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jueves, 28 de noviembre de 2024

Herencia de herencia

  Sí, me disocié.

  Ahora lo sé, casi medio año después.

 

  En aquella salita donde no paraban de sucederse los esperpentos, hubo un momento en que el aire se enrareció. Entonces no lo supe. Veía cocodrilos que mordían madera, cigüeñas francesas y hormigas de parranda mientras gente se gritaba, llevaban ropajes raros o, en medio de la tensión, dejaba de funcionar lo único que les unía, creando un clima parecido al que trae un huracán después de pasar por un concesionario.

 

  Cuando esa misma tarde dejé que mis dedos dibujasen con su particular braille un bodegón con las frutas más presentes de esa mañana yo pensaba que jugueteaba a imaginar y me divertía, pero sólo estaba recordando.

 

  Tuvo que ser óxido nitroso. Lo que había en el aire. Gas de la risa. Disocié y salí del mundo para entrar en el de Alicia en el País de las Maravillas. Como un buzo cuando, confiado, se deja caer hacia su espalda y en un plash cambia de plano. Humpty Dumpty me dio la bienvenida desde un muro y no le devolví el saludo. Qué niveles de educación tan bajos estoy desarrollando.

 

Miguel Ángel. 04/06/2024, Sevilla



jueves, 21 de noviembre de 2024

Amor a quemarropa

  Quentin Tarantino cuenta en su haber con una película que desconocía. Realmente él no la dirige; escribió el guion. Se llamó True Romance y en España la tradujeron como Amor a quemarropa.

 

  La primera vez que escuché su voz la oí como una voz. Como cualquier otra voz. Hoy, la escucho y siento la alegría del cachorro que mueve la cola junto a la puerta.

 

  En ella, un, para mí, eterno Mr. Robot en la serie homónima, Christian Slater se enamora, siendo muy jovencito, de una Patricia Arquette que cae igualmente rendida al otro tras una noche de pasión con factura.

 

  A veces la veo bailar y mirarme y quiero que me mire así toda la vida. Y quiero mirarla así toda la vida. Entiéndanme, por favor, he conocido amores y espero conocerlos, he conocido a personas y espero conocerlas más, y conocer a otras tantas otro tanto.

 

  Por no destriparles, ambos se crecen como pavos reales junto al otro. No porque quieran fardar, sino porque se potencian tanto que se desarrollan en cuestión de segundos, en cuanto conocen a la otra parte de una reacción química potente. El equivalente en Tik tok serían mentos y coca cola.

 

  Y hace algo y me hace gracia. Y hago algo y le hago gracia. Y, al final, acabamos los dos descojonados en un pasillo, llorando de la risa como nunca me he reído con nadie. Hay algo en nosotros, no en ella, ni en mí, que es como una fuerza magnética y constructiva.

 

  El final, sin embargo, llega cuando hay que abonar la factura de tanto desfase. El amor, ya saben, no es eterno en su intensidad, como no lo es ninguna reacción química. Pueden parecernos largos y lacerantes o ardientes, cortos e intensos, y por mucho que podamos experimentar subjetivamente, siguen siendo un tiempo en presente que llega a ser pasado en algún momento. Los que más duelen, me ideo yo, son esos mismos; los que acaban sin haber acabado, cuando la separación es involuntaria y nos deja huérfanos del resto de sustancia para seguir quemando energía, y ahí sí parecen infinitos.

 

    El mundo, con todas sus plantas, sus tigres, sus pingüinos, sus alimañas y conejos, y todo lo que pueda ocurrírsete, nos cabe en un abrazo donde siento su cuerpo con el mío. Nos amamos como si de las bocas nos saliesen balas y nos mordemos como si fuésemos fruta dulce y jugosa. Quiero amar así y quiero que me amen así sin asta ni bandera. A lo que dé. A donde se acaba la vista. A donde empiezan los créditos.

