Inma cree que salir aquí es
sinónimo de estrellato o de gloria. Como si ser zarandeado en una cruz frente a
Belén fuera el camino del mártir que lleva a la Biblia. Esto no es más que un
paseo por los dedos de alguien a quien le dieron pensamientos más rápidos que
su lengua y sentimientos más ocultos que sus lunares.
Cuando se acumulan las voces no
dichas y las que se dijeron mientras se derramaba sangre sobre un asfalto,
puede que, sobre un paso de cebra, florezca ahí, entre las grietas del
alquitrán, un pétalo y corra el polen a nado a tirarse a volar y lo enganche
una abeja y llegue, de suerte, a una gasolinera, donde alguien reposte para
huir, y se lleve el tajo de la fruta que crece molida en mis entrañas. Y lo
mismo tiene que combatir con el humo a ver quién es más negro. Lo mismo le
ponen buena música. Lo mismo escucha un podcast. Lo mismo van en silencio.
Y los nombres vienen y van, el
recuerdo se agarra a ellos como si eso impidiese que las caras se borren con
una goma de color sepia. Los peinados, los pantalones. A veces Tuenti me tiene
que recordar quién fui porque me vuelvo un dibujo animado en mi memoria. Y aquí
quedan, fotograma a fotograma, todas esas desdichas que soy incapaz de recordar
si no nacen de mis dedos, presionando con una sensualidad que no me regala la
masturbación, en un torbellino que arranca la miasma que mi garganta acapara,
como si algún día se fuese a acabar y tuviésemos que hacer acopio.
Algún día, Inma, puede que leas
esta entrada. Lo más probable es que no. Y algún día, también, se nos caigan el
culo, las bolsas de los ojos y, algún otro día, hasta los pies en una urna.
Algún día, Belén cerrará las puertas y quien venga sólo podrá ver todo lo
crucificado frente a la entrada. Algún día, de toda la ciudad, sólo quedará el
recuerdo de todos los pecados que se purgaron de camino a ella, para no
olvidar. Un camino para no olvidar. Qué bonito sería que así de fácil no se
volviese uno a colocar clavos en la mano.
Miguel Ángel.
09/11/2023, Sevilla
