará)



jueves, 12 de marzo de 2026

Sin rastro

  Lo busqué sin hallarlo, temiendo que ya sólo quedase en un sitio tan frágil.

  Rebusqué en las alcobas, en la cocina, en el cuarto de baño y en el salón.

  Ojeé en los libros, en las páginas, en el portátil y en las ventanas.

  Después escuché la cisterna, el altavoz, la hervidora de agua y el rallador.

  Más tarde chupé los platos, los tenedores, la pasta de dientes y el cacao.

  Verdaderamente preocupado, toqué la cama, la ducha, el acondicionador y la ropa.

 

  Entonces ya sólo quedó el miedo.

 

  Como un sabueso recorrí con mi nariz cada esquina de la casa y pude darme cuenta, mientras me recorría un pánico más que justificado, de que tenía razón. Ya no estaba. Se había esfumado.

  Su olor se había ido de casi todo. De la sudadera, del pijama, de la cama, de mi bigote… y ya sólo queda en el último sitio.

 

  En mis recuerdos aún tiene su hueco. Y nerviosito anda todo mi cerebro de lagarto de que le de una nueva dosis. Y me revuelque con mi pituitaria por toda la casa. Y cada vez que inhale se me pongan los ojos en blanco.

 

Miguel Ángel. 22/01/26, Sevilla



 

jueves, 5 de marzo de 2026

Vaso

  El ser humano ha buscado formas inverosímiles para transmitir información. De piedras a papel.

 

  En el lugar más insospechado, alguien le declaró amor eterno a Juani y firmaron con fecha. Y hoy estaba yo en uno de esos lugares insospechados.

 

  Terminé un rato atrás una copa de vino mientras cenaba y escuchaba música. La agarré una última vez para mirarla de cerca, no sé por qué. Pude observar la marca de mis labios en el borde y un pequeño resto de vino que bailoteaba en el fondo cuando la movía. Al fijarme un poco más, el vaho en la parte contraria al último beso que le di, recorriendo sin esfuerzo una silueta preciosa en la bóveda que dibujó justo antes de despedirnos. En su cristal se adivinaban tantas estrellas fugaces como el doble de luces a mis espaldas, y a cada suave vaivén giraban estirándose o haciéndose pequeñas. Me asomé a la copa y acerqué mi nariz, disparándome al cerebro una fragancia embriagadora.

 

  Cuando la dejé en la mesa replicó dulcemente.

 

  Fuera seguía lloviendo y algunos coches susurraban a su paso por la autopista. Ahí fuera todo era gris, pero en la copa había algo rojo que acababa de tintar el mundo entero.

 

Miguel Ángel. 25/01/26, Sevilla