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jueves, 20 de febrero de 2025

Demostración absoluta de la relación entre bolis y mecheros (2/2)

  Ese amigo llevaba meses acompañándole y no le había fallado, inseparables en más de una zona de guerra. Decidió dejarse de luto hasta el domingo, justo antes del último duelo pendiente del acuerdo laboral, cuando se reuniría con la familia para darse los regalos de Reyes que tuvieron que ser pospuestos por una gastroenteritis.

  Había olvidado que tendría sólo esa noche para ir a buscar una tienda abierta en la que comprar la pluma, cuando de una caja apareció un boli bic negro. No era su boli, su amigo, su compañero, pero era un boli y un compañero, por lo que le agradeció al destino que dejasen uno, de manera azarosa, en la misma caja que una taza de Hello Kitty.

 

  Fue entonces cuando llegó el doce de enero y la mañana obligó a la alarma a sonar. Con media legaña aún en el ojo izquierdo llegó a montarse en su coche y conducir una media hora hasta la última localización pactada; Agente de viajes a Estambul en un pueblo. Poco sabía él lo ajetreado que está el cielo a ese país en esta época del año en el Aljarafe sevillano.

  Junto con otras ocho valientes espadachinas fue superando su último turno hasta llegar a tener momentos en los que hablaba de la vida con otras compañeras. Hablaron sobre las elecciones importantes, la calma, la plenitud, el desgaste del tiempo y hasta sobre pornografía. La conversación fue de esas en las que dos extraños se sientan y sincronizan con otra persona su reloj, haciendo cuentas con el destino, sin juzgar y dándose espacio para ser humanos. Fue entonces cuando J. reparó en que llevaba varias horas escribiendo todo a negro y pasando un tiempo difícil a la hora de organizar ideas y, sonriendo pícara, su nueva amiga dijo: “Yo puedo conseguirte uno.”

  Teniendo que separarse de nuevo durante unas dos horas debido a una avalancha de clientes que vino, el final de la carrera estaba más cerca que nunca y J. decidió no recordarle a L. la posibilidad de renovar su arsenal porque la acababa de conocer y sintió algo de vergüenza.

  El reloj sentenció la despedida a las 20.00 cuando L. se acercó a J. para desearle lo mejor en el futuro. J. le dio las gracias por la compañía y deseó volver a encontrarse con ella. Ella le dio dos besos y J. se giró para continuar el camino a su coche.

 

       Ah, casi se me olvidaba. Toma, tu boli.

  Un precioso boli azul marino de cuatro colores ahora reposaba en sus manos. Le dio cabida en su pecho.

 

Miguel Ángel. 14/01/2025, Sevilla