Estando en un bar me contaron la
historia de alguien que estaba muy cansado de su trabajo de camarero, un hombre
muy delgado, listo y con un ojo vago.
Estoy hasta los huevos, le decía
a Gabino, ya no aguanto más esta mierda.
Su trabajo se lo estaba comiendo
y vivo, empezando por los pies. Tan listo que él era, que todo el mundo se lo
había dicho, y tan poco que ganaba. Esta vida se lo estaba comiendo.
Gabino le habló de unas
oposiciones a Correos, para enviar cartas. A él siempre le había gustado andar
y lo vio como un ascenso a la categoría de los que disfrutan de su trabajo. No
tardó más de un día en enterarse de las pruebas que tendría que pasar y menos
de diez horas en comenzar a prepararse.
Me voy a cambiar la vida cuando
sea cartero, voy a vivir la buena vida, le decía a Gabino.
El día del examen llegó.
Le entregaron la prueba.
Llegó a su asiento con ella en la
mano.
Tragó saliva.
Respiró profundamente.
Dio la vuelta al papel.
La lectura le duró,
aproximadamente, medio latido. Sus ojos no se cerraron en lo que pareció un año
y medio y su boca se secó tanto que se le marchitaron un par de margaritas que
habían comenzado a salirle entre los premolares a tenor de la primavera.
Una hora y media más tarde,
aproximadamente, entregaba su examen.
Gabino cree recordar que una
semana más tarde el tipo andaba loco de contento, dando saltos de alegría. ¡He
pasado el examen, voy a ser cartero! Gritaba a todos sus amados feligreses.
La alegría era compartida, todos
se contagiaron de su felicidad.
Dos semanas más tarde, allí
seguía él, pero ahora mustio, barriendo. Gabino se acercó a preguntarle. ¿Qué
pasa, Pepe? ¿Por qué esa cara tan mustia?
Resulta que tenían que hacerme un
examen médico para ser cartero y allí que fui. El electro bien, la prueba
auditiva bien, la sangre bien, todo bien. Y me van a mirar los ojos. Y me tapan
el malo y yo veo allí de diez de diez. No se me escapó ni una mota que por allá
danzaba. Y me taparon el bueno y por poco veo que tengo los párpados abiertos.
Me piden que pase a otra sala, que allí me dan los resultados. Y allí viene un
tipejo desagradable con unas gafas a media asta, y me da un papel muy
asqueroso, y allí pone que yo no veo por un ojo y que no soy apto, y les tuve
que gritar ¿¡PERO ESTO ES PARA SER CARTERO O PARA SER PIRATA?!
Y no hubo manera, ¿no? Preguntó
Gabino.
No hubo manera, respondió José,
mientras seguía balanceando aquella escoba con la que recogía los trozos de su
ilusión desmoronada por el suelo.
Miguel Ángel.
21/02/2024, Sevilla
