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jueves, 28 de septiembre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)

Cuando se fue me preparé un porro y disfruté de mi cabeza y sus dragones, duendes y brujas un ratito justo antes de echarme una siesta mientras Schubert me dedicaba el Ave María desde un altavoz al otro lado y mi sonrisa de grapa relucía bajo el poco sol que entraba por la ventana, abierta de par en par, en Julio, en Sevilla. Reptil. Eso.

En algún momento, después de haber reparado en las noticias del día y haberme entretenido lo suficiente, comencé a estudiar sobre las seis. El hombre no llegaba. Su ausencia no generaba ningún problema porque me acompañaban los subgrupos hamiltonianos en esta espera.

Sobre las siete llegó y llamó al porterillo. Acudí raudo pero calmado (a los perros les va bien, queridos aprendices de César Millán) al llamado de emergencia y abrí tras confirmar que no volvían a ser testigos de Jehová. No podía lidiar ahora mismo con testigos de Jehová. Mi hospitalidad me hubiese obligado a hacerles café y charlar y tenía que seguir estudiando.

 

Subió un hombrezuelo al que sacaba una cabeza, con gafas redondas de culo de botella, de cierto color sepia (quizás debido a la suciedad) y ojos agrandados por la refracción y sus efectos. Le pedí que entrase y comenzó mi calvario.

-Hola, venía a devizad loz aidez acondicionadoz. –Comenzó sin prepararme– Zoy el del aide. –repitió para ponérmelo más complicado.

Pensé que no podía ser posible y respondí: Sí, por favor, pase –intentando no activar mi camaleónico acento.


Automáticamente lo supe. Este hombre iba a ser una entrada.

(Tercera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)



jueves, 21 de septiembre de 2023

Mamá, creo que el técnico del aire acondicionado nos ha violado

Llegué a casa más tarde de lo habitual. Me tocaba hacer guardia un ratito. En realidad, no, al menos, no la semana anterior. Alguien se quejó (aparentemente, y según me dijo esa misma persona sin que yo preguntase, fue con razón) y justos y pecadores fueron insertados en un grupo de castigados, el grupo al que yo pertenecía hoy. Cuando llevaba media hora de castigo, el jefesito local echó a volar su mano hacia la puerta y me dijo “Migue, vete, no pintas nada, está todo bien”. En un principio rechacé la oferta, pero, al repetirla tres veces, me olí las axilas discretamente y, al detectar que no era ese el problema, decidí aprovechar la oportunidad sin cuestionármela mucho más, corriendo hacia la moto y, de paso, a casa, donde mi madre esperaba terminando de comer.

En principio no teníamos que vernos hoy hasta la noche, pero allí estaba ella, dispuesta a prepararme para un acontecimiento planetario:

-Esta tarde vendrá un señor a reparar los aires acondicionados.

-¿Estaban estropeados? –aquí creo que se intuye mi falta de cariño por estos aparatos. Prefiero los ventiladores. Adoro “la calor”. Algunos amigos me llaman reptil. Poco creo que tenga que ver con este hecho, pero sacarlo a colación ahora parecía un momento dorado para no tenerlo que explicar más adelante. Me duele la garganta cuando los uso. Me gusta el aire sin acondicionar, como el pelo, en general, creo.

-Llevan un tiempo fastidiados.

-¿Sobre qué hora vendrá? –Denotando una agenda repleta que sólo contenía leer un rato, estudiar otro y hacer yoga justo antes de prepararnos la cena y dormir para estar listo para un siguiente día.

-Sobre las cinco.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire_0655200506.html)



jueves, 14 de septiembre de 2023

Enjoy the fishes (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/enjoy-fishes.html)

Perdió el trabajo por estos pescados, aparentemente, pero esa es otra historia. Recuerdo el tiempo con ella en Tenerife como una suerte de periodo de gracia que te da la vida para saber apreciarla a ella y a sus gentes. Nuestra historia entera, como mencionaba, es, y espero que me permitan la redundancia, otra historia. También lo es la de unos jinetes que cabalgaron la isla para hacerme saber que tenía que vivir en ella.

 

Por supuesto, lo primero que hice fue comer pescado. ¿Qué otra cosa podía hacer? Di muchos abrazos, y luego comí pescado.

 

Por otra parte, una vez escuché que en la vida hay dos claves; correr y leer. Leer porque es improbable que el problema que tienes no lo haya tenido alguien antes y haya escrito cómo lo solucionó. Correr porque ayuda a enfrentarse a esa vocecita en tu cabeza que te pide que pares.

Si eso es así, yo no corro, pero escribo, por ello:

 

A la persona que dio lugar a toda esta entrada no le puedo hablar. Ni siquiera le pongo cara. Pero siento que su tez es la del sufrimiento que todos hemos sentido, antes o después. También yo he llorado y me gustaría que estas palabras estuviesen aquí porque, aunque yo ya me las sé, temo olvidarlas.

El tiempo no cura nada, pero sí ayuda a digerir. El dolor es humano y hay que disfrutarlo, a su manera. Regodearse en él no es productivo y acaba en espirales. Centrarse en conseguir lo que quieres en tu vida ayuda, pero hay que darse tiempo para encajar el golpe. La vida sigue y donde aquí llueven unas lágrimas, luego crece una flor.

Ojalá te duela bonito.

 

Miguel Ángel. 06/09/2023, Sevilla


 

jueves, 7 de septiembre de 2023

Enjoy the fishes

Una persona, en el mundo. Una concreta, quiero decir. Esa persona estaba triste.

Mi interlocutora me explicaba lo triste que estaba esta persona y cómo fue a consolarla. Mi amiga le preguntó qué estaba comiendo y éste le respondió que no comía nada en mucho tiempo. ¿Qué se le podría decir a esta triste persona?

 

Hace algunos años, hice amistad con un taxista porque lo usaba recurrentemente. Era un iraní de unos cuarenta años. Su padre falleció y hablamos bastante sobre el tema. Fue la primera vez que volvió a Irán después de muchos años. Mi padre murió al poco y sentimos un cierto hermanamiento. Sentado en su taxi buscaba vuelos para volver a casa. Me trajo un refresco.

Tras mucho esfuerzo conseguimos el billete y nos dirigíamos al aeropuerto. En algún momento recuerdo mirarle y pedirle consejo porque me sentía perdido.

- ¿Qué consejo me das para gestionar este trance?

Él me respondió. Con sus ojos puestos en los míos expresando la máxima seriedad que podía llegar a transmitirse, con el ceño fruncido, arqueando sus pobladas cejas, constriñendo su boca hasta hacer que su, extremadamente densa, barba incipiente ocupase casi la totalidad de la mitad inferior de su cara, dijo:

- Come mucho pescado.

No me hizo falta preguntar por qué. Ni siquiera lo encontré tan gracioso como lo encuentro hoy. Asumí que era cierto, porque cuando un amigo te da un consejo, y es buen amigo, las evidencias sobran; su intención es suficiente docto.

 

Años más tarde, los pescados, lejos de alejarme del duelo, me acercaron a Yudi.

(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/enjoy-fishes-segunda-parte.html)