Yo no tengo nada que contar, por eso pienso en otras personas cuando
escribo. Como yo mismo soy un folio en blanco, es mejor plantearse la
existencia de otros y describir sus alegrías y sus penas, porque yo no tengo
ninguna, como el tofu, que ni sabe ni nada.
Por eso, hoy les vengo a hablar de Ramiro, que es una persona que acabo
de conocer en el descansillo y que tenía muchas ganas de hablar.
Me cuenta Ramiro que se siente normalmente alegre. Ahí yo me contenté.
Que suele intentar verlo todo bonito y luminoso. Que se empeña en hacer lo que
considera que es el bien y que no mira a quien. Que yo le dije que me parecía
perfecto. Y que una de las mejores sensaciones que puede tener es que le digan
que es una buena persona. Que a veces piensa que es vanidad y otras veces que
es el empujón que le hace falta para recordarse que va en la buena dirección.
Yo ahí no he dicho nada porque eso es cosa de Ramiro.
Me ha dicho Ramiro que a veces le hunden un yunque en el pecho. Casi
siempre es sin querer, no es una cosa que la gente vaya haciendo así porque sí,
pero que de vez en cuando le pasa. Normalmente siente que no se lo merece,
aunque a veces ha pensado que le tocaba por merluzo. Yo ahí le he dicho que
claro, que eso nos pasa a todos. Y también me ha comentado que hoy se sentía
así, por lo que le he preguntado a ver de qué iba todo esto.
(Continuará)
