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jueves, 26 de febrero de 2026

Droga dura

  Me dijo que le hacía falta una dosis y me propuse como remedio. Me miró guasona y me dijo “tú no, cariño. Tú eres droga dura.”

 

  Semejante acto de responsabilidad con una misma me supuso un duro revés. Por un lado, mi ego flotaba libre en la exosfera. Por otro, lo viví como una condecoración de compensación; no estimular más esos cornetes por un título nobiliario me supo a poco. Yo quería alojarme en el blanco de sus ojos cuando la luz no alcanza sus pupilas aún con los párpados abiertos de par en par. Yo quería que mi aire se colase en sus pulmones y acelerarle la taquipnea. Yo quería tantas cosas y ella fue tan responsable que tuve que recordarla yo solo. Como un heroinómano en un portal.

 

  Quizás sí soy droga dura. Hasta para mí.

 

Miguel Ángel. 30/01/26, Sevilla




jueves, 19 de febrero de 2026

Chica loca bisexual

  Se abre el telón y aparece una persona. Toda de colores. Las únicas palabras que conoce en castellano son “chica loca bisexual” y las usa de vez en cuando con cierta soltura.

  “Me gusta como besas. Tiene pinta de que me va a gustar que me comas el coño.” Algo después, la zona más roja de Berlín tenía una valoración sobre mis habilidades.

  El rosa de su boca no escondía lo plateado que colgaba de su nariz y fue una pena no poder disfrutar más del amarillo de su abrigo por el gris del cielo que nos encajó en mi blanca habitación, pero es lo que tiene cuando te enrollas con un arcoíris con el pelo azul, que separarte de sus ojos verdes o del añil del pulpo que esconde sus pantalones te deja con un negro en el pecho que cuesta iluminar sin usar luz cenital. El peor tipo cuando es artificial.

 

  Me sentenció a ser “novio durante diez días”, por lo que un androide se descojonó. A mí me recordó a una condena similar que tuve durante un trimestre.

  Cuando un juez dicta semejante pena, uno no puede más que asumir su destino y vivir su castigo exprimiendo cada raya que se pinta en la pared esperando el día en que te echen a la fría calle a vivir una vida a la que ya no estás acostumbrado.

 

  Como trajo el invierno desde su norte, tuvimos que refugiarnos en la primavera que esconden las sábanas y me dejó con el otoño floreciendo en mis ojos la última noche, como un cambio de estación.

 Sé que la volveré a ver porque cuando nos despedimos tuve que esperar un poco a volver a la casa y encontrarme con el desastre que era recordarla por las esquinas, así que entré en un bar a desayunar y me cobraron tres euros sesenta. Llevo mucho tiempo escribiendo, así que he aprendido un par de cosas sobre escribir, como a reconocer una historia cuando me la pone dura o a que no acaban hasta que se cierran los círculos. Por ejemplo, a este año le faltan un verano y cinco céntimos, es decir, una segunda parte.

 

Miguel Ángel. 29/12/25, Sevilla


jueves, 12 de febrero de 2026

Moon key (3/3)

Mi talón derecho comienza a manifestar una sensación de dolor extraña. Es como si una jauría de gusanos se hubiese alojado ahí y se lo fuese comiendo, pero no cejo en mi empeño de llegar y hago caso omiso. Veo a mi hermana, que está yendo a casa. No me apetece encontrarme con ella así que bordeo un parterre y una planta me pide atención al engancharse una espina con mi chaqueta, abierta.

 

Estoy a menos de cien metros de la puerta de mi casa cuando me adelanta una señora con dos palos de senderismo. A lo que he llegado, pienso. Comienza a sonar “LA Turnaround”, de Nick Waterhouse. Es una canción que recuerda a llegar a la meta y, casualmente, suena cuando llego a la puerta. Un vecino me abre la puerta y, jocoso, me comenta “ahí adelante he visto una chica que creo que conoces”, me quito un casco y sonrío diciendo “¿ah, sí? Buenos días”. Aunque no he manifestado síntomas emocionales, siento que estoy débil de espíritu y la velocidad de respuesta que normalmente tengo está algo mermada.

Abro la puerta de casa y un par de perros se alegran de verme. Uno salta y salta y huele todo mi cuerpo y la bolsa y la mochila. Atravieso la casa hasta mi cuarto, donde mi madre ha decidido poner nuevos picaportes que se quedan abiertos cuando los giras en mi ausencia. Creo que ha sido una mala compra, pero es su casa y son sus decisiones.

 

Por último, comienza a sonar “Heart Stop”, de Wax Tailor. Llego a la silla. Siento la incomodidad del sudor de mi espalda. Abro el portátil, escribo “Moon Key”, porque Monkey me parecía demasiado evidente, y comienzo a escribir.

 

Miguel Ángel. 29/02/2024, Sevilla



jueves, 5 de febrero de 2026

Moon key (2/3)

  Comienza a sonar “Banana Pancakes”, de Jack Johnson. Esta es, quizás, la canción que menos esperaría ahora. Cada paso me recuerda el tacto de la ropa, que parece una lija que me frota la piel. Veo a una mujer en patinete y siento envidia por un segundo, pero se me pasa al empatizar con su sensación de viento en el pecho y, de repente, me cuesta respirar. Decido concentrarme en eso, en respirar, pero voy perdiendo fuerza y la bolsa que voy cambiando de mi brazo derecho a mi brazo izquierdo en un baile interminable choca con el suelo, confirmando la debilidad. Respiro hondo y recuerdo los consejos que aprendí de AlAnon cuando acompañaba a alcohólicos.

  Me alegra no verme como una víctima, sino más bien como un verdugo con remordimientos. No me afecta el álgebra de la necesidad y eso es agradable.

 

  Ahora suena “The Ghost Inside”, de Broken Bells. Mis pasos son cada vez más débiles y aprovecho el balanceo de mi brazo libre para desplazarme como un péndulo. Sólo he parado en los semáforos que me he encontrado para redescubrir un sudor frío en la espalda. No me atrevería a, como normalmente, cruzar en rojo porque sé que mis reflejos están muy reducidos y, aunque seguramente pueda correr, no quiero comprobarlo. La mochila de la espalda parece mi conciencia y pesa como un muerto. Me gustaría cambiársela a las mujeres que esperan conmigo por sus esterillas de yoga. Echo de menos el yoga, pero tengo dolores en todo mi cuerpo y, sobre todo, en la espalda. Quizás me venga hasta bien, pero tengo miedo del dolor que siento sólo con el roce de la ropa.

 

  Comienza a sonar “Spoiler – Original Mix”, de Hyper. Puedo ver ya el campo de fútbol que hay junto a mi casa, así que estoy muy cerca de los antiinflamatorios que van a hacer que este trance sea más llevadero. Quiero repasar el Historia General de las Drogas y ver si me equivoqué con las dosis o quizás con los hábitos. Ahora mismo me conformo con llegar a casa.


(Continuará)