Quiero
destruir este blog porque…
Quiero rechinar los dientes hasta mellarme. Quiero rugir hasta quedar ronco. Quiero saltar hasta volar. Quiero lanzar todos los gritos que tengo atados a una roca en el fondo de mi garganta y prenderles fuego a mis cuerdas vocales para dar un concierto solitario de violín con espectáculo. Quiero hacerle el harakiri a mi muñeco de voodoo.
Quiero un yate. Quiero una casa en la playa. Quiero un buen salario. Quiero un trabajo estable. Quiero sentirme grande. Quiero sentirme realizado. Quiero comer sandía hasta volverme agua. Quiero no querer a todo el mundo.
Estoy
dispuesto. De verdad. A consumirme en esta carretera. A llegar con la última
gota de sangre, el último aliento, el último latido, la última mirada. No me
importa derrapar de aquí hasta el final y perder, metro a metro, más y más
carne. Sólo quiero llegar.
Puedo
pagar todos los peajes que me vaya a poner el destino. Si no me queda dinero
pagaré en carne y si no me queda carne pagaré en linfa, o en bilis, o en
lágrimas. A estas alturas, no me importa mancharme los lagrimales para
convertirme en plañidera.
Quiero
sentirme reconocido. Quiero que me quieran. Quiero dejarme querer. Quiero que
cesen los palos. Quiero que paren las agujas. Quiero que no haya más “hoy me
queda un día menos”. Quiero que las cosas tengan la mitad de sentido del que
tienen en mi cabeza.
Aquí
me sobran la experiencia, la aptitud, las referencias, las glorias del pasado,
el porte, el esfuerzo, las ganas y la virtud si me falta un buen padrino.
Quiero
destruir este blog porque si no esculpo aquí todo esto hasta que el cincel con
el que martilleo se rompa me va a taladrar la cabeza desde dentro y voy a
pintar de una vez la habitación, con lo que a mí me gusta procrastinar y lo mal
que se me dan las artes plásticas.
Miguel Ángel.
25/07/2024, Sevilla
