RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW – RAW -
RAW – RAW – RAW – RAW – RAW
3 días son muchos y son pocos.
Por ejemplo, son pocos para vivir
una vida entera y muchos para aguantar una crucifixión.
¿Subirá el hierro por los clavos
estacados en la carne? ¿Se habrán equivocado de enemigo y lo tenían que clavar
en el corazón, como a Drácula? ¿Hubiese sido más rápido?
Tres días de náusea, tres días de
diarrea, tres días de rabia, tres días de sorpresa, tres días de incredulidad,
tres días de te lo dijes, tres días de risas raras.
¿Tres días valen por una vida?
¿Por cuatro días? ¿Por un año? ¿Por cuatro años? ¿Por a_ño_y_me_dio?
No sé.
De repente me vi mirándome
risueño en todas las esquinas y la náusea saltó al abordaje de mi cuerpo. Jugué
al escondite con mi cara en cada marco que me miraba sarcástico.
“Yo no quiero hacerte daño”. Y
goteaba sangre fresca de un puñal de tipo malayo. Y brillaba. Y palpitaba. Y la
puerta se cerró. Y la sangre se secó en el suelo. Y no vinieron lamias a
lamerla para no dejar marca. Ningún súcubo entró por la ventana a embarrarse en
la hemoglobina. Ahí quedó.
-¿Cuánto vale?
-Vale tanto como puedas dar.
-De acuerdo, tome esto. Lo he
ahorrado por bastante tiempo.
-No tengo cambio.
-Quédese la vuelta.
Creo que estas son mis últimas
líneas en esta casa. Sí, las estrellas al final sí estaban pintadas en cartón.
¡Qué sorpresa! Esperaba que estas palabras fueran más dulces y menos ácidas. No
esperaba que se me agarrasen a la garganta como un collarín de castigo.
Glup, glup, glup.
He hecho un importante trabajo de
campo y ahora sé que una tostada equivale a tres arcadas ahogadas en café.
¿Qué quieres que te diga?
Calculaste mal, Migue. Sí, sé, sé. No se te da bien calcular.
Y como un eco distante se fue
disipando mi sonido y pensé en cuánto tiempo tendría que pasar para que me
escuchase de nuevo sin que mi voz estuviese grabada. Me resultó una reflexión
interesante.
Una vida, de repente, pareció
poco más que tres días.
París bien vale una misa, pensó,
alineada con Enrique de Borbón mientras brotaba savia bruta y roja.
¿Este es el último recuerdo? Qué
intenso, una telenovela. Menudo broche.
Y, sentado en el suelo, lloraba,
y reía, y lloraba, y reía. Y el perro me preguntó qué me pasaba lamiéndome las
lágrimas. Y yo no sabía si me estaba riendo de pena o llorando de alegría. No
creo que lo sepa nunca. Me ahogué en la espiral de James O’Barr donde estaban
las arañas en los estómagos de las serpientes, a mucha profundidad, mientras
llovía arriba.
Creí que estaba sereno. Pensé:
“Yo no puedo ser tu amigo”.
Contaba unas monedas y noté
cuánto me temblaba la mano. Me concentré. No surtió efecto. Conté entre la
vibración. Terminé. Agarré el boli. La tinta corrió. El temblor cesó. Seguí
contando otras cosas.
¿Soy más un animal enjaulado o
una alimaña en la despensa?
Hoy me quité una costra y no
sangré. ¿Me queda sangre?
Algún día, si sigo vivo, leeré
ésto con una sonrisa. “¡Qué ingenuo! ¡Lo que te depara la vida es más cañero,
esto es sólo el calentamiento, chico!” Pensaré.
Hoy parece que Mercurio está
retrógrado…o algo así decía una amiga.
Doblaba la aspiradora mientras
Billie Eilish cantaba algo que incluía “Second hand smoke”. Me pareció
brillante sentir que yo también estaba siendo un fumador pasivo. Lo tuve que
escribir. Me tuve que reír del cáncer que me recorría, sin pudor, los pulmones.
El yoga de hoy se llamaba “Yoga
para relajarse y aliviar el estrés”, casualmente. En cuanto acabé cagué el
plátano que me comí sin ganas una hora antes. Mientras lo cagaba también quería
vomitarlo. Aparentemente, y no es concluyente, el yoga no funcionó.
Terminé de cepillarme los dientes
por última vez en esta casa. Fui a dejar el cepillo donde siempre pero ya no
estaba, ahora pertenecía al ejército de cajas. Me sorprendí sonriendo en el
espejo.
No sé cómo sonará la puerta
cuando me vaya. Sé que es malo acariciar al perro justo antes de irte. Pecaré
hoy. Es un buen chico. ¡Qué buen chico!
Miguel Ángel.
13/06/2023, Barcelona
