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jueves, 26 de octubre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Cuarta parte)

(Tercera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)

Unas semanas después, agosto irrumpió en nuestras vidas con aires de más de cuarenta grados.

No se equivoquen, amo y echaba de menos las altas temperaturas. Me muevo bien en la hipotensión y salir a la calle sólo de madrugada, cuando la buena gente puebla las calles justo antes de pisar las trenas.

Sin embargo, una amiga vino a casa a comer trufas mágicas, y aunque esa es otra historia, ella era incapaz de disfrutar, como yo, de las bondades de una buena ebullición a nivel celular. Fue entonces cuando pidió, jadeante, no por las razones más poéticas, que encendiese el aire acondicionado.

Unos quince minutos después, aún seguíamos ardiendo y el pasillo que había al otro lado de una puerta cerrada parecía más frío que nuestro pequeño iglú donde pretendíamos fundar Nueva Siberia.

Llegamos a la conclusión de que el aire acondicionado no funcionaba demasiado bien y cambiamos los aires por ventiladores mientras esperábamos el martillazo de algún dios.

 

Unos días más tarde pude hablar con mi madre sobre el tema. Ella me dijo que el aire acondicionado funcionaba perfectamente. Le pedí que lo probase mientras le hacía bromas. Efectivamente, el aire no funcionó, pero tardó unas cuatro visitas mías a por agua en aceptarlo. Entonces, con la mano metida en una máquina que, supongo, le lee el futuro mientras le seca las uñas, me comentó, desinteresada, “tendré que llamar a este hombre para que se pase, ya en Septiembre” le pregunté cuánto le había cobrado. Fueron cincuenta euros.

 

 

Maldito macrogloso, yo confiaba en ti.

 

Miguel Ángel. 22/08/2023, Sevilla



jueves, 19 de octubre de 2023

Rocío no sale los viernes

Se me aturulla un pensamiento en la garganta y por mucho que lo quiera vomitar siento como si una bandada de pájaros hubiese querido asentarse en el interior de mi cuello. De cada una de las cuchilladas noto como usan mis cuerdas vocales para crear sus nidos y mi voz se pierde, como se pierden las horquillas, las gomillas y la vergüenza, en el eco de un eterno silencio que resuena como el chillido de un niño. Agudo. Gutural. Dehiscente.

 

El torrente de estímulo sigue hasta que sale todo el agua y queda sólo un pueblo inundado, una viuda llorando y el recuerdo de una vida feliz antes de que abriesen las compuertas. En este mundo me sobra la sinceridad impostada, también echo de más tener conversaciones de ascensor, hablar por matar al silencio como si fuese un enemigo o que me abran caminos que no van a ninguna parte, sólo por el hecho de andar, sabiéndolo desde el comienzo.

 

Como decía, de repente, el silencio. El silencio atronador, el silencio ensordecedor, el silencio corpóreo. De repente, hablamos con pasos porque las palabras se volvieron asfixiantes. Ninguno perdió la sonrisa por no revelarle al otro que uno la había cagado y el otro se estaba ahogando, por no parar la fiesta y porque hablar de lo que se siente a veces es más de lo que se espera de hablar.

 

Hace años decidí, no sé si sabia o estúpidamente, que mis sentimientos no eran un tema interesante. Los fui aparcando en papeles en blanco para que pudiesen salir cuando alguien los quisiese reanimar y no cuando me revientan el pecho con un ariete, dispuestos a salir en forma de raíces y acaparar todo el cuerpito que los acompaña con hojas, savia, pétalos, estambres y pistilos.

 

Rocío no sale los viernes. Al menos, algunos viernes. A veces, es mejor quedarse en casa que salir a pasárselo bien en una cuneta. Con dos disparos.

 

Miguel Ángel. 10/10/2023, Sevilla



jueves, 12 de octubre de 2023

El misterio y sus pellizcos

Yo quiero decir que me gusta estar así, pero no quiero. Si no quiero, ¿para qué lo hago? Pues porque se me antoja única la posibilidad de encontrarme con mi némesis. Conmigo mismo.

