Sí, me disocié.
Ahora lo sé, casi medio año después.
En aquella salita donde no paraban de sucederse los esperpentos, hubo un
momento en que el aire se enrareció. Entonces no lo supe. Veía cocodrilos que
mordían madera, cigüeñas francesas y hormigas de parranda mientras gente se
gritaba, llevaban ropajes raros o, en medio de la tensión, dejaba de funcionar
lo único que les unía, creando un clima parecido al que trae un huracán después
de pasar por un concesionario.
Cuando esa misma tarde dejé que mis dedos dibujasen con su particular
braille un bodegón con las frutas más presentes de esa mañana yo pensaba que
jugueteaba a imaginar y me divertía, pero sólo estaba recordando.
Tuvo que ser óxido nitroso. Lo que había en el aire. Gas de la risa.
Disocié y salí del mundo para entrar en el de Alicia en el País de las
Maravillas. Como un buzo cuando, confiado, se deja caer hacia su espalda y en
un plash cambia de plano. Humpty Dumpty me dio la bienvenida desde un
muro y no le devolví el saludo. Qué niveles de educación tan bajos estoy
desarrollando.
Miguel Ángel.
04/06/2024, Sevilla
