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jueves, 31 de agosto de 2023

Un valium a las dos de la mañana

A las dos de la mañana, en la calle, sólo hay escoria. Quiso la suerte que se parasen en el mismo semáforo un conductor de Cabify y mi persona en corcel. Me miró. Subió la música. Los dos bailamos. Desaparecimos. Adiós, amigo.

 

Al aparcar, compartí acera con los limpiadores que reinaban sobre la calle. No sé si esto es una analogía irónica sobre escombros que rehúyen de barrenderos o, simplemente que, a esas horas, de nuevo, sólo hay escoria en la calle, con lo que la gente decente que queda está obligada a pelear con la fea costumbre que tiene la entropía.

 

“Eres agüita, lo sabía”, dijo tras preguntarme el cumpleaños. Yo nunca he creído en el horóscopo. Se lo hice saber. Ella era tierra.

 

En la ventana había edificios poligonales en perspectiva isométrica y una bandada de pájaros jugaba a hacerme la prueba de Rorschach entre unos rizos dorados. Mi futuro psicólogo al cargo tendrá trabajo asegurado, pienso mientras escribo esto. Al rato sólo veía la parte del culo que me permitía un vestido negro y el humo del tabaco que se resistía a irse a tomar viento y venía a acariciar mi alma en el techo de la habitación.

 

Salí de aquel bloque al amparo del ruido de un martillo hidráulico y el escondido repicar de unas campanas. El sol iluminaba las caras de trabajadores dirigiéndose al matadero. También me iluminaba a mí. Yo me dirigía a un altar a sacrificar unas cuantas letras en nombre de la diosa que estuviese de guardia esa mañana.

 

Decidí olvidarme de mis convicciones y le pregunté a Cristina, que de casualidad había decidido el destino traérmela hoy, si sabía el horóscopo de una antigua entrada. No estaba segura, pero creía que era tierra. Viajé 12 años al pasado y me vi venciendo a un dragón con choricillos al infierno envenenados. “No te enamores”, le dije. Menudo sinvergüenza.

 

Mi cama me supo a poco para terminar de pagar la deuda de sueño que contraje, paradójicamente, para ser el Valium de alguien, a las dos de la mañana.

 

Miguel Ángel. 30/06/2023, Sevilla


 

jueves, 24 de agosto de 2023

Prisa por ma(s)t(urb)arse

La paciencia y yo nos llevamos bien. Cada vez pienso menos en mi muerte y más en mi vida. Creo que eso es un acierto. O no, lo mismo me pilla sin estar preparado. ¿Pero qué más da? ¿Se puede suspender la muerte? ¿Es como una oposición? Yo creo que la muerte llega y tu preparación no sirve de nada una vez muerto. Te preparas para irte a morir. Como prepararse para dormir. Al final, todos dormimos. Algunos dicen que más a gusto que otros. A lo mejor esa es la diferencia. Yo no tengo muchos problemas para dormir; supongo que tampoco otros muchos para morir.

 

En la vida se piensa cuando comes una tarta y miras a tu alrededor, y todos comen tarta. En la vida se piensa cuando uno se va a ahogar, y el mar lo abraza con fuerza, y le da cariño. En la vida hay que estar, porque si no se está, tampoco es muy vivir. En la vida hay barcos, y camiones y señoras. A veces corren los bomberos y traen una sirena, y a veces sólo viene el fuego, y sólo cruje, como las señoras. Aliens. La gente habla de aliens cuando está viva. Y lo hace oyendo con la boca abierta. Yo los he visto. Y reptilianos. Hay sectas raras en las que la gente se suicida en grupo. Y conspiraciones.

 

En la muerte no se piensan cosas, se decantan. En la muerte los gusanos te comen y ahora eres parte de muchos gusanos. Ni siquiera eres uno. Eres muchos. ¿Qué diferencia a tu ser de un millón de gusanos teniéndote dentro? ¿Eres tú más tus huesos que tu riñón, tu hígado o tu bazo? ¿Para qué coño sirve el bazo? Te preguntarás. Da igual, estás muerto. Si sirvió, ahora sólo sirve como parte del intestino de un gusano. Y el gusano muere. Y alimenta a una planta. Y la planta crece. Y eres un cloroplasto. ¿Es esto la muerte? ¿Absorber luz para un pétalo? Espero que huela bien. Espero que luzca. No me gustaría ser parte de una planta carnívora. No quiero comer moscas. ¿Qué más da? Ya estoy muerto

 

En la vida las cosas pasan en el tiempo que las marca la melodía que las lleva hasta nosotros. Quiso el tiempo que yo esperase un mes una persona y esa persona no fuese capaz de esperar cinco minutos a que saliese de mi casa sin un “¿vas a bajar?” Qué poca paciencia. Qué poca clase. Qué suspensa va a estar en la muerte.