Único, particular, en los márgenes. Así me veía yo. Ahora veo que la anilla que me conecta al cuaderno que es la vida pasa por el margen de debajo, y allí se ve una cintura vestida con falda larga.

 

Y yo quería ser yo contra el mundo. Yo quería ser Nietzsche rechazado o Baudelaire con su judía, bizca y calva.

 

Sin embargo, allí, tumbados en el sofá, en ropa interior, intentábamos que ningún átomo cupiese entre su cuerpo y mi vientre. Los muelles que lanzan la sangre desde el centro de mi pecho estaban oxidándose sólo de verse en el futuro aún pegados y disfrutando la sonrisa que se me dibujaba en el córner del ojo, a la altura de su boca.

 

¿A qué escritor no le parecería interesante la propuesta consistente en saltar, sin mirar, a una piscina llena de jeringas conectadas a agujas que chupan la tinta del alma inquieta y estúpida de poeta que no sabe rimar? Yo qué sé, seguramente me vine arriba pensando que sabía darle giros de guion a mis entradas, que tenía dominada la técnica, que era un dios para los actores que correteaban entre mis líneas, y vino el destino a explicarme los trucos que no me sabía en forma de viernes en el blog.

 

«Hay un invencible gusto por la prostitución en el corazón del hombre, del cual procede su miedo a la soledad. Quiere ser “dos”. Pero el genio quiere ser “uno” …Es este temor a la soledad, la necesidad de perderse a uno mismo en la carne externa, lo que el hombre noblemente llama “la necesidad de amar”.»

Charles Baudelaire

 

Miguel Ángel. 01/10/2023, Sevilla



jueves, 5 de octubre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Tercera parte)

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_0655200506.html)

-¿Dónde eztán loz aidez?

-Tiene uno al fondo y otro aquí.

-Ah, pedfecto.

 

El hombrezuelo se puso a trabajar sobre aquella faena para, al poco, interrumpir a Brahms para preguntarme dónde estaba la caja esa que sale de las fachadas y arroja infierno para entregar cielo en los hogares. Era inaccesible. Quedó conforme. Volví a estudiar. Volvió a interrumpirlo con el motivo de preguntarme qué le pasaba al aire del fondo. Yo lo ignoraba. Llamé a mi madre. Repetí, en voz alta, todas sus frases. “Si está bien que no lo toque”.

Se dirigió al otro aire, que sí tenía su defecto, aparentemente. Volvió a preguntarme por la caja. Hace muchos años, en mi casa se hicieron obras para quitar una terraza y que se la tragase el salón. El lateral de la terraza no era demasiado grande, pero a alguien le pareció una maravillosa idea dejar una ventana en ese mismo espacio, que ahora cumplía las funciones de la mejor aspillera medieval. El único punto de acceso a la caja. Inaccesible para cualquier persona que no esté diseñada en 2D.

-Hoy no poddé addegladla. Tenddé que id a pod un [Aquí insertó mucha jerga técnica que no entendí, usando muchas palabras a las que me costó no contestar con un “esto es broma, ¿no?”] y entonces vendddé con una ezcaleda y le pondddé la nueva.

 

Me despedí de él en la puerta habiendo asistido a un espectáculo técnico algo humorístico y le estreché la mano y le toqué el hombro. El tío estaba realmente fuerte. Pensé en lo que me había costado no reírme en su presencia y el respeto que había desarrollado por él en tan poco tiempo; no sería el mejor orador, pero el tío sabía de lo suyo. Era un buen técnico de aires que seguro que repartía alegría por toda Sevilla en verano, mucho más que yo con mis agujas. Mientras contaba la historia en un audio de whatsapp le vi pasear por la calle mirando la caja y supe que el pavo era un profesional. Me sentí orgulloso de haberme topado con él.

 

(Cuarta parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_26.html)

Miguel Ángel. 22/07/2023, Sevilla