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jueves, 29 de enero de 2026

Moon key (1/3)

  Llevo unas dos noches sin dormir más de media hora seguida. La luna parece tener las llaves de mis ojos y pretende mantener la reja abierta.

  Estoy a unos veinte minutos de mi casa, donde pretendo armarme de paracetamoles e ibuprofenos hasta que pase la marea. He estado sufriendo sudoración profusa, hiperestesia, el mencionado insomnio, cefaleas y escalofríos.

 

  La probabilidad más alta es que esto sea una infección sin más, pero la falta de fiebre o síntomas respiratorios o digestivos me alejan de esa hipótesis. Llevo sin consumir casi una semana y creo que mi cuerpo me está pidiendo otra dosis. Por suerte, este tipo de cosas me motivan a investigar y no pienso dársela.

 

  Comienza a sonar “How can I make it OK”, de Wolf Alice y doy el primer paso. En la recepción del edificio del que salgo un operario remueve las pozas y el aire está inundado de olor a mierda. Saludo a un par de personas y sigo andando. Voy tambaleándome un poco, como aprovechando la gravedad de cada uno de mis lados a cada paso. El sol es un enemigo del que me gustaría no tener que hablar, pero siento una curiosa mezcla de frío y calor que sé que no es normal porque, pese a que desearía estar completamente desnudo, veo a gente muy arropada. Al final cogeré un resfriado. Un segundo después, siento que estoy en medio del ártico. Y así, en un ciclo que no acaba.

 

  Comienza a sonar “Die Young”, de Sylvan Esso y paso por delante de un colegio donde unos niños juegan al escondite.

  Cada vez que consigo dormir, despierto una media hora después empapado en sudor y tengo que quitarme toda la ropa. No es posible que tenga tanta agua en el cuerpo así que cada vez que recupero la consciencia aprovecho para beber agua y temblar. María me está cuidando muy bien y me consiente todo, es un cielo.

  Parece que han pillado a uno de los niños, pero no estoy demasiado seguro y, aunque me resulta algo curioso, no tengo fuerzas para girar la cabeza y comprobarlo.


(Continuará)



jueves, 22 de enero de 2026

Vaho

  Lo que se esconde detrás de una puerta normalmente causa tensión; hacia un polo (miedo) o hacia el contrario (excitación). Hoy yo he abierto una puerta. No hablo de metáforas, ni símiles, ni quiero que te cuadres frente al texto buscando la tangente a las líneas que lo enjaulan. He abierto una puerta. Es blanca. No he contado cuántas veces la he acariciado ni cuántas la he abierto, pero intuyo que menos de un millón, más de 100, probablemente unas mil.

  Hoy he abierto una puerta y, automáticamente, he sentido un bofetón. Me ha paralizado oler su pelo horas después de que se fuese a cenar con su pintalabios recién re-arreglado, con su sonrisa pizpireta, con sus ojos de tigresa. Casi me da un vuelco al corazón sentir un olor, unirlo a tantos recuerdos y sentir la sensación de meterte en la ducha, salir y ver en el espejo un mensajito cariñoso entorno al vaho.

  Como este vapor de agua, su olor se volvió más liviano y llegó un momento en que no pude distinguirlo más, como su propio olor que se me antoja tan cercano y tan diario que pese a todo lo bonito que podría tener saborearlo cada segundo, mi terca torpe trastocada memoria sólo me deja relamerlo cuando me falta.

  Seré tontorrón, las almohadas, los cojines, el sofá, mi ropa, su ropa, las plantas y la comida…todo huele a ella, pero sólo pude dedicarle una sonrisa de Picasso cuando se escondió de mí, cuando la encontré donde menos me lo esperaba; en el vaho que su aliento dejó esparcido por el espejo, detrás de una puerta blanca, delante de mis narices.

 

Miguel Ángel. 15/12/18, Barcelona



jueves, 15 de enero de 2026

Tranvibus (2/2)

  Medio muerta de malestar por una gripe, tumbada en mi sofá, fue la mejor modelo que pudieron desear estos ojos. Con un chaleco de punto rojo tinto y unos vaqueros, sus pies de vez en cuando jugueteaban envueltos por unos calcetines blancos. En la parte de la suela, invisible para cualquier mortal, había un mensaje que sólo estaba pensado para mí; “smooth operator”. Su pelo es un telón oscuro que no he sabido leer como cierre hasta ahora. Siempre me pareció una entrada a su magia y no su despedida.

