Adrián iba a la casa de Joana,
como suele desde hace un tiempo.
Joana ha soñado muchas veces.
Tiene treinta y pico y va a sueño por noche. Hagan cuentas aproximadas.
Uno de sus sueños más
persistentes es el de tener una criatura, bautizarla, vestirla con conjuntos
que le duran una semana, amamantarla, limpiarla, disfrutar de su crecimiento y
velar todas las noches que salga en su veintena.
En el proceso, Joana se encuentra
con el primer gran desafío. Aquí falta un poco de certero semen, comienza a
cuestionarse frente al espejo, quizás no con esas palabras.
Sentados, Adri y Joana se meten
mano. Se han conocido por Tinder o algo así, si es que sigue existiendo tal
cosa, y han aprendido a besarse sin pedir permiso y darse la pata, así que se
pueden considerar domesticados el uno por el otro.
Adrián tiene una vida turbia. No
sabe dónde coño poner los pies para que no le parezca que el suelo tiembla. No
sabe qué coño va a hacer con su existencia, si es que tiene que hacer algo, o
si tiene que aguantar oleadas de qué sé yo. En serio, no lo sabe él, no creo
que lo vaya a saber yo.
Pero, si yo supiese qué pasa por
esa cabecita. Bueno, quiere que le quieran sin tener que exponerse a querer
porque le da vértigo. Quiere acertar a ser el héroe que soñaba ser de niño sin
sufrir lo que tiene que sufrir un héroe. Quiere que le recuerden por hacer las
cosas que él desearía hacer sin tener que hacerlas. Tiene envidia de quienes lo
consiguen y se fustiga cuando mide sus propósitos cumplidos. En el proceso, se
queja.
Y es entendible, todos somos así.
La única diferencia es que Adri no existe.
Antes de que la cosa termine de
caldearse, dado que ya se conocen de hace algún tiempo y Adri tiene unos ojos
preciosos, Joana le explica su deseo.
Quiero ser mamá.
Muy bien.
Creo que no lo entiendes. Quiero
ser mamá.
Me parece perfecto.
Quiero que tú seas el padre,
tonto.
Aquí va un silencio prolongado.
¿Cómo voy a ser yo el padre?
Eres dulce, eres amable, me
gustas. Pero quiero criarlo yo, no tienes que preocuparte.
Joana, tú me pareces muy cariñosa
y linda, pero yo no quiero ser padre.
No lo tienes que ser, o sea, lo
serás, pero sin tener que hacerte cargo.
Y Adri no supo si tomarse esto
como un cumplido divino y único o como una amenaza de muerte. Y lo que hizo
después no se puede narrar sin primero hacer un parón para coger aire.
Miguel Ángel. 13/10/23,
Sevilla
