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jueves, 26 de diciembre de 2024

Maten al pequeño Timmy

— Wau, mira esto. Unos pendejos han ido a tirarle piedras a un banco pero a uno le rebotó la suya y ha tenido que ir al hospital que abrieron los del banco porque era el único que los podía tratar. De locos.

— Tío, pobrecito. Y qué irónico…

— ¿Pobrecito? ¡Vaya gilipollas! Jajajaja

— No sé, illo. Me da cosa que el nota haya acabado en el hospital.

— Pero es gracioso.

— No sé. No veo una imagen en la que me alegro de que alguien acabe en el hospital. No se lo deseo a nadie.

— ¿Y si es porque uno va al hospital a cambio de algo to guapo? En plan…¿un yate?

— Osea, si me dijeran que si el pequeño Timmy muere, la pobreza y el sufrimiento se van a acabar en el mundo, por supuesto que me alegraría si muriese Timmy, pero no porque muriese Timmy, sino porque ahora el mundo no tiene pobreza y sufrimiento. Y lloraría su muerte y recordaría lo grande que fue y esparciré su historia como si fuese el nuevo testamento. Porque lo habrá hecho por su propia cuenta por todos nosotros.

  Y respetaría que el pequeño Timmy no quisiese y no se acabase la pobreza y el sufrimiento. Timmy no tiene por qué cargar con esa carga. Tiene derecho a vivir.

  Por eso yo estoy dispuesto a vivir con la desgracia. Con la carga. Con el desasosiego que eso implicaría. Imagínate. Siendo el responsable de matar a Timmy y cargar con la culpa. ¿Un villano? ¿Un héroe? Sería el Joker. En plan to enigmático. Nadie sabe por qué. Ahora nadie sufre. Pam.

 

 

 

 

 

 

  Tío, tío. ¿Dónde está Timmy?

 

Miguel Ángel. 20/12/24, Sevilla




jueves, 19 de diciembre de 2024

A Inma le crecen los enanos

  Bienvenidos al circo de Inma.

  Vaya, lo siento, parece que la dueña no ha dado su permiso para abriros la carpa.

  Tendremos que entrar a hurtadillas y sin hacer demasiado ruido. Intenten no tocar ningún órgano vital en su paseo, no tomen fotos con flash y eviten dejar cáscaras de cacahuetes en el suelo del peritoneo.

 

  En este circo hay equilibrismos, como pueden observar. Miren cómo practica la equilibrista sobre una piscina de inseguridades y ansiedad. Miren cómo camina temblando y no para de dar pasos. Miren cómo duda, imaginando la caída si el siguiente pie se deposita en falso. Sigamos.

 

  Los animales están prohibidos en la mayoría de los circos. Ella tiene un par de gatos libres por la lona. Pueden acariciarlos, como ella haría, pero no se distraigan demasiado.

 

  ¡Qué suerte hemos tenido! Ahí está el ilusionista preparando su numerito. Si miran a su izquierda podrán ver los escenarios que pretende enseñarle justo antes de arrebatárselos de un plumazo. ¡Qué buen número! Es una verdadera pena que la hipnotista no esté para hacerle pasar el trance en un estado de sueño que le deje las emociones acolchadas. Parece que tendrá que enfrentar esta parte del espectáculo notando los cuchillos entrar. ¡Qué viva será esta función!

 

  Y aquí tienen los enanos. Antes lo eran. Ahora son como gigantes. Lo sé, no es lo que se esperaría del proceso normal de la acondroplasia. Tampoco este es un circo normal ni estos son enanos normales.

  Me alegra que haya una persona con este trastorno en el grupo porque siempre he dudado sobre si el término puede ser ofensivo o no. Imaginen que estas palabras pudiesen llegar a cualquiera. Estaría bien saber que no estoy cargándome la tarde de nadie. Me relaja mucho saber que sólo su pequeño grupo las oirá hoy, ¡pero imaginen!

  Así que depende de la persona y da igual lo que diga que siempre habrá alguien que se enfade y alguien que se lo tome de otra manera. ¿Y a usted? A usted le gusta que le llamen Alberto. De acuerdo. Sigamos.

  Como iba diciendo, empezaron siendo las pequeñas penas de una pequeña Inma. Con el tiempo, las penas fueron bebiendo del hielo de sus cubatas y…bueno, el año que viene esta persona de aquí se titula a su sexto anillo en la NBA.

 

  Es una verdadera pena. Me encantaría poder seguir enseñándoles los misterios que habitan tras bambalinas en este evento circense, pero es prioritario acudir al camerino de la principal protagonista. Allí hablaremos un rato y, entre abrazos y lloros, puede que lleguemos a comprender cuál es la manera de sobreponerse al golpe que supone que jodan tu confianza. Puede que aprendamos a lamernos las heridas sin recordar que están ahí. Puede que a la siguiente venga el sapo que se convierta en príncipe. Puede que la sal sepa dulce. Puede que cierre el circo.

