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jueves, 25 de enero de 2024

Tiempo al tiempo

Hoy es 23 de noviembre de 2023. Es el penúltimo veintitrés del año y se me antoja corto, como si, parafraseando “alguien me hubiese robado el mes de abril”.

Recuerdo ser niño y mirar al reloj con rabia, como si no fuese a la velocidad a la que yo quería que fuese. Deseaba llegar aquí por la libertad que representa el tiempo cargado en la espalda. Tus propias normas, tus propios caminos. Tus propios errores, le faltó por imaginar al niño.

 

En algún momento, recuerdo reflexionar que empecé a pensar que el tiempo pasa igual y me decidí a volver a estudiar porque sabía que llegaría un día en que miraría hacia atrás y diría “pues ya está” en lugar de “podría haberlo hecho en este rato, total, no hice nada”.

 

“Joder, cómo pasa el tiempo” y dos personas se miran sonrientes por la calle, mientras yo lío un cigarrillo junto a mi ventana con una humedad relativa baja, de acuerdo con mi higrómetro. Será que los ojos se cansaron de llorar después de tanto tiempo, después de tantas viudas y tantos huérfanos, después de tantas despedidas y después de tantas y tantas noches largas como un segundo en la cabeza de un niño y tan cortas como una vida en la del viejo.

 

Recuerdo sangre, no mía, en la mano. La recuerdo en mis pantalones, en mis zapatos e, incluso, en mi cara. Al principio caliente, o fría, según el caso, pero húmeda. Al poco se va volviendo una especie de gelatina y algo después se vuelve una costra seca y se refugia en cada uno de los pliegues que tenemos en la mano, como un mapa rojo que no indica ningún tesoro. ¿Cómo será el tiempo para esos glóbulos rojos que, de un momento a otro, pasan de insuflar vida a reflejar muerte en las manos de quien menos esperaban?

 

Si pudiese rebobinar, ¿a cuándo iría?

 

Miguel Ángel. 23/11/23, Sevilla



jueves, 18 de enero de 2024

Infelices por no ser felices

A ti, querido amigo:

 

Pelearlo y a la yugular no es mi rollo.

 

Mi amigo Samu considera que “no es que hayas perdido un tren que no volverá a pasar; es que te has bajado cuando estaba en lo mejor” y creo que tiene mucha razón. Frenar en seco cuando vas tan rápido, inexorablemente, trae pareja una hostia de campeonato.

 

 

Abrí esa botella de vino tinto y vertí su contenido en una copa, a estrenar, que había en la casa. Cogí un paquete de palomitas y lo metí en el microondas. Cada uno de los granos que estallaban, como en una guerra interminable, como el cielo cuando petardean las estrellas, desprendía su aroma por toda la habitación y, poco después, se mezclaba con la ligera brisa que acariciaba mi salón-dormitorio, entrando por el ventanal desde el que veía el mundo.

Recuerdo disfrutar el tacto del vino en mi paladar y no molestarme que me dejase los labios completamente pintados. El crujir del antiguo maíz en mi boca era la sensación más parecida a “comerse el mundo” que se me antoja. Mientras el cielo de Tenerife me regalaba su viento, que venía directo desde el mar que arañaba las piedras de la playa de las américas donde alguna pareja disfrutaba su pasión al atardecer, yo besaba la gloria.

Después de cenar y de aprender a abrir un coco, seccioné el fruto por primera vez y bebí su jugo que resupo en mi boca como beber del estanque del paraíso, y la noche se apagó en mis ojos, y su dulzura me dieron ganas de llorar.

 

Un mes antes, los ahorros con los que fui a la isla se agotaban, no tenía trabajo por mucho que cholease kilómetros de un lado a otro y seguía una estricta dieta que contuviese la cantidad y calidad más barata posible. De repente, el cielo se abrió y conseguí un trabajo y recibí mi primer sueldo. Aún recuerdo una compra “de lujos” para celebrarlo, consistente en una botella de vino de dos euros, un paquete de palomitas al microondas y un coco. Aún recuerdo, en lo que dura la vida de tres pitidos en un supermercado a acostarme esa misma noche, alcanzar la cima de la felicidad.

 

Ahora que lo pienso, no soy de pelearlo y a la yugular, pero sólo abandono el ring en brazos; o porque he ganado o porque he perdido el conocimiento. O no, pero qué bonito suena.

