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jueves, 12 de octubre de 2023

El misterio y sus pellizcos

Yo quiero decir que me gusta estar así, pero no quiero. Si no quiero, ¿para qué lo hago? Pues porque se me antoja única la posibilidad de encontrarme con mi némesis. Conmigo mismo.

Único, particular, en los márgenes. Así me veía yo. Ahora veo que la anilla que me conecta al cuaderno que es la vida pasa por el margen de debajo, y allí se ve una cintura vestida con falda larga.

 

Y yo quería ser yo contra el mundo. Yo quería ser Nietzsche rechazado o Baudelaire con su judía, bizca y calva.

 

Sin embargo, allí, tumbados en el sofá, en ropa interior, intentábamos que ningún átomo cupiese entre su cuerpo y mi vientre. Los muelles que lanzan la sangre desde el centro de mi pecho estaban oxidándose sólo de verse en el futuro aún pegados y disfrutando la sonrisa que se me dibujaba en el córner del ojo, a la altura de su boca.

 

¿A qué escritor no le parecería interesante la propuesta consistente en saltar, sin mirar, a una piscina llena de jeringas conectadas a agujas que chupan la tinta del alma inquieta y estúpida de poeta que no sabe rimar? Yo qué sé, seguramente me vine arriba pensando que sabía darle giros de guion a mis entradas, que tenía dominada la técnica, que era un dios para los actores que correteaban entre mis líneas, y vino el destino a explicarme los trucos que no me sabía en forma de viernes en el blog.

 

«Hay un invencible gusto por la prostitución en el corazón del hombre, del cual procede su miedo a la soledad. Quiere ser “dos”. Pero el genio quiere ser “uno” …Es este temor a la soledad, la necesidad de perderse a uno mismo en la carne externa, lo que el hombre noblemente llama “la necesidad de amar”.»

Charles Baudelaire

 

Miguel Ángel. 01/10/2023, Sevilla