  Esperamos que hayan disfrutado de este recorrido y no olviden dejar su propina en la puerta. Con un recuerdo de la vez que les traicionaron y cómo siguieron adelante será suficiente. Ella se lo agradecerá. Yo también.

 

 

Miguel Ángel. 16/12/24, Sevilla



jueves, 12 de diciembre de 2024

Fachadas 2

  A través de esta ventana veo un edificio con 45 cristales  distribuidos como ojos a lo largo del cuerpo de un monstruo de pesadilla que parpadea de manera desigual. Tan aleatoriamente sensibles al sol son sus vecinos.

  Su color es de corte de helado café y crema y la atención, esta vez, la captó una ligera masa de vapor que se escapa de un tubo como reflejando que está viva, a duras penas.

 

  Inertes, ninguna de las cuadrículas refleja más vida que unas cuantas inmóviles plantas y el suave contoneo de los flecos que dejan los toldos recogidos de alguno.

 

  Hay persianas para todos los gustos. Me paro a pensar lo curioso que me parece que en reino unido no tengan de estas y aquí pueblen toda la pared, con el culo de un montón de aires acondicionados.

 

  En algún lugar, la primera de las fachadas a las que miré de soslayo tiene que estar envidiosa de cómo miro a esta y cómo la miré a ella. Lo siento, de verdad, no eras tú, era yo.

 

  Esta fachada está viva sin tener mucho que lo demuestre. Quizás la vida no está tanto en los corazones que bombean sino en los ojos que lo constatan. Berkeley habló sobre esto hace mucho tiempo señalando al árbol que cae en mitad del bosque sin que nadie lo presencie y yo me atrevo hoy a seguirlo. Las fachadas tienen mejor pinta si las miras tras una sonrisa.

 

Miguel Ángel. 21/11/2024, Sevilla



jueves, 5 de diciembre de 2024

Manido, casposo

  Somos víctimas de nuestro tiempo y verdugos del que viene. Más o menos.

 

  Me gustaría mucho seguir casi aséptico en términos de política y economía. Hasta tengo pensado bajo qué pseudónimo escribiría sobre esos temas y, desde luego, no sería bajo este. Usen este párrafo a modo de descargo de responsabilidad, disclaimer para los anglófilos.

 

  Mamá, ¿por qué me prometiste un porvenir dorado si seguía las baldosas amarillas? ¿Por qué no, simplemente, me retaste a ver lo que había al fondo del camino? Cuántas expectativas sobre un futuro marcado por el provecho y las rentas del esfuerzo me he creado yo con el “estudia y serás alguien”.

  Cuando llegué a Reino Unido se puso de moda entre los inmigrantes cualificados una frase en base a la que acabo de pronunciar. Decía algo así como “Estudia y llegarás lejos; y aquí me tienes, a tres países de distancia”. Me da que reflejaba, con el humor que creo que jamás se debe perder en las catástrofes, el canto de una generación de personas que siguieron las instrucciones del postre y acabaron haciendo lentejas.

 

  A raíz de aquello he observado una cierta virulencia que se recrudece año tras año. El desengaño ha ido yendo a más y para muchos se ha vuelto insostenible. Y me parece curioso, en este mismo sentido, que aún tenga pares que sigan enojándose con otros cuentos que provienen de la misma fuente, como si no supiesen ya que no están haciendo tarta de queso (cheesecake, para los anglófilos) en cuanto cogen los guisantes y los meten en la olla.

 

  Total, que estábamos engañados y la clave del éxito no se parece a la de sol que aparece en el pentagrama que leían nuestros padres al cantarnos nanas. Y a mí me produce estupor, que es una palabra que me gusta mucho, ver a los mismos que viven en descubrir que los reyes (O Santa Claus, para los anglófilos) son los padres gritando que, por una vez, se haga exactamente lo que piden sus padres, con aires de suprema originalidad y creatividad. Y vuelven a deshacer el lazo con la misma ilusión para encontrarse, de nuevo, con un guante de boxeo propulsado por un muelle sellado por el mismísimo destino.

 

    Y no me malinterpreten. Yo ya he pillado el chiste. Estamos condenados a una tasa de contradicciones dentro de nuestra vida y pienso descojonarme cada vez que pille una, sin arruinarle la broma al de al lado, que no soy yo de los que cuentan el final mientras comen palomitas; spoilers y popcorns, para los anglófilos.

 

Miguel Ángel. 18/11/2024, Sevilla