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jueves, 30 de mayo de 2024

Por contraste

Me recordarás por contraste.

Cuando en la imagen del presente se te antoje un cacho que ría, en el fondo estará mi risa.

Cuando un susurro te intente erizar la piel, en esa piel erizada, estará mi aliento.

Cuando una mano traviesa escale por tu muslo, allí arriba estará el tacto de mis dedos.

Cuando te comas una tortilla francesa, en la trufa estará mi cariño.

Cuando no me quieras recordar, me recordarás por contraste.

 

 

Te recordaré por contraste.

Cuando busque los tuyos en otros labios, cuando busque tu risa en otros dientes, cuando busque tu humor en otros chistes, cuando busque tu mirada en otra o cuando, simplemente, piense, te recordaré por contraste.

 

Miguel Ángel. 12/10/2023, Sevilla



jueves, 23 de mayo de 2024

Usted no es de aquí

Detrás de la barra de este bar, después de atender a su marido, aún abrochándose la camisa, su mirada inquisidora persigue mis labios. Intenta encontrarla, pero no puede. Esa pista que le dibuje una bandera en la sesera y, por fin, calmar su ansia de categorizar. Así que decide dejar de esconderse y preguntar a cara descubierta.

Usted no es de aquí, ¿no?

De aquí de dónde, ¿señora? ¿Me pregunta por el planeta Tierra? Respondo socarrón.

Ella titubea, así que aprovecho para sembrar aún más desconcierto.

¿Se refiere a la vía láctea?

Por fin, consigue sacarse las impurezas que le han generado mis gilipolleces y continúa. Usted no es de Sevilla.

 

 

Pues yo qué sé. Yo no soy de nadie. Supongo que tampoco de Sevilla. Si me pregunta usted si he nacido aquí, sí que lo he hecho. ¿Que si soy uno de los tuyos? ¿Uno de los vuestros? Yo voy por libre. El aire me lleva y me trae y sólo le debo lealtad a quien se la declaro. Soy de mi abuela y de los domingos comiendo con ella. Mi sangre no entona nacionalismos más allá del amor que siento hasta por los mosquitos que pueblan mi escritorio cuando escribo de noche.

Si pudiese elegir dónde nacer lo hubiese hecho en la luna, pero a mí no me preguntaron. Me echaron con esfuerzo, sudor, sangre y mierda a una toalla y poco más me alumbró en los comienzos. No vinieron reyes, ni pastores. No había mulas, ni bueyes. No vine predicho en los huesos de un pájaro, ni se reveló, mediante ángeles, mi llegada.

 

 

Sí, soy de Pino Montano, respondí con una sonrisa.

Ella no terminó de creérselo, pero necesitaba pasar al siguiente paciente a la consulta, así que recogió su bolso, su necesidad de hacerme preguntas sobre mí mientras su marido enfrenta un diagnóstico tan certero y casi tan letal como un tiro y se fue, como se van los vapores al cielo o la voluntad que me queda a los pies.

 

 

Miguel Ángel. 11/8/2023, Sevilla



jueves, 16 de mayo de 2024

Derecho de penitencia

Me nace por dentro una sensación del tamaño de una lenteja. Le doy cabida entre mis huesitos y le canto nanas para que crezca grande y fuerte. Un día le pongo nombre y otro le hago un bautizo.

Al cabo de un tiempo, presentada en sociedad, celebra sus cumpleaños con autonomía y reivindica su día internacional.

 

No sé si tiene que ver con las artes de la persuasión o, más bien, con una ignorancia premeditada y selectiva o, simplemente, ciega y presente, pero me encuentro reivindicando mi derecho a estar jodido. Ni siquiera solicito que se entienda, ni le doy cabida a la lógica, sólo a que me jode algo y que actúo en consecuencia.

Para que me entiendan, lo veo similar a poner un pie en unas brasas porque uno considerase que es la encarnación de un mesías de lo ígneo. Amplios sermones habría gastado este personaje en alguna montaña, junto algún olivo, rodeado de nuevos feligreses que le creen, o no, pero que le siguen a verle andar sobre las llamas. Y en el mismo momento en que posa su pinrel en los restos de la barbacoa se da cuenta que no, que no es tan mesías ni tan inmune.

“Creo que me he equivocado, no volverá a ocurrir”, supongo que musitaría.

Entonces, para que me entiendan, la turba le obliga a andar por el fuego.

 

Y la lenteja crece y se hace amapola, y bebo su dormidera y las nanas que le canté se me contagian. Al final, si uno aprende a notar sus lentejas, pocas veces se convierten en dragones.

 

Miguel Ángel. 18/04/2024, Sevilla




jueves, 9 de mayo de 2024

Joana quiere quedarse embarazada

Adrián iba a la casa de Joana, como suele desde hace un tiempo.

 

Joana ha soñado muchas veces. Tiene treinta y pico y va a sueño por noche. Hagan cuentas aproximadas.

