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jueves, 19 de septiembre de 2024

Buzz Aldrin no estaría orgulloso

  Tenía un botón rojo invisible en su cuello. Se activaba con los labios.

  Si lo pulsabas ronroneaba y su cuerpo se conmovía, que era la secuencia de declaración de guerra, la señal de que el botón había sido presionado.

 

  En algunas noches nos escabullimos entre bares buscándonos porque nos perdíamos en la cama. No nos cansamos de vernos los dientes entre la risa y tampoco de lamérnoslos sin querer en un arrebato cuando los lúmenes que llegaban a alguna esquina eran suficientemente bajos.

  En contadas ocasiones bailamos en la parte de atrás de algún antro mientras turistas pasadas de rosca enseñaban las tetas por chupitos en torno a gente que ni siquiera se molestaba en girarse para admirarles los pezones.

  Pocas veces nos miramos sin buscarnos las entrañas, como intentando darle lectura a toda el alma del otro.

 

  No sé si dormía siempre con esa ropa o sólo se la ponía porque estaba yo, pero surtía efecto y deseaba volver a activar su cuerpo como si fuese la máquina que da salida al producto en la fábrica de los deseos.

  No se le daba bien dormir y necesitaba cuentos y más cuentos. Pensé que no podría vivir una vida iluminado por una pantalla azul toda la noche y me fui alejando, pero su centro de gravedad era potente porque en su pubis se escondía un sol, así que sólo cuando se le apagaron las ganas de improvisto nuestra última noche tuve fuerza para salir de su órbita, no sin llorar amargamente en un coche un par de horas. El precio de la eyección de emergencia.

 

  Aún hoy, de vez en cuando, nos vemos las caras y nos reímos. A veces nos gusta decirnos que nos queremos y que somos importantes el uno para el otro.

              

  Me alegra haber evitado colisionar de frente contra el agujero negro que estábamos creando. Me apena ser, desde entonces, el astronauta que sólo la puede ver desde una estación espacial, alejado del efecto que su sonrisa tiene sobre mis motores antigravitatorios. Supongo que uno llega a la conclusión de que seguir con vida puede llegar a saber a poco cuando la Tierra tiene más umami que el espacio.

 

Miguel Ángel. 19/08/2024, Sevilla