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jueves, 28 de marzo de 2024

hipî y catarçî

Creo que a nadie se le puede arrebatar la posibilidad de expresarse. Creo que el esfuerzo y la dedicación dan sus frutos a poco que se dedique uno a escuchar el eco del martilleo de su práctica en la emoción de quien la recibe.

Dicho lo cual.

 

Siento asco profundo muchas veces. He tratado de evitarlo en la medida de lo posible; no meter la nariz en lugares que me apestan a un carrito veloz en el que se cuela gente al vuelo. Normalmente lo consigo mirando al cielo o a las entrañas, porque no están allí; esa gente suele reptar, así que es difícil verlas volar como una cometa si no es alzada por el templado viento de quien talento tiene y, por amor, las vuela. Tampoco están dentro, porque su expresión es tan efímera que sus entrañas rezuman autocomplacencia y sus emociones parecen hechas de cartón, que se moja con las lágrimas que produce el esfuerzo, generando ñordos de papel. ¿Sabéis que ñordo no aparece en el DRAE?

 

Dicen que para ser un vendido alguien te tiene que querer comprar. Supongo que por eso habito en un palacio de cristal del que rara vez salgo para ver el mundo rociado de excrementos que, vapuleados en las faces de la gente, al final pasan por rosas. Al final…o no. Porque, alejados del esperpento que resulta del remolino de elementos trémulos aventados por los egos, cuando se disipa la corriente y caen al suelo los pedazos que flotaban elevados por el soplo del Júpiter de turno, entonces es cuando mi mezcla de envidia y rabia disfrazada de asco se convierte en carcajada. Cuando toda esa aceleración se convierte en lo que nunca dejó de haber sido. Mierda a la velocidad de la luz. Perdiendo hasta su sentido como abono persiguiendo el ideal de la estrella fugaz a la que pedirle el deseo.

 

De rodillas, en lugar de pedir, exigen, amorrados a la teta de la loba.

 

Y moriré buscando la tecla. El morfema. La palabra. El sintagma. La frase. Moriré en la búsqueda de esa composición que suene a melodía en la cabeza. Intentando que de estos sentimientos que tienen colores oscuros surja una llama templada en tus ojos. Y de repente son estrellas. Y aquí sigo yo, dudando entre falta o exceso de criterio. Y aquí sigo yo, menudito y yermo de ese sugardaddy que me subvencione un ego.

 

Miguel Ángel. 1/3/2024, Sevilla



jueves, 21 de marzo de 2024

Colores

Con mis pinceles de colores dibujo el mundo de color,

Qué pena en mi alma que el negro sea elección.

Las nubes son grises y los árboles caducos. Sus hojas ya no vuelven, el otoño las mató.

Coge el hortelano su hoz y arranca los matojos, de sus pobres aperturas amanece un caldo rojo y su pregunta al cielo despierta “¿será este mi último sueño?”

Abriendo la mano mi mundo sonríe, ¡se acaba el hambre y florecen las flores!

Sin embargo, no tarda el viento en enfriar la carne y se busca cobijo en el corazón, que bombea y bombea y desiste. Roto el hechizo, golpea el sol, calienta tu camisa y mi pantalón; duermen ilusiones y el mundo descansa. El negro ya no pinta, ahora sólo dibuja manchas.

 

Miguel Ángel. 28/02/2014, Sevilla



jueves, 14 de marzo de 2024

Pilares

Se me resquebrajan dos columnas. Siento como crujen y vacilan.

Yo pensaba que me sostenían y se ve que habré aprendido a andar con zancos o alguna otra cosa. Cada vez más, mis pies se volvieron livianos hasta abandonar el soporte que me ofrecieron, si eso, alguna vez.

 

Puede que esté pecando de tomar el pulso mal y rápido pero su ausencia y la frialdad no me dejan muy a tono otra respuesta que no sea más que la apnea más fatal. Y que mezclar corazones y pulmones puede ser mala idea, pero no por poco se llama cardiorespiratorio.

 

Sentados, escapándonos. Primero huimos hacia una pantalla y luego jugamos a formar ángulos divergentes con las pupilas. Ahorrando el sinsentido de conocernos, el entretenimiento parece ser la única salida y dirigimos nuestra orientación a escapar de ser humanos, y la razón última se me escapa. ¿Cuándo nos volvimos fugitivos unos de otros? ¿Cuándo dejamos de interesarnos? ¿Cuándo la casualidad fue la única razón que nos sirve para juntarnos?

 

Miguel Ángel. 9/2/24, Sevilla



jueves, 7 de marzo de 2024

Cada mañana sale un sol

Cada mañana suelo escuchar las últimas noticias políticas y económicas. Es una forma algo triste de empezar el día, pero me ayuda a tomar decisiones de inversión y que, si me encuentro el tema del día en un bar o en una estúpida discusión familiar, poder demostrarme una vez más que como seres estamos obsesionados. Obsesionados con esa insana pretensión de generar una conclusión definitiva de un asunto tremendamente complejo en el segundo después de recibir el más mínimo paquete informativo. Me gusta saber por dónde van los tiros y esquivarlos. A ser posible, explicarle a mi contertuliano que da igual, que todo da igual. Así soy yo, como Batman, pero en bata, por las mañanas, preparándome para enfrentarme al mal.

 

En X, antiguo Twitter, solía entrar al trapo de veinte millones de peleas dialécticas al día sólo por demostrar que sabía algo de lo que se tenía que saber ese día, que no era nada concreto, ni siquiera peremne. Flores de un día, o una semana, o un mes, que nos tuviese alejado de nosotros, de la vida y de los verdaderos estambres.

 

Y, por eso, yo seguía vigilante, para no volver a entrar. Para estar fuera desde dentro. Para cabalgar incoherencias, que algunos llaman.

 

Y, entonces, entre la llamarada de información que ni me va ni me viene, que me aleja del espíritu y de lo humano, allí, a las once de la mañana de un domingo, el sol entraba oblicuo por mi ventana. Es una de las pocas horas en las que entra a saludarme, y da en mi cama y la pared junto a ella. En un par de horas desaparecerá. En mi cama estaban mis pies, en mi mesa el desayuno a casi terminar, y yo con mis ojos en la ventana mientras desde el altavoz alguien entonaba uno y otro escándalo y otra y una acción.

 

El sol me calentaba los pies cuando ocurrió. Bailoteé un poco con la sombra de la reja sobre la piel que cubre mis metatarsos y escuché que alguien estaba haciendo sonar “La Flaca” de Jarabe de Palo. No la escuchaba bien por las noticias así que las paré. Inundaba la plaza que compartimos unos cuantos edificios de vecinos inconexos que se quitan el sol unos a otros. Los naranjos están bellísimos. Los pájaros estaban gritándose cosas, como si fuesen napolitanos. Una ligera y fresca brisa entraba por la mosquitera y se me dibujó una sonrisa.

 

Al poco, estaba asomado a la ventana en la que una chica se manchó los brazos de veneno para hormigas hace algún tiempo buscando un orgasmo y me dejé acariciar por el sol en la cara. La camella musical seguía anónima y la canción iba muriendo en mi pabellón mientras dentro me crecía la vida y los pájaros siguieron cantando.

 

Por hoy, las noticias pueden esperar. Si alguien me habla del tema del día en unas horas les hablaré del tema de estar vivos, a ver si me lo saben rebatir.

 

Miguel Ángel. 3/3/2024, Sevilla