Uno de sus sueños más persistentes es el de tener una criatura, bautizarla, vestirla con conjuntos que le duran una semana, amamantarla, limpiarla, disfrutar de su crecimiento y velar todas las noches que salga en su veintena.

En el proceso, Joana se encuentra con el primer gran desafío. Aquí falta un poco de certero semen, comienza a cuestionarse frente al espejo, quizás no con esas palabras.

 

Sentados, Adri y Joana se meten mano. Se han conocido por Tinder o algo así, si es que sigue existiendo tal cosa, y han aprendido a besarse sin pedir permiso y darse la pata, así que se pueden considerar domesticados el uno por el otro.

 

Adrián tiene una vida turbia. No sabe dónde coño poner los pies para que no le parezca que el suelo tiembla. No sabe qué coño va a hacer con su existencia, si es que tiene que hacer algo, o si tiene que aguantar oleadas de qué sé yo. En serio, no lo sabe él, no creo que lo vaya a saber yo.

Pero, si yo supiese qué pasa por esa cabecita. Bueno, quiere que le quieran sin tener que exponerse a querer porque le da vértigo. Quiere acertar a ser el héroe que soñaba ser de niño sin sufrir lo que tiene que sufrir un héroe. Quiere que le recuerden por hacer las cosas que él desearía hacer sin tener que hacerlas. Tiene envidia de quienes lo consiguen y se fustiga cuando mide sus propósitos cumplidos. En el proceso, se queja.

Y es entendible, todos somos así. La única diferencia es que Adri no existe.

 

Antes de que la cosa termine de caldearse, dado que ya se conocen de hace algún tiempo y Adri tiene unos ojos preciosos, Joana le explica su deseo.

Quiero ser mamá.

Muy bien.

Creo que no lo entiendes. Quiero ser mamá.

Me parece perfecto.

Quiero que tú seas el padre, tonto.

 

Aquí va un silencio prolongado.

 

¿Cómo voy a ser yo el padre?

Eres dulce, eres amable, me gustas. Pero quiero criarlo yo, no tienes que preocuparte.

Joana, tú me pareces muy cariñosa y linda, pero yo no quiero ser padre.

No lo tienes que ser, o sea, lo serás, pero sin tener que hacerte cargo.

 

Y Adri no supo si tomarse esto como un cumplido divino y único o como una amenaza de muerte. Y lo que hizo después no se puede narrar sin primero hacer un parón para coger aire.

 

Miguel Ángel. 13/10/23, Sevilla



jueves, 2 de mayo de 2024

Aplazos

Con la cuenta pagada abrieron una nueva.

 

Nos sentamos a hablar sobre la vida. Primero una, luego otra, luego otra, y yo no supe qué decir. Me comió la lengua la sonrisa sin gato, supongo.

 

Como yo me he propuesto contar algo cada semana, me siento frustrado porque podría haber desarrollado esta entrada oralmente, pero dadas las circunstancias que acontecen, me veo obligado a relatar lo que allí se dio en mi cabeza.

 

 

La vida le ponía límites de pago y ella pagaba a plazos. Al final del día, entre una y otra decisión, se comía las uñas pensando en la siguiente cutícula. Las almohadas se la engullían y sus piernas no paraban de golpear el suelo a rítmico compás. Aplazos. Esa es la definición de su actuación ante lo que viene.

Yo la conocí en uno de esos. Ella no sabía si lanzarse a una piscina de champán o darle dos saludos al sol. Su pareja, la de aquellos tiempos, era su ancla al presente y a volver a aplazar la decisión. En el aire, aún dudaba, en postura de loto, sobre si caer al líquido o alabar a la estrella.

Cuando terminaba de decidir, el tren ya estaba en marcha, pero entonces las piernas, los ojos, los brazos y hasta las encías le funcionaban a toda máquina. Y nunca perdió un vagón. Y si lo hizo, fue por vacile, porque no quería cogerlo y aún no lo sabía.

Su poder de decisión era, paradójicamente, más potente que las noches que pasaba en vela indecisa. Cuando cogía esa cuerda no la soltaba ni aunque ardiese en sus manos como pólvora sometida a llama. Y de sus ojos saltaban chiribitas que anunciaban una mascletá cósmica.

 

Y allí estaba ella, de nuevo, en una indecisión. Entre lo misterioso y lo conocido. Entre lo apasionante y peligroso y lo cotidiano y mordaz del día a día, que tanto se busca cuando no se tiene y tanto apaga la lívido cuando estás follando con ella.

Y allí estábamos nosotros. Oyendo su debate interno. Que se vaya, querían nuestros deseos para su felicidad. Que se quede, quería nuestra ansia de sus aplazos.

 

Qué musical es ver a un pájaro con la puerta abierta y saber que si lo guías saldrá, y si sale no lo volverás a escuchar cantar. Qué musical es el silencio que deja la felicidad del encadenado cuando se sueltan los grilletes.

Qué triste sería no volver a vivir sus aplazos. Qué largo se haría febrero si enero terminase con su ida.

 

Miguel Ángel. 17/1/24, Sevilla