Londres, ciudad de tiempo infinito y ríos de arena. Ciudad de prisas y
lo sientos.
El viento corre sin destrozar más que mentes destruidas, ya de por sí,
por una escena multicultural continua. Así, como una manada de lobos
diferentes, acechan sus presas por poco tiempo, pues son impacientes.
El calor humano se disipa entre nubes con nombre propio, nubes de
colores móviles, tales como una simple división para una mayor eficiencia en el
tiempo.
A pesar de ello, Londres es un lugar con encanto y cualquiera atenderá
de buena gana una llamada de atención.
Londres es un hielo con luces de color.
Es un híbrido entre tristeza, agobio y melancolía, es un monstruo de
duras zarpas que con fiereza ataca al subconsciente.
Su expresión me resulta dulce, aunque otros la catalogarían de dura,
fría…es, sin embargo, una muestra clara de que seguimos fieles al instinto.
El chaman señala al totem y, sin saberlo, un nuevo lord nace bajo una
chistera. Nuestros mocos aquí son negros, algo nos corroe las entrañas.
Miguel Ángel. Mayo de
2010, Londres
