A ellas no les
debo nada, rompen la realidad en cada bocanada, me desnudan al chascar con la
lengua el paladar.
Y no puedo
acabar sabiendo que está ella detrás. Que en cada orgasmo hay más, que no es sólo
una mirada, que es esa lengua liberada que se dedica a cabrear a mi parte más
animal.
Rugido a
rugido lanza su mensaje de rubí y azabache, de saltos y baches.
Genética y
amor que se unen en un lametón y se funden en una sonrisa que me suelta la
brisa, la que me acaricia en cada pifia. Que me separo del todo cuando el suelo
se vuelve lodo y sus labios mi podio.
Miguel Ángel.
01/03/2013, Sevilla
