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jueves, 29 de junio de 2023

No pienses

Pídete una cerveza,

Descarga la furgoneta,

Desayuna con amigas,

Y, sobre todo, no pienses.

 

Ve a casa de tu primo,

Ábrete otro botellín,

Solicita muchos kebabs

Y, sobre todo, no pienses.

 

Ve a arreglar la moto,

Come gambas con Samuel,

Invita a esa a una birra,

Y, sobre todo, no pienses.

 

Besa en una esquina,

Folla por la madrugada,

Rechaza una rubia,

Y, sobre todo, no pienses.

 

Enamórate una tarde,

Lleva a arreglar la torre,

Divórciate a la noche,

Y, sobre todo, no pienses.

 

Encájate en Sevilla,

Encuentra un trabajo,

Búscate una casita,

Y, sobre todo, no pienses.

 

Miguel Ángel. 27/06/2023, Sevilla

viernes, 16 de junio de 2023

Entre mil caminos

Tras aquel liguero, a años luz de aquí, parecía esconderse la esencia de la vida.

 

Aquella mañana, Chío y yo compartimos la playa. Se disfrazó de sirena un rato y se dejó las escamas en la mochila, por lo que sus piernas brillaron.

No sé cuánto vale una sirena en el mercado negro, pero seguramente ella valga bastante más. Recordé algo que leí hace 5 años sobre el orgullo y el ego. Decía algo así como que en la vida tienes que elegir si luchar usando uno u otro; el ego es como un globo que se infla fácilmente pero que se pincha con cualquier acercamiento de la afilada realidad, el orgullo, por su parte, es como una espada forjada con paciencia y mimo. Puestos a elegir, conviene siempre tirar de orgullo. Creo que ella tiene motivos suficientes para tener un buen arsenal de acero toledano, pero lo tiene guardado tras una pared, es cuestión de darle a la palanca que permite darle la vuelta y, de paso, verse a una misma como es.

A ella le doy las gracias porque su presencia me ayudó a dejar de tomar fortasec, por resumirlo bastante.

 

Esa misma tarde Iván me fue a hacer de pivote, pero se escurrió la pelota. Agradezco de corazón que no saliesen las cosas como las teníamos planeadas porque eso nos permitió llegar hasta Tomás, que tenía reservado para nosotros un espectáculo visual a lomos de la cima de una montaña. En esa montaña una camarera rubia se rio de mi interpretación de un mimo. Me hubiese casado con ella, pero no tuve flores que regalarle, así que tuvimos que ir a por sushi para reponerme del disgusto.

Me guió Tomás rugiendo por las calles con la fuerza de un león mientras Maite nos esperaba fumando un cigarrillo.

“Pasad, que cerramos cocina en 30 minutos.”

El local fue para nosotros y tuvimos que pedir deprisa. Tanto que jamás dejaremos que Tomás vuelva a calcular una cantidad recomendable de comida. Aún me pesa Japón en el estómago y aún puedo ver la sonrisa pícara de Maite asomada a la comanda, preguntando si no era mucho. Un rato después estaríamos recargando al precio diez platos. Lo que Maite no sabe es que aquella cena valía cien veces más porque no era tanto lo que había en los platos como lo que había en las sillas, así que salimos ganando.

 

Mientras reposábamos la broma en un poyete se acercó Sonia y su acento inundó nuestro corazón de buen rollito. Estuvimos allí hasta que el sueño me venció, pero aún así no pude parar de dar abrazos y todos me parecieron insuficientes. No pude evitar pedir una última foto que me recordase que tengo varias familias y todas ellas hermosas.

 

Tras aquel liguero, a años luz de aquí, escondido en un tribal, se podía leer: “Entre mil caminos, escoge siempre la felicidad”. ¿Y quién soy yo para quitarle la razón a las piernas de una mujer?

 

Miguel Ángel. 16/06/2023, Barcelona

 

jueves, 15 de junio de 2023

Fachadas

 La fachada del edificio de enfrente ha sufrido la humedad. 18 ventanas se distribuyen a lo largo de la pared vertical que antaño fue blanca y ahora tiene tonalidades ocres y grises. Algunas partes están desconchadas.

Una persona tiende en un cordel y lleva ropa rosa y viva. Se le ve feliz. A través del marco se puede ver algo de su casa. La casa parece limpia, ordenada e inmaculada.

 

Ahí sigue la fachada. La persona ya no tiende. Su casa es más bonita que su fachada. Mi casa es más fea que mi fachada.