 

Miguel Ángel. 15/11/2024, Sevilla



jueves, 14 de noviembre de 2024

Accidente vial

  Vengo de comprar una caja y plumas. Creo que la situación lo amerita y me pongo a pensar. Pienso en mi muerte y en cómo es inexorable y eso me relaja; al menos no tengo que esforzarme por vivir eternamente y no liarla. Imaginen no llegar vivo a tu quinientos cumpleaños y que los vecinos critiquen lo mal que has gestionado la vida infinita y, posiblemente, la tarta de limón.

  A esto que llego a un paso de cebra y veo un accidente. Una hilera de coches espera a un semáforo que dejó de tener autoridad por un policía que va dando paso. A lo lejos, los que sólo ven el semáforo presionan sus cláxones, ignorando por completo el dolor que acontece unos metros más allá de sus lunas delanteras.

  Me da por pensar en la mente del policía. Lo imagino planteándose que es capaz de gestionar el tráfico en un accidente y lo jodida que tiene la vida. Su pareja, sus hijos, su hipoteca, los familiares con los que ya no habla…le encantaría dirigir todo con la profesionalidad con la que dirige unos cuantos armatostes de metal.

 

  Y vuelvo a la muerte. Vuelvo con los pitos intermitentes e incómodos. Mi muerte está a 5 o 6 pitos de distancia.

  Entiéndanme, veo la vida como un regalo o, al menos, como una sucesión finita de regalos, pero de una duración desconocida. Y tiene que ser que me estoy meando o algo, porque abro cada sorpresa con la prisa de quien mira de reojo el cuarto de baño. ¿Y qué clase de existencia es esa? Pitando para llegar antes al dolor que me espera.

  Y ¿por qué es esto? ¿Es la organización de un policía que nos hace ir a esta velocidad? ¿Es que nos hemos levantado todos tarde a vivir y vamos con la sensación de cumplirse la pesadilla en la que no suena la alarma? ¿Es porque mi atención está en las metas y no en los pasos que llevan a ellas, como si no fuesen estos de crucial importancia para cuando se alcanza? ¿O es que nos estamos meando todos?

 

Miguel Ángel. 22/10/24, Sevilla



jueves, 7 de noviembre de 2024

Qué tienen en común una sirena y un paloduz

  Se me preguntó hace poco si algo que había escrito era cierto porque el nombre de esto incluye diario. Nada más lejos de la realidad, esto es un proyecto que aspira a varias cosas y su título es un juego de palabras con el que quería coquetear.

  Entonces, ¿qué es esto? Depende, supongo. Para mí es una cosa y para ti es otra. Para mí es como un álbum de fotos realizados con una cámara especial que no capta realidades, ni escenas que están y que, sin embargo, a veces ofrece un retrato fotorrealista de alguna situación. Es también un esfuerzo continuado en mi manía por ponerme retos y una forma de refinar mi escritura con el tiempo para, algún día, poder escribir una preciosa carta de suicidio.

 

  A mí me ha gustado siempre mucho hablar de qué ha pasado hasta aquí. Pensaba que era la conversación ideal. ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? De ahí, naturalmente, uno proyecta a ¿qué quieres hacer? ¿Qué proyectos hay? Y en algún momento se pide un resumen con un ¿y eres feliz? ¿estás contenta?

  Ahora, las historias de tren se me hacen cuestarriba y bola, así que disfruto más jugando a hablar de las gilipolleces para encontrarme de verdad con quien tengo delante, una persona que es capaz de escapar de la realidad y soñar con la boca abierta.

 

  Si pudiese ser cualquier cosa, sería una sirena. Si pudiese ser cualquier cosa, sería un paloduz. Tendríamos poderes, no se crea usted que el cuadro acaba en esos marcos.

  Algo de mí ya lo sabía. Nos iban a quedar cosas en el tintero. Así que preferí pasar un rato como cuando nos veíamos hace 9 años, siendo niños, y me alegro de que se me haya pasado que estoy aquí por ir a comer los domingos con mi abuela o que juego al ajedrez. Me alegra que se le haya pasado dónde vive exactamente o qué tal la relación con sus suegros.

 

  Te invito a alegrarte de exprimir los momentos y olvidarte de repasos históricos; estar con alguien por quien es y no por las cosas que ha hecho.

 

Miguel Ángel. 7/10/2024, Sevilla