Tenía unos cuatro años, mi bisabuela me preguntó que por qué suspiraba. En ese momento un aburrimiento de niveles superiores a los que estaba dispuesto a aguantar me atacaba, pero no quise sacarla de su mundo adulto de críticas, sonrisas oscuras y vino del color de la vida, ése que se toma cuando se tiene miedo a morir, así que decidí mentirle y alegar alucinaciones propias de una octogenaria.
Hoy estoy bajo las estrellas, sobre un trozo de plástico, como si fuese mi tumba. A mis lados están mis amigos, pero mi presencia aquí no es tan notoria como lo fuera junto a mi bisabuela y mis suspiros pasan desapercibidos, por muy agónicos que puedan ser en este féretro. Mi bisabuela me bañaba en las corrientes del esoterismo, en las costas de cuentos, nanas y canciones que dan forma a la vasija de barro que represento.
Las estrellas me llaman una a una para que las mire, celosas por no ser la primera ni la siguiente, muertas de aburrimiento, suspirando para que alguien les lance un saludo sin tener que, por ello, reflexionar sobre su vida. De una en una me voy abrazando con ellas hasta que la miríada de luces led se va tiñendo del negro que las sujeta.
Mis zapatos repiqueteando a cada paso, yo y mi ramo. Mi pelo recién mojado, mi bonobús dirigiéndose a esa máquina que hace bip, yo y mi estúpida sonrisa. Sigo caminando entre pasillos de cristal, ladrillo y carne sin alma que ve con malos ojos que yo pueda llevar un ramo y una estúpida sonrisa. El asiento libre que reposará por un rato mi felicidad.
Todo es tan bonito desde esta perspectiva que parece que el olor a alcohol de mi compañero de asiento es parte de una nueva fragancia de moda entre las pituitarias más selectas, de nuevo mi visión es del color de la rosa más bella de tu jardín.
Sí, sigue siendo hoy, mi reloj sigue sin existir, sólo queda del tiempo lo que decida ser, no hay ataduras, ni obligaciones más que con mi alma, porque hoy es el día en que defino cosas...hoy es mi día.
Yo y mi estúpida sonrisa cabalgamos por encima del tiempo, del espacio y de la física. Hoy sobrevolamos la ética, la fe, la razón... Hoy es mi día y el tiempo se acorta para celebrarlo. Mi estúpida sonrisa crece y crece como la erección es víctima de la excitación; mi sonrisa es víctima de un alargamiento progresivo porque estás cerca. Sí, lo noto.
(Segunda parte: https://expresoydiario.blogspot.com/2023/08/no-vuelvas-volver-segunda-parte.html)
