Bienvenidos al circo de Inma.
Vaya, lo siento, parece que la dueña no ha dado su permiso para abriros
la carpa.
Tendremos que entrar a hurtadillas y sin hacer demasiado ruido. Intenten
no tocar ningún órgano vital en su paseo, no tomen fotos con flash y eviten
dejar cáscaras de cacahuetes en el suelo del peritoneo.
En este circo hay equilibrismos, como pueden observar. Miren cómo
practica la equilibrista sobre una piscina de inseguridades y ansiedad. Miren
cómo camina temblando y no para de dar pasos. Miren cómo duda, imaginando la
caída si el siguiente pie se deposita en falso. Sigamos.
Los animales están prohibidos en la mayoría de los circos. Ella tiene un
par de gatos libres por la lona. Pueden acariciarlos, como ella haría, pero no
se distraigan demasiado.
¡Qué suerte hemos tenido! Ahí está el ilusionista preparando su
numerito. Si miran a su izquierda podrán ver los escenarios que pretende
enseñarle justo antes de arrebatárselos de un plumazo. ¡Qué buen número! Es una
verdadera pena que la hipnotista no esté para hacerle pasar el trance en un
estado de sueño que le deje las emociones acolchadas. Parece que tendrá que
enfrentar esta parte del espectáculo notando los cuchillos entrar. ¡Qué viva
será esta función!
Y aquí tienen los enanos. Antes lo eran. Ahora son como gigantes. Lo sé,
no es lo que se esperaría del proceso normal de la acondroplasia. Tampoco este
es un circo normal ni estos son enanos normales.
Me alegra que haya una persona con este trastorno en el grupo porque
siempre he dudado sobre si el término puede ser ofensivo o no. Imaginen que
estas palabras pudiesen llegar a cualquiera. Estaría bien saber que no estoy
cargándome la tarde de nadie. Me relaja mucho saber que sólo su pequeño grupo
las oirá hoy, ¡pero imaginen!
Así que depende de la persona y da igual lo que diga que siempre habrá
alguien que se enfade y alguien que se lo tome de otra manera. ¿Y a usted? A
usted le gusta que le llamen Alberto. De acuerdo. Sigamos.
Como iba diciendo, empezaron siendo las pequeñas penas de una pequeña
Inma. Con el tiempo, las penas fueron bebiendo del hielo de sus cubatas
y…bueno, el año que viene esta persona de aquí se titula a su sexto anillo en
la NBA.
Es una verdadera pena. Me encantaría poder seguir enseñándoles los
misterios que habitan tras bambalinas en este evento circense, pero es
prioritario acudir al camerino de la principal protagonista. Allí hablaremos un
rato y, entre abrazos y lloros, puede que lleguemos a comprender cuál es la
manera de sobreponerse al golpe que supone que jodan tu confianza. Puede que
aprendamos a lamernos las heridas sin recordar que están ahí. Puede que a la
siguiente venga el sapo que se convierta en príncipe. Puede que la sal sepa
dulce. Puede que cierre el circo.
Esperamos que hayan disfrutado de este recorrido y no olviden dejar su
propina en la puerta. Con un recuerdo de la vez que les traicionaron y cómo
siguieron adelante será suficiente. Ella se lo agradecerá. Yo también.
Miguel Ángel. 16/12/24,
Sevilla