 

Miguel Ángel. 2/08/2023, Sevilla


jueves, 17 de agosto de 2023

No vuelvas a volver (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver.html)

La poca sangre que le queda a mi cerebro se distribuye por mi cara para darme esos colores vivos que te permiten sonreír. Mi sonrisa nace en ese armario de calcio donde, a veces, juegan nuestras lenguas mientras nuestros ojos se cuelan en una oscuridad tan cálida que pensaría que estoy ardiendo si no fuese porque el humo que llega a mis sentidos no es otro que el aire que respiras, me llegas tú.

 

Estás allí, esperando tu ramo. Yo estoy aquí, esperando a mi sistema nervioso. Esperando poder correr, andar, gatear...lo que sea hasta ti. Estás aquí y lo único que puedo hacer mientras mi sonrisa, cual telón, deja ver mis dientes impolutos, por un cepillo cruel y mi mano nerviosa, es chocar nuestras narices y arrugarlas. Nuestros ojos bajan hasta el corazón del otro y, por fin, soy capaz de sentir el calor de tus labios sobre los míos, la finura de la piel del pecado sobre la piel de la estupidez. 

 

"Éste es tu regalo" Dice mi estúpida boca, y tú no eres capaz de entenderlo, así que decides lanzarte a robarme otro beso, pero me separo con una sonrisa inocente y te lo digo al oído porque éste es tu regalo físico y aún te espera mi definición. Lo coges sin entender muy bien qué significa algo tan corriente, pero ahí estoy yo para darle un sentido más teórico. Con un abrazo que une nuestras almas y nuestros cuerpos me acerco de nuevo a tu oído y puedo vocalizar lo que el nerviosismo me permite, que es algo así como: "Bueno...aquí estoy […]”

 

Tus ojos son fuegos artificiales y, supongo, mi sonrisa más estúpida. Te quedas unos segundos mirando a mis ojos buscando en mis enormes pupilas una posible respuesta con sentido, pero lo único que se nos ocurre a ambos es volvernos a besar. Te separas, me miras a los ojos y me dices “No vuelvas a volver”. El tiempo se ralentiza y yo lo noto. Tú empiezas a congelarte, el paisaje a desmoronarse en el horizonte y comienzas a desfragmentarte. Millones de píxeles quedan de lo que antes fue el día que definí cosas. Mientras lo que queda de mí, mis zapatos y mi ramo caen en picado en un vórtice totalmente negro e inanimado. No puedo evitar quitar mi sonrisa y extrañarme, mirar el ramo y verlo destruido mientras caemos, mi mundo tiembla cuando…

 

"Migue, ¿estabas dormido? ¡Menudo imbécil!" Escucho risas.

 

En mi mente entonces sólo suena una canción de fondo y un sonoro “no vuelvas a volver” que se traduce en mi organismo a un suspiro.

 

Miguel Ángel. 24/05/2011, Sevilla



jueves, 10 de agosto de 2023

Un herpes viene a verme

Fui a Mapfre. Esperé. El Quijote conseguía un casco dorado en mi regazo. Pase, Ángel Miguel. Creo que pone Miguel Ángel. Efectivamente. Me atendieron tarde. Fui conciso. No me miró durante un largo rato. Puso cara de asco. Eso parece un herpes. Le doy cita preferente con dermatología. Ya tengo cita, pero es a finales de mes. Da igual, pídala, no diga que ya tiene una. Fui a pedirla. No la hay hasta finales de agosto si no es por la mañana. Trabajo por las mañanas. Puede coger la de finales de agosto. Ya la tengo. Me fui sin tratamiento.

 

Busqué dermatólogos. Nadie estaba operativo. Nadie actualizó Google. Telefoneé a todos los buzones de voz y todos, desde alguna playa lejana, se rieron de mí.

 

Llegué a casa. El retrovisor no paraba de bailar. El mundo no funciona si una urgencia deja de serlo, por muy poca urgencia que sea. Seguí buscando. Bajé a arreglar el retrovisor y mi frente sudaba. Mi madre creyó encontrar algo, pero no era verdad, era simple humo y seguía en el punto de partida. Decidí abandonarme a los milagros de internet.