 

No sé qué tienen las ventanas que siempre me atraen, como una polilla a la luz.

 

Miguel Ángel. 15/06/2023, Barcelona


Qué listo eres

 ¿Tú sabes contar hasta diez? ¿Y hasta veinte?

Qué listo eres.

¿Tú sabes hacer fuego? ¿Y calentar comida?

Qué listo eres.

 

¿Tú sabes hacer reír? ¿Y hacer llorar?

Qué listo eres.

¿Tú sabes leer? ¿Y escribir?

Qué listo eres.

 

¿Tú sabes con qué fuerza se atraen los planetas? ¿Y calcular el tiempo relativo?

Qué listo eres.

¿Tú sabes actuar? ¿Y mentir?

Qué listo eres.

 

¿Tú sabes comprar? ¿Y vender?

Qué listo eres.

¿Tú sabes jugar al dominó? ¿Y al ajedrez?

Qué listo eres.

 

Y, oye, ¿tú sabes no sentir?

Qué tonto eres.

 

Miguel Ángel. 13/06/2023, Barcelona



martes, 13 de junio de 2023

Tres en cruz, dos líneas y una tonta a tientas

 

RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW - RAW – RAW – RAW – RAW – RAW

 

3 días son muchos y son pocos.

Por ejemplo, son pocos para vivir una vida entera y muchos para aguantar una crucifixión.

¿Subirá el hierro por los clavos estacados en la carne? ¿Se habrán equivocado de enemigo y lo tenían que clavar en el corazón, como a Drácula? ¿Hubiese sido más rápido?

Tres días de náusea, tres días de diarrea, tres días de rabia, tres días de sorpresa, tres días de incredulidad, tres días de te lo dijes, tres días de risas raras.

¿Tres días valen por una vida? ¿Por cuatro días? ¿Por un año? ¿Por cuatro años? ¿Por a_ño_y_me_dio?

No sé.

De repente me vi mirándome risueño en todas las esquinas y la náusea saltó al abordaje de mi cuerpo. Jugué al escondite con mi cara en cada marco que me miraba sarcástico.

 

“Yo no quiero hacerte daño”. Y goteaba sangre fresca de un puñal de tipo malayo. Y brillaba. Y palpitaba. Y la puerta se cerró. Y la sangre se secó en el suelo. Y no vinieron lamias a lamerla para no dejar marca. Ningún súcubo entró por la ventana a embarrarse en la hemoglobina. Ahí quedó.

 

-¿Cuánto vale?

-Vale tanto como puedas dar.

-De acuerdo, tome esto. Lo he ahorrado por bastante tiempo.

-No tengo cambio.

-Quédese la vuelta.

 

Creo que estas son mis últimas líneas en esta casa. Sí, las estrellas al final sí estaban pintadas en cartón. ¡Qué sorpresa! Esperaba que estas palabras fueran más dulces y menos ácidas. No esperaba que se me agarrasen a la garganta como un collarín de castigo.

 

Glup, glup, glup.

 

He hecho un importante trabajo de campo y ahora sé que una tostada equivale a tres arcadas ahogadas en café.

 

¿Qué quieres que te diga? Calculaste mal, Migue. Sí, sé, sé. No se te da bien calcular.

 

Y como un eco distante se fue disipando mi sonido y pensé en cuánto tiempo tendría que pasar para que me escuchase de nuevo sin que mi voz estuviese grabada. Me resultó una reflexión interesante.

 

Una vida, de repente, pareció poco más que tres días.

 

París bien vale una misa, pensó, alineada con Enrique de Borbón mientras brotaba savia bruta y roja.

 

¿Este es el último recuerdo? Qué intenso, una telenovela. Menudo broche.

 

Y, sentado en el suelo, lloraba, y reía, y lloraba, y reía. Y el perro me preguntó qué me pasaba lamiéndome las lágrimas. Y yo no sabía si me estaba riendo de pena o llorando de alegría. No creo que lo sepa nunca. Me ahogué en la espiral de James O’Barr donde estaban las arañas en los estómagos de las serpientes, a mucha profundidad, mientras llovía arriba.

 

Creí que estaba sereno. Pensé: “Yo no puedo ser tu amigo”.

 

Contaba unas monedas y noté cuánto me temblaba la mano. Me concentré. No surtió efecto. Conté entre la vibración. Terminé. Agarré el boli. La tinta corrió. El temblor cesó. Seguí contando otras cosas.

 

¿Soy más un animal enjaulado o una alimaña en la despensa?

 

Hoy me quité una costra y no sangré. ¿Me queda sangre?

