A Braulio no le gusta hablar de sí. Prefiere ver una serie o intentar
levantarse de la cama dentro de cinco minutos.
Descansa todo el rato y siempre tiene sueño. Siempre está cansado.
La música no le apasiona y no le va la vida en bailar.
Las buenas noticias le hacen bostezar y las malas se las sube a la
chepa.
Braulio y yo hemos hablado algunas veces. A veces de la madurez, del
desamor… Cuando viene a casa, siempre se queda una temporada. Yo le doy
manzanas y nueces y él se las come agradecido. Hay que alimentarlo, porque les
aconsejo que no pierdan el tiempo esperando que él les cocine.
Es un gusano extraño y algo desagradable. No sé por qué le sigo
invitando a casa. Supongo que es por la cantidad de colores que me enseña para
que los vea, pero sigo pensando que no me compensa porque no me apetece
pintarlos.
Ser amigo de Braulio es algo humano. A todos nos pasa de vez en cuando.
Por eso, me van a permitir que le atienda como es debido hasta que se
vaya.
Miguel Ángel. 01/04/25,
Sevilla