 

Un rato después estaba en el coche dirección a Pilas, a unos cuarenta minutos de Sevilla. El paisaje pasó de urbano a rural. Llegué a Pilas. Un caballo me obstaculizó durante una calle entera. Las dos Españas. Aquí la prisa no existía. Aparqué junto al local. Entré en el local y me atendió una chica con labios de pato. Ella no lo sabía, pero mi fobia favorita es la anatidaefobia y no pude evitar esbozar una sonrisa. De ella colgaba tanto oro que empecé a pensar que estaba frente al rey Xerxes. Entró otra compañera. También tenía labios de pato. También había sido agasajada por un rey persa.

 

Vaya usted a la puerta cinco. Esperé mientras el Quijote hablaba con unos esclavos condenados a galeras. Pase, Manuel Ángel. Creo que pone Miguel Ángel. Tiene usted razón. También tenía labios de pato. De ella colgaba menos oro. Me hizo muchas preguntas. Me preguntó por mi padre. Le hablé de mi padre. No sabía que con teledermatología te entraba psicología. Me preguntaba por mi evidente lesión mientras sonreía condescendiente, como si supiese las respuestas, pero no las sabía porque cada vez que pronunciaba lo que creía que yo iba a decir se confundía. Vivía pensando saberlo y se marchitaba en cada error, pero no cejaba en sus sonrisas.

 

Me hizo dos fotos. Luego otras dos. Te llegarán los resultados y el tratamiento en veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Amo el capitalismo.

 

Volví a casa con la misma lista de reproducción. Se me olvidó que quería escuchar un podcast. Había perdido toda la tarde en lo que pude hacer en dos horas, pero ya estaba todo resuelto.

 

Llegué a casa y, aún algo irritado, abrí la puerta del portal. Desde las escaleras, alguien correteaba hacia fuera a ritmo cómico, con coleta, gafas de sol claras y un chalequito de correos. ¡No cierre! Musitó alargando la última vocal en su camino hacia fuera. No se me ocurriría, respondí. Apoyó su mano en mi hombro y sólo sus ojos dijeron más fuerte que su boca “muchísimas gracias”. Llegué a casa olvidando todo lo demás. Hoy ha sido un buen día.

 

PD.: Al día siguiente recibí la noticia. No era herpes.

 

Miguel Ángel. 1/08/2023, Sevilla



jueves, 3 de agosto de 2023

No vuelvas a volver

Tenía unos cuatro años, mi bisabuela me preguntó que por qué suspiraba. En ese momento un aburrimiento de niveles superiores a los que estaba dispuesto a aguantar me atacaba, pero no quise sacarla de su mundo adulto de críticas, sonrisas oscuras y vino del color de la vida, ése que se toma cuando se tiene miedo a morir, así que decidí mentirle y alegar alucinaciones propias de una octogenaria.

Hoy estoy bajo las estrellas, sobre un trozo de plástico, como si fuese mi tumba. A mis lados están mis amigos, pero mi presencia aquí no es tan notoria como lo fuera junto a mi bisabuela y mis suspiros pasan desapercibidos, por muy agónicos que puedan ser en este féretro. Mi bisabuela me bañaba en las corrientes del esoterismo, en las costas de cuentos, nanas y canciones que dan forma a la vasija de barro que represento.

Las estrellas me llaman una a una para que las mire, celosas por no ser la primera ni la siguiente, muertas de aburrimiento, suspirando para que alguien les lance un saludo sin tener que, por ello, reflexionar sobre su vida. De una en una me voy abrazando con ellas hasta que la miríada de luces led se va tiñendo del negro que las sujeta.


Mis zapatos repiqueteando a cada paso, yo y mi ramo. Mi pelo recién mojado, mi bonobús dirigiéndose a esa máquina que hace bip, yo y mi estúpida sonrisa. Sigo caminando entre pasillos de cristal, ladrillo y carne sin alma que ve con malos ojos que yo pueda llevar un ramo y una estúpida sonrisa. El asiento libre que reposará por un rato mi felicidad.

Todo es tan bonito desde esta perspectiva que parece que el olor a alcohol de mi compañero de asiento es parte de una nueva fragancia de moda entre las pituitarias más selectas, de nuevo mi visión es del color de la rosa más bella de tu jardín.

Sí, sigue siendo hoy, mi reloj sigue sin existir, sólo queda del tiempo lo que decida ser, no hay ataduras, ni obligaciones más que con mi alma, porque hoy es el día en que defino cosas...hoy es mi día.

Yo y mi estúpida sonrisa cabalgamos por encima del tiempo, del espacio y de la física. Hoy sobrevolamos la ética, la fe, la razón... Hoy es mi día y el tiempo se acorta para celebrarlo. Mi estúpida sonrisa crece y crece como la erección es víctima de la excitación; mi sonrisa es víctima de un alargamiento progresivo porque estás cerca. Sí, lo noto.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver-segunda-parte.html)