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jueves, 28 de diciembre de 2023

Relaciones diplomáticas

Yo te miro y me entran ganas. No se me quita de la cabeza la posibilidad de hacerlo, y no entiendo por qué lo prohíben. Después de todo, no encuentro la posibilidad aún de dejar de ser ciudadano de algún lugar, no vaya a ser que me caiga de alguna clasificación.

Viéndome obligado a ser siervo, uno se plantea dónde doblaría la rodilla con más sinceridad. Es entonces cuando me planteo cómo sería:

 

Cantarte un himno entero o abrir una embajada en tu cadera. Ser propagandista de tu risa o escrachar tus malos días. Demagogo en cada cena y cronista de tus canas.

Quiero sentir el mundo entero, votarte con los pies, inmigrarte hasta la médula y que te cobres mi bruto producto interior en besos impuestos.

Que se reanuden las relaciones diplomáticas entre tu lengua y la mía y que cada peca tuya esté censada en mi administración, que todos mis centímetros te presenten el DNI o que te pintemos banderas con las sábanas los domingos por la tarde.

 

Que me des un mitin desde arriba convenciéndome de invertir en tus costillas, que me subas el presupuesto en defensa con abrazos o que aceptes sobres con cartas como soborno.

Que se sindicalice el cariño y exija subidas salariales armándome piquetes en la puerta, que aumente la productividad en la cama un trescientos por cien y que no haya paro bajo el pericardio.

Que no seamos pobres de espíritu, que nos corroa la libertad de tener que responsabilizarnos de hacer las cosas bien.

 

Qué bonito sería si pudiese ser súbdito en tu estado o rebelde en cualquier otro, cantándote alabanzas y brindando siempre a tu salud. Qué bonito sería tener el carné de tu carcajada y asociarme con tus manos para cuidar tu silueta. Qué bonito sería si mi único estado, de materia y de adscripción, fueses tú.

 

Miguel Ángel. 19/12/2023, Sevilla



jueves, 21 de diciembre de 2023

Dioses y mamadas (Ganadora del I CERTAMEN NACIONAL DE MICRORRELATOS ESPAI JOVE "METAMORFOSIS")

En algún lugar del mundo, un joven escala una montaña o pelea con un león. En algún lugar del mundo, alguien sube a una patera o vende melones. En algún lugar del mundo, una joven quita el seguro de su pistola y apunta a la nuca de un turista gordo. En algún lugar del mundo, ahora mismo, la juventud se escapa en un rito de madurez y de una crisálida con la manga llena de mocos nace un adulto (dis)funcional, con sus pagos a Hacienda y sus “es la primera vez que me siento en todo el día”.

¿Qué es la juventud? ¿Por qué se pierde? ¿Se pierde o se abandona? ¿Es algo que pasa en un segundo o que, como el pelo, muta segundo a segundo? ¿Se es joven por montar un monopatín? ¿Se deja de serlo cuando tu nombre está asociado a una hipoteca?

Chilly Gonzales menciona en una canción suya que ve la cara de Dios en una mamada y la verdad en Eric Cartman. Yo no veo demasiado, se me ha tenido que meter algo en los ojos.

El futuro parece una nube de polvo negro que se mete en los pulmones y quema. El futuro es una bola de cristal a punto de romperse en el suelo. El futuro está escrito con tinta invisible y sangre.

No hay un oasis a lo lejos, todo es desierto. La arena que abraza nuestros pies se arremolina y entra en los nervios ópticos. Se pierde a Dios en la mamada. Se pierde la verdad de Eric Theodore Cartman. Se pierden como el agua en el torbellino que forma el wc.

La orina salpica y forma hermosos paisajes en su pantalón. Embriagado, va en zigzag como si el mundo girase, pero parece que paró hace tiempo. Embriagarse parece la única forma de hacer que vuelva a girar.

Fentanilo como plaga. Chinches como plaga. Guerras como plaga. Parece que ahora todo es una infección. Será interesante encontrar una cura para esta desidia. Ya ni una muerte eriza un pelo. Vídeos snuff corren más que Usain Bolt por canales más oscuros que el alma de un tiktoker. No quedan lianas. No queda otra moneda. Last coin, última partida.

Eternos niños. En un paréntesis de cuidados y desesperanza. Ahí se mecen. Como los elefantes en una tela de araña. Y parece que cabe otro más. Parece que no se va a romper. Parece que aguanta. ¿Por qué no traemos a otro?

Una generación perdida, enterrada por la que vino antes y amenizada por la que viene después, que sobre su tumba bailotea, aún con la arena caliente, recién removida.

