(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/09/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)
Cuando se fue me preparé un porro
y disfruté de mi cabeza y sus dragones, duendes y brujas un ratito justo antes
de echarme una siesta mientras Schubert me dedicaba el Ave María desde un
altavoz al otro lado y mi sonrisa de grapa relucía bajo el poco sol que entraba
por la ventana, abierta de par en par, en Julio, en Sevilla. Reptil. Eso.
En algún momento, después de
haber reparado en las noticias del día y haberme entretenido lo suficiente,
comencé a estudiar sobre las seis. El hombre no llegaba. Su ausencia no
generaba ningún problema porque me acompañaban los subgrupos hamiltonianos en
esta espera.
Sobre las siete llegó y llamó al
porterillo. Acudí raudo pero calmado (a los perros les va bien, queridos
aprendices de César Millán) al llamado de emergencia y abrí tras
confirmar que no volvían a ser testigos de Jehová. No podía lidiar ahora mismo
con testigos de Jehová. Mi hospitalidad me hubiese obligado a hacerles café y
charlar y tenía que seguir estudiando.
Subió un hombrezuelo al que
sacaba una cabeza, con gafas redondas de culo de botella, de cierto color sepia
(quizás debido a la suciedad) y ojos agrandados por la refracción y sus
efectos. Le pedí que entrase y comenzó mi calvario.
-Hola, venía a devizad loz aidez
acondicionadoz. –Comenzó sin prepararme– Zoy el del aide. –repitió para
ponérmelo más complicado.
Pensé que no podía ser posible y
respondí: Sí, por favor, pase –intentando no activar mi camaleónico acento.
Automáticamente lo supe. Este hombre iba a ser una entrada.
(Tercera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/10/mama-creo-que-el-tecnico-del-aire.html)
