1 Samuel 17:50
“Así venció
David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener
David espada en su mano.”
De entre todos
los pasajes de la biblia, uno de los más famosos es el de David y Goliat. En
él, por si no lo saben, hay una guerra entre “el pueblo de Israel”, como ente
abstracto, y “los filisteos”, que también serían todos, sin faltarles uno. En
un momento determinado, un señor muy grande y curtido en yoquesé cuántas
batallas llamado Goliat reta a todo el ejército de Israel a “echarle huevos”,
en román paladino.
Como el pibe
este era un cabrón de cuidado todo israelí de bien se echó atrás, pero David,
que era un pastor que su padre había mandado allí a llevar queso, se enteró de
que se prometían innumerables riquezas a quien tumbase al enemigo. Le dijeron
que cuidado, que el lobo tiene muchos dientes, para que nos entendamos, y
respondió que por ser pastor más de un león y un oso había matado. Le dieron
equipación militar pero no se vio él con ella, prefirió su atuendo como pastor,
y tras coger cinco piedras lisas y dar un par de pasos recibió una amenaza de
Goliat, que de él se reía por ser joven y hermoso. David ese día se coronó
reventándole la cabeza de una pedrada al “gigante” y, acto seguido, desenvainó
la espada de su enemigo y le cortó la cabeza. Después pasaron cosas que no
tiene sentido ahora contar.
El mundo se ha
ido desenvolviendo desde esos tiempos, como siempre hace, sin tener muy en
cuenta a dónde va y, simplemente, avanzando. Así llegamos a nuestros días.
A mi alrededor
hay mucho cristiano de boquilla, mucho agnóstico que así se ahorra equivocarse
y mucho ateo que prefiere evitar la cuestión. Menos musulmanes, judíos y
pastafaris hay.
De casi todos,
hay un número representante de personas que se confían a sí el rol de David
siendo Goliat.
Viven en sus
casas, van a sus bares, compran sus televisores de plasma, critican al
diferente y censuran la disidencia. Van al súper en sus coches. Rezan algunas
noches, sobre todo cuando tienen miedo. Miran a sus hijos con orgullo. Sacian
su sed de vino. Odian a quien, chiquitito, se arrastra para beber algo de lo
que sobra del Olimpo, por el simple hecho de darle una tregua a su seca
garganta.
(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2024/07/complejo-de-david-22.html)
Miguel Ángel. 29/1/24,
Sevilla