 

Algún día, si sigo vivo, leeré ésto con una sonrisa. “¡Qué ingenuo! ¡Lo que te depara la vida es más cañero, esto es sólo el calentamiento, chico!” Pensaré.

 

Hoy parece que Mercurio está retrógrado…o algo así decía una amiga.

 

Doblaba la aspiradora mientras Billie Eilish cantaba algo que incluía “Second hand smoke”. Me pareció brillante sentir que yo también estaba siendo un fumador pasivo. Lo tuve que escribir. Me tuve que reír del cáncer que me recorría, sin pudor, los pulmones.

 

El yoga de hoy se llamaba “Yoga para relajarse y aliviar el estrés”, casualmente. En cuanto acabé cagué el plátano que me comí sin ganas una hora antes. Mientras lo cagaba también quería vomitarlo. Aparentemente, y no es concluyente, el yoga no funcionó.

 

Terminé de cepillarme los dientes por última vez en esta casa. Fui a dejar el cepillo donde siempre pero ya no estaba, ahora pertenecía al ejército de cajas. Me sorprendí sonriendo en el espejo.

 

No sé cómo sonará la puerta cuando me vaya. Sé que es malo acariciar al perro justo antes de irte. Pecaré hoy. Es un buen chico. ¡Qué buen chico!

 

Miguel Ángel. 13/06/2023, Barcelona




domingo, 11 de junio de 2023

¡Enhorabuena!

¡Enhorabuena!

Me animé a mí mismo mientras abría el bloc de notas para contarte esta loca historia:

Aún recuerdo el primer día que decidí volver a introducirme en ese mar.

 

Buceaba a pulmón, entre una lista de cadáveres fosilizados por el tiempo, en la libreta de contactos, buscando ese whatsapp dorado que me permitiese ir a la fábrica de Willy Wonka, donde hacen el olvido. Dulce y algodonado olvido con forma de caderas.

A un paso de ahogarme toqué el fondo, donde había una inscripción. Se levantó un poco de polvo y costaba ver. Entrecerraba los ojos deseando saber qué ponía en aquella pared allí, abajo del todo. El tiempo se me hizo eterno.

 

Preparado, en cuclillas, de un salto certero volví a la superficie y cogí airecito, de bocanada en bocanada, como un colibrí, deseando salir volando de allí como uno y no tener que volver a la costa de la cordura, con lo llena que está de turistas curiosos últimamente.

No surtió efecto y, como en medio del mar de la locura el estómago te hierve, es mejor nadar resignado al borde que sutura lo místico y lo cotidiano. A crol fui, tecla a tecla, escapando de la última boya reconocible desde la costa.

A medio camino pude mirar atrás y ver lo negro que es el fondo desde arriba y lo cristalino que se ve cuando te pones las gafas correctas. Las gafas que todo buzo del fracaso obtiene al graduarse.

 

Extenuado, taquipneico y agradecido por un soporte no líquido, en aquella playa me quedé, con los turistas aún dormidos, ignorantes de mi presencia allí y sólo conscientes de mis contadas entradas en mar abierto. ¿Cómo les iba a contar yo que tenía un mapa tatuado en el brazo con todas y cada una de las fosas que había podido sobrenadar en los últimos años? ¿Cómo iba a poderles explicar el sabor del agua en los pulmones sin hablarles de cada paso que se da, consciente y orientado, hacia el fondo de lo lógico, donde una asíntota cruza de lado a lado la realidad? Va a divertirse, y vuelve, y nos cuenta historias de tortugas gigantes, de conversaciones irreales o de pasajes de tira cómica que allí representan todos los habitantes de sus ciudades marinas, pensarían.

 

Y aún recuerdo el primer día que decidí volver a introducirme en ese mar. Recuerdo como paralelo al horizonte, con los pies aún secos junto a la marca de espuma que dejan las olas de la perdición, me dije:

“¿Tú quieres escribir? ¿Tú quieres calentar papel? Sabes que aquí bucean tus musas. Del dolor te nacerán flores, de las flores espinas, de las espinas tinta y de la tinta un río que descongestione tus meninges y tu vientre.”

Y di un paso. Y me mojé. Y no supe si reír de alegría o llorar de pena.

Pd.: Allí abajo, por si de verdad lo queréis saber, realmente había algo escrito. Allí abajo, a través de las últimas burbujas que pude soltar antes de ahogarme, pude leer “Migue estuvo aquí”.

 

Miguel Ángel. 11/06/2023, Barcelona