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jueves, 7 de marzo de 2024

Cada mañana sale un sol

Cada mañana suelo escuchar las últimas noticias políticas y económicas. Es una forma algo triste de empezar el día, pero me ayuda a tomar decisiones de inversión y que, si me encuentro el tema del día en un bar o en una estúpida discusión familiar, poder demostrarme una vez más que como seres estamos obsesionados. Obsesionados con esa insana pretensión de generar una conclusión definitiva de un asunto tremendamente complejo en el segundo después de recibir el más mínimo paquete informativo. Me gusta saber por dónde van los tiros y esquivarlos. A ser posible, explicarle a mi contertuliano que da igual, que todo da igual. Así soy yo, como Batman, pero en bata, por las mañanas, preparándome para enfrentarme al mal.

 

En X, antiguo Twitter, solía entrar al trapo de veinte millones de peleas dialécticas al día sólo por demostrar que sabía algo de lo que se tenía que saber ese día, que no era nada concreto, ni siquiera peremne. Flores de un día, o una semana, o un mes, que nos tuviese alejado de nosotros, de la vida y de los verdaderos estambres.

 

Y, por eso, yo seguía vigilante, para no volver a entrar. Para estar fuera desde dentro. Para cabalgar incoherencias, que algunos llaman.

 

Y, entonces, entre la llamarada de información que ni me va ni me viene, que me aleja del espíritu y de lo humano, allí, a las once de la mañana de un domingo, el sol entraba oblicuo por mi ventana. Es una de las pocas horas en las que entra a saludarme, y da en mi cama y la pared junto a ella. En un par de horas desaparecerá. En mi cama estaban mis pies, en mi mesa el desayuno a casi terminar, y yo con mis ojos en la ventana mientras desde el altavoz alguien entonaba uno y otro escándalo y otra y una acción.

 

El sol me calentaba los pies cuando ocurrió. Bailoteé un poco con la sombra de la reja sobre la piel que cubre mis metatarsos y escuché que alguien estaba haciendo sonar “La Flaca” de Jarabe de Palo. No la escuchaba bien por las noticias así que las paré. Inundaba la plaza que compartimos unos cuantos edificios de vecinos inconexos que se quitan el sol unos a otros. Los naranjos están bellísimos. Los pájaros estaban gritándose cosas, como si fuesen napolitanos. Una ligera y fresca brisa entraba por la mosquitera y se me dibujó una sonrisa.

 

Al poco, estaba asomado a la ventana en la que una chica se manchó los brazos de veneno para hormigas hace algún tiempo buscando un orgasmo y me dejé acariciar por el sol en la cara. La camella musical seguía anónima y la canción iba muriendo en mi pabellón mientras dentro me crecía la vida y los pájaros siguieron cantando.

 

Por hoy, las noticias pueden esperar. Si alguien me habla del tema del día en unas horas les hablaré del tema de estar vivos, a ver si me lo saben rebatir.

 

Miguel Ángel. 3/3/2024, Sevilla