 

Miguel Ángel. 16/12/2023, Sevilla



jueves, 11 de enero de 2024

Destino (segunda parte)

 (Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2024/01/destino.html)

Bien entrada la noche, con su luna, sus estrellas y su frío, que sucedía al otro lado del hormigón y las ventanas, unas pocas personas hablábamos de la alegría y de las miserias que tiene la vida.

Nos organizamos para descansar intermitentemente y hacer así más llevadero el turno, sin embargo, yo creía no poder disfrutar de microparadas en contraste con un verdadero sueño reparador y usé mi rato en hablar.

 

Creía recordar, de antaño, despertarme confuso en mitad de alguna noche, sin demasiadas fuerzas para atender a alguna emergencia y, supongo, eso está ahí, aferrado a mi inconsciente, gritándome que una muerte evitable o una secuela irreparable están esperando a mi cerebro por encender para susurrarme una carcajada poderosa al oído. Y a mí me gusta reírme, no que se rían de mí. Si acaso, conmigo. Buenas risas hemos echado la muerte y yo. Algún día os contaré una bonita historia sobre esto, el cáncer y un apósito.

 

Al tiempo, mi rato acabó y tocó a la siguiente persona, y a la siguiente, y a la siguiente. No obstante, en honor a la verdad, nadie durmió. Ojipláticas, mis compañeras se fueron fusionando conmigo, vocalmente, en un vórtice de filosofía, historia, arte, matemáticas, física y un variado de temas de esos que gestiona la entropía típica de una primera conversación donde se han soltado los lazos que nos atan a la parte menos vulnerable de nuestros intereses. “¿Cómo vamos a dormir con las cosas que cuenta este niño?” se atrevió a decirle una a la más cansada, que ligeramente se quejó, echada, sin poder dormir tampoco.

 

En realidad, no saber cuál es nuestro destino es lo más parecido a que no exista porque, que se tenga que cumplir no quiere decir que no tengamos una responsabilidad en cada cosa que decimos o hacemos.

 

Consideré que quizás mi destino era ser el que da el sermón de la montaña. Esperé que no porque siempre preferí ser el que se lía un pitillo al fondo junto al narizotas de Napia City.

 

Miguel Ángel. 30/12/2023, Sevilla




jueves, 4 de enero de 2024

Destino

Me desperté tarde, hice yoga y salté a la comba, porque es día par y eso pasa casi todos los días pares.

En algún momento llegué a la ducha, sin haber comido nada en las últimas veinte horas. Dejé marchando el altavoz con el “Behind blue eyes” de The Who y, justo cuando el agua empezaba a calentarse, el altavoz se apagó.

Asumí, con la entereza que pude, que iba a ser una ducha en silencio. Así, comencé a recordar lo que pasó hace casi un día.

 

Llegué a mi primer turno como retén en un hospital de Sevilla. Llevaba más de tres años sin pisar uno, en general, pero los olores son internacionales, como las caras por los pasillos y la deshumanización que trae acercar el proceso fabril al trato con personas.

Iba calmado, pero no sabía muy bien por qué, como ajeno a que podría encontrarme cualquier cosa y mi experiencia estaba en algún lugar recóndito de mi memoria. Supongo que esto está relacionado, de alguna manera, con mi pasión por saltar de sitios altos y ver el suelo acercándose, recordando que, por el momento, todo está bien.

Llegué a una salita donde un señor con barba me esperaba. A mí y a otros re(h)tenes.

 

- ¿Cómo te llamas?

- Me llamo Miguel Ángel.

- Vaya, parece que no tienes destino.

 

Podría haber sumado un “aún” a esa frase, pero decidió no hacerlo.

Me hubiese gustado replicarle “dime algo que no sepa” pero creo que quedaba por encima de mi estatus como iniciado el tomarme esas confianzas.

 

Yo creo que el destino sí existe. Creo que no es una especie de misión divina, sino más bien algo inexorable. Al fin y al cabo, las decisiones que tomamos y ejecutamos, segundo a segundo, son permanentes. ¿Qué diferencia a las decisiones por tomar de las ya tomadas más que nuestra ignorancia? Supongo que ese es el problema, que la ilusión de un libre albedrío que nos puede salvar de algo que tiene que pasar, sí o sí, es reconfortante y a la vez, emancipador.

 

Mis pensamientos, siempre en el pájaro y nunca en el meteorito a punto de rozar la atmósfera, se interrumpieron con una asignación.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2024/01/destino-segunda-parte.html)

Miguel Ángel. 16/12/2023, Sevilla