Se me preguntó hace poco si algo que había escrito era cierto porque el
nombre de esto incluye diario. Nada más lejos de la realidad, esto es un
proyecto que aspira a varias cosas y su título es un juego de palabras con el
que quería coquetear.
Entonces, ¿qué es esto? Depende, supongo. Para mí es una cosa y para ti
es otra. Para mí es como un álbum de fotos realizados con una cámara especial
que no capta realidades, ni escenas que están y que, sin embargo, a veces
ofrece un retrato fotorrealista de alguna situación. Es también un esfuerzo
continuado en mi manía por ponerme retos y una forma de refinar mi escritura
con el tiempo para, algún día, poder escribir una preciosa carta de suicidio.
A mí me ha gustado siempre mucho hablar de qué ha pasado hasta aquí.
Pensaba que era la conversación ideal. ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? De ahí,
naturalmente, uno proyecta a ¿qué quieres hacer? ¿Qué proyectos hay? Y en algún
momento se pide un resumen con un ¿y eres feliz? ¿estás contenta?
Ahora, las historias de tren se me hacen cuestarriba y bola, así que
disfruto más jugando a hablar de las gilipolleces para encontrarme de verdad
con quien tengo delante, una persona que es capaz de escapar de la realidad y
soñar con la boca abierta.
Si pudiese ser cualquier cosa, sería una sirena. Si pudiese ser
cualquier cosa, sería un paloduz. Tendríamos poderes, no se crea usted que el
cuadro acaba en esos marcos.
Algo de mí ya lo sabía. Nos iban a quedar cosas en el tintero. Así que
preferí pasar un rato como cuando nos veíamos hace 9 años, siendo niños, y me
alegro de que se me haya pasado que estoy aquí por ir a comer los domingos con
mi abuela o que juego al ajedrez. Me alegra que se le haya pasado dónde vive
exactamente o qué tal la relación con sus suegros.
Te invito a alegrarte de exprimir los momentos y olvidarte de repasos
históricos; estar con alguien por quien es y no por las cosas que ha hecho.
Miguel Ángel.
7/10/2024, Sevilla