 

  Nuestros caminos se entrelazaron riéndonos al hablar de dónde nos pondríamos una prótesis con forma de pene. Yo en un costado y ella en la frente. Me dijo que sin vínculo no habría mordiscos y tardamos poco en conectarnos. Al rato de negarme un ticket dorado a sus bragas me permitió besarla y descubrí su forma.

  Todos tenemos una forma de besar. A ella le gustaba sin lengua. Aún así, estaba abierta a furtivos encuentros de nuestro paladar.

  Su presencia ha sido dulce, estable, serena, sexual, mágica, mística, cariñosa, cuidadora, extrema, exótica, excitante, tierna, enorme…

  Aún tengo que descubrir cómo será su ausencia. Nuestra despedida se parecía más a un día más que a una jornada de llanto en la estación de tren. Ni siquiera pude dejarla en su casa. En cuanto dejé de verla por el retrovisor se me clavó su falta entre las cejas y un par de lágrimas jugaron a hacer puenting. Me dio lástima que ella no pudiese ver el dolor que resulta de su partida y la alegría que me ha dado su compañía.

 

  No había ido nunca a un restaurante con estrella michelín. Me encantó verla sorprenderse a cada bocado. Sonreí como un niño cuando una textura rara le agradaba y nos reímos locamente de todo lo que pudimos.

  En un momento dado miré a mi derecha y vi un recuerdo bloqueado. Otro amor que se esconde. Cuánto hemos crecido, viejo. Y cómo pesa cada peldaño que se sube soltando de la mano a otra persona increíble más.

  Ha sido bonito, te echaré de menos. Lo sé, porque ya lo hago.

 

Miguel Ángel. 10/12/25, Sevilla



jueves, 8 de enero de 2026

Tranvibus (1/2)

  Sevilla entera está en obras. Hay quien dice que por las elecciones, otros porque pensaban que ya tocaba y yo pienso que realmente no importa, pero tiene un impacto decisivo en mi forma de vivir los trayectos en furgoneta.

  En una de esas, estoy en un atasco por las obras en la periferia de Sevilla y tengo que volver a casa, que está normalmente a unos veinte minutos y ha redoblado su duración por el contexto en el que me hallo.

 

  Los coches son jaulas aburridas. La gente tiene las caras sabor vinagre y rezumamos tráfico por todas las calles y avenidas. Las víctimas de los ceda el paso piden clemencia a los conductores de las arterias principales y yo dejo paso a uno que casi llora al agradecérmelo. Unos segundos después está a punto de estrellarse contra un coche en el otro carril, pero haber esquivado el golpe y la prisa que tienen todos suaviza cualquier conato de agresividad.

  En una de estas jaulas estoy yo y la carretera parece no tener importancia. Los coches dan igual. Llueve un poco, lo justo para tener que activar el limpiaparabrisas cada rato y la música me recuerda al papel por escribir. Insulso y sensual. Extraño.

  Miro al asiento del copiloto mientras me acompaña el ruido rítmico del intermitente y unas pocas gotas en el cristal. Ahí ha estado ella. Tantas veces.


(Continuará)




jueves, 1 de enero de 2026

Enero, para mí

  Enero, para mí, es el preludio de un hasta luego, un abrazo y un beso que saben a ceniza y es, también, un cuadrado en un papel, con 31 cuadritos más pequeños. Son 4 ó 5 domingos desperdigados con sus momentos buenos y sus momentos malos.

  Para mí, Enero es un monstruo con 3 cabezas que protege a Febrero del odio. Para mí, Enero son palomitas y lagrimitas. Para mí, Enero cabe en un puñal.

  A mí, Enero me enseñó lo bonito que es perder la partida rápido para aprender a engrandecer a los ganadores, para admirarlos y para imitarlos frente al espejo.

  Para mí, Enero es un ensayo fallido para el resto. Para mí, Enero es la relajación de no ser el único que se tiene en el punto de mira.

  Para mí, Enero sabe a gloss labial, a tabaco y a tacones en la mano de madrugada.

  Enero, para mí, es una afirmación a medias y un teclado para calentar las manos.

  Para mí, Enero es la segunda peor persona del local, pero es que Febrero ya está bailando con mi corazón, clavándole los colmillos en la aorta…y mientras un corazón cansado se desangra en la pista de baile, un cerebro con una camiseta de Camús invita a una copa a la segunda peor persona del local.

 

Miguel Ángel. 28/01/2018, Sevilla