Entradas populares

jueves, 17 de agosto de 2023

No vuelvas a volver (Segunda parte)

(Primera parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver.html)

La poca sangre que le queda a mi cerebro se distribuye por mi cara para darme esos colores vivos que te permiten sonreír. Mi sonrisa nace en ese armario de calcio donde, a veces, juegan nuestras lenguas mientras nuestros ojos se cuelan en una oscuridad tan cálida que pensaría que estoy ardiendo si no fuese porque el humo que llega a mis sentidos no es otro que el aire que respiras, me llegas tú.

 

Estás allí, esperando tu ramo. Yo estoy aquí, esperando a mi sistema nervioso. Esperando poder correr, andar, gatear...lo que sea hasta ti. Estás aquí y lo único que puedo hacer mientras mi sonrisa, cual telón, deja ver mis dientes impolutos, por un cepillo cruel y mi mano nerviosa, es chocar nuestras narices y arrugarlas. Nuestros ojos bajan hasta el corazón del otro y, por fin, soy capaz de sentir el calor de tus labios sobre los míos, la finura de la piel del pecado sobre la piel de la estupidez. 

 

"Éste es tu regalo" Dice mi estúpida boca, y tú no eres capaz de entenderlo, así que decides lanzarte a robarme otro beso, pero me separo con una sonrisa inocente y te lo digo al oído porque éste es tu regalo físico y aún te espera mi definición. Lo coges sin entender muy bien qué significa algo tan corriente, pero ahí estoy yo para darle un sentido más teórico. Con un abrazo que une nuestras almas y nuestros cuerpos me acerco de nuevo a tu oído y puedo vocalizar lo que el nerviosismo me permite, que es algo así como: "Bueno...aquí estoy […]”

 

Tus ojos son fuegos artificiales y, supongo, mi sonrisa más estúpida. Te quedas unos segundos mirando a mis ojos buscando en mis enormes pupilas una posible respuesta con sentido, pero lo único que se nos ocurre a ambos es volvernos a besar. Te separas, me miras a los ojos y me dices “No vuelvas a volver”. El tiempo se ralentiza y yo lo noto. Tú empiezas a congelarte, el paisaje a desmoronarse en el horizonte y comienzas a desfragmentarte. Millones de píxeles quedan de lo que antes fue el día que definí cosas. Mientras lo que queda de mí, mis zapatos y mi ramo caen en picado en un vórtice totalmente negro e inanimado. No puedo evitar quitar mi sonrisa y extrañarme, mirar el ramo y verlo destruido mientras caemos, mi mundo tiembla cuando…

 

"Migue, ¿estabas dormido? ¡Menudo imbécil!" Escucho risas.

 

En mi mente entonces sólo suena una canción de fondo y un sonoro “no vuelvas a volver” que se traduce en mi organismo a un suspiro.

 

Miguel Ángel. 24/05/2011, Sevilla