Se me resquebrajan dos columnas.
Siento como crujen y vacilan.
Yo pensaba que me sostenían y se
ve que habré aprendido a andar con zancos o alguna otra cosa. Cada vez más, mis
pies se volvieron livianos hasta abandonar el soporte que me ofrecieron, si
eso, alguna vez.
Puede que esté pecando de tomar
el pulso mal y rápido pero su ausencia y la frialdad no me dejan muy a tono
otra respuesta que no sea más que la apnea más fatal. Y que mezclar corazones y
pulmones puede ser mala idea, pero no por poco se llama cardiorespiratorio.
Sentados, escapándonos. Primero huimos
hacia una pantalla y luego jugamos a formar ángulos divergentes con las
pupilas. Ahorrando el sinsentido de conocernos, el entretenimiento parece ser
la única salida y dirigimos nuestra orientación a escapar de ser humanos, y la
razón última se me escapa. ¿Cuándo nos volvimos fugitivos unos de otros?
¿Cuándo dejamos de interesarnos? ¿Cuándo la casualidad fue la única razón que
nos sirve para juntarnos?
Miguel Ángel. 9/2/24,
Sevilla