Los cuervos que sacan ojos están hoy en huelga. Vendrán mañana. Hoy sólo quedan buitres que destrozan hígados. Alguien se traga un trankimazin y el mundo le brilla. Su cuerpo no funciona. Su mente vuela. Volverá a tragarlo mañana. Puede que varios. De alguna manera habrá que devolverle la luz a toda esta sombra.


Miguel Ángel. 25/10/2023, Sevilla



jueves, 14 de diciembre de 2023

Piquito de oro

Me han dicho que he ganado un certamen literario y el cielo se me ha caído encima. Creo que voy a vomitar.

 

Hace muchos años, Hiniesta me dijo que tenía un piquito de oro. Tendríamos unos diez años y pasó, por aquel entonces, sin pena ni gloria. Yo siempre me he visto unos labios más bien carnositos, tirando a lo opuesto en textura de lo que se podría esperar de un metal noble. No es que fuese extremadamente callejero yo, lo que quiero decir es que no era precisamente palaciego un piso en el que difícilmente da el sol.

 

Desde no hace mucho creo que las palabras tienen poderes y que seleccionarlas cuidadosamente es la única responsabilidad que tiene un iniciado en sus tretas. Si no las eliges con precisión pueden llegar a causar tsunamis en otra parte del mundo cuando tienen la potencia, elasticidad, dureza y terciopelo requeridas.

 

Hoy no quepo en mí. Mi alma bota y rebota entre las celdas de marfil que la contienen. En uno de sus retumbes me vibra el corazón y en el otro se me vacía un pulmón.

 

¿Y si he aprendido, finalmente, algo de magia? Me imagino curando la tristeza, curando el aburrimiento, curando la soledad, curando la espera, el llanto y la manía. ¿Y si desde aquí puedo disparar a matar a un monstruo? Qué cómodo sería que Hiniesta me sentenciase a seguir teniendo un pico de oro, o al menos, a creerlo. Qué dulce sería creer que no les regalo alquitrán.

Y del alquitrán salen flores. Y las huelen.

Y a mí ahora, el alquitrán me revela cierto encanto. A lo mejor no era tanto el chapapote como el camino que construye al secarse entre tú y yo.

Lo mismo sirve para algo y dejo de gritar aquí solo.

Quizás pueda hablar así conmigo mismo. Quizás lo puedas hacer tú.

 

 

 

 

¿Un piquito?

Miguel Ángel. 12/12/23, Sevilla



jueves, 7 de diciembre de 2023

Inma quiere su entrada

Inma cree que salir aquí es sinónimo de estrellato o de gloria. Como si ser zarandeado en una cruz frente a Belén fuera el camino del mártir que lleva a la Biblia. Esto no es más que un paseo por los dedos de alguien a quien le dieron pensamientos más rápidos que su lengua y sentimientos más ocultos que sus lunares.

Cuando se acumulan las voces no dichas y las que se dijeron mientras se derramaba sangre sobre un asfalto, puede que, sobre un paso de cebra, florezca ahí, entre las grietas del alquitrán, un pétalo y corra el polen a nado a tirarse a volar y lo enganche una abeja y llegue, de suerte, a una gasolinera, donde alguien reposte para huir, y se lleve el tajo de la fruta que crece molida en mis entrañas. Y lo mismo tiene que combatir con el humo a ver quién es más negro. Lo mismo le ponen buena música. Lo mismo escucha un podcast. Lo mismo van en silencio.

 

Y los nombres vienen y van, el recuerdo se agarra a ellos como si eso impidiese que las caras se borren con una goma de color sepia. Los peinados, los pantalones. A veces Tuenti me tiene que recordar quién fui porque me vuelvo un dibujo animado en mi memoria. Y aquí quedan, fotograma a fotograma, todas esas desdichas que soy incapaz de recordar si no nacen de mis dedos, presionando con una sensualidad que no me regala la masturbación, en un torbellino que arranca la miasma que mi garganta acapara, como si algún día se fuese a acabar y tuviésemos que hacer acopio.

 

Algún día, Inma, puede que leas esta entrada. Lo más probable es que no. Y algún día, también, se nos caigan el culo, las bolsas de los ojos y, algún otro día, hasta los pies en una urna. Algún día, Belén cerrará las puertas y quien venga sólo podrá ver todo lo crucificado frente a la entrada. Algún día, de toda la ciudad, sólo quedará el recuerdo de todos los pecados que se purgaron de camino a ella, para no olvidar. Un camino para no olvidar. Qué bonito sería que así de fácil no se volviese uno a colocar clavos en la mano.

 

Miguel Ángel. 09/11/2023, Sevilla