Creo que a nadie se le puede
arrebatar la posibilidad de expresarse. Creo que el esfuerzo y la dedicación
dan sus frutos a poco que se dedique uno a escuchar el eco del martilleo de su
práctica en la emoción de quien la recibe.
Dicho lo cual.
Siento asco profundo
muchas veces. He tratado de evitarlo en la medida de lo posible; no meter la
nariz en lugares que me apestan a un carrito veloz en el que se cuela gente al
vuelo. Normalmente lo consigo mirando al cielo o a las entrañas, porque no
están allí; esa gente suele reptar, así que es difícil verlas volar como una
cometa si no es alzada por el templado viento de quien talento tiene y, por
amor, las vuela. Tampoco están dentro, porque su expresión es tan efímera que
sus entrañas rezuman autocomplacencia y sus emociones parecen hechas de cartón,
que se moja con las lágrimas que produce el esfuerzo, generando ñordos de
papel. ¿Sabéis que ñordo no aparece en el DRAE?
Dicen que para ser un vendido
alguien te tiene que querer comprar. Supongo que por eso habito en un palacio
de cristal del que rara vez salgo para ver el mundo rociado de excrementos que,
vapuleados en las faces de la gente, al final pasan por rosas. Al final…o no.
Porque, alejados del esperpento que resulta del remolino de elementos trémulos
aventados por los egos, cuando se disipa la corriente y caen al suelo los
pedazos que flotaban elevados por el soplo del Júpiter de turno, entonces es
cuando mi mezcla de envidia y rabia disfrazada de asco se convierte en
carcajada. Cuando toda esa aceleración se convierte en lo que nunca dejó de
haber sido. Mierda a la velocidad de la luz. Perdiendo hasta su sentido como
abono persiguiendo el ideal de la estrella fugaz a la que pedirle el deseo.
De rodillas, en lugar de pedir,
exigen, amorrados a la teta de la loba.
Y moriré buscando la tecla. El
morfema. La palabra. El sintagma. La frase. Moriré en la búsqueda de esa
composición que suene a melodía en la cabeza. Intentando que de estos
sentimientos que tienen colores oscuros surja una llama templada en tus ojos. Y
de repente son estrellas. Y aquí sigo yo, dudando entre falta o exceso de
criterio. Y aquí sigo yo, menudito y yermo de ese sugardaddy que me subvencione
un ego.
Miguel Ángel. 1/3/2024,
Sevilla



