(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2024/06/complejo-de-david-12.html)
¿Padre, por
qué me has abandonado? Se preguntan, coqueteando con el ateísmo, cuando las
cosas no les vienen bien dadas, y miran con recelo al pobre energúmeno que, con
dogmas o sin ellos, sólo pretende prosperar sin dañar a demasiadas hormigas en
el camino.
¿Qué sería de
ellos si tuviesen que andar el empedrado camino que lleva a algún objetivo
honroso sin padrino que los embarque en su caravana? ¿Qué sería de ellos si
dejasen volar a sus vástagos sin arroparlos en el frío invierno? ¿Qué sería de
ellos si, por una vez, notasen la pedrada viniente y no la que se envía con
furia? ¿Qué sería de ellos si fuesen conscientes de que miran al resto con un
ángulo descendente?
Yo no lo sé.
Quizás tenga que ver con que nos cuesta vernos victimarios y nos sentimos más
cómodos representando a la víctima, con la piel del cordero sobre nuestros
hombros, aún emanando sangre caliente por nuestras clavículas.
Y debería
saberlo, porque soy yo quien les escribo, pero no les entiendo. Hay novelas que
se me escapan, arcos para los que no estoy preparado y arquetipos que no
domino. Este parece uno de ellos. El de quien, con el cuchillo en la mano,
mientras un corazón late sus últimas lágrimas, piden justicia contra su
ajusticiado, que en el suelo está ya a punto de adornar la casa de unos gusanos
en un jardín de cipreses.
Me divierten
más los putos, las enanas, las borrachas, los basureros, las taxistas, los
perros y las flores. Tienen conversaciones sinceras, donde se llega a algo.
Ellos avanzan, a trompicones o a cabezazos, los otros, mis esquivos
protagonistas de hoy, le piden al narrador que les dibuje un camino de baldosas
amarillas a la victoria.
Pues no hoy,
jodeos. Comeos vuestras piedras. Idos a la mierda un rato.
Miguel Ángel. 6/5/24,
Sevilla