Tenía pensado subir un texto que escribí hace
mucho y que, con mimo, había preparado en trozos para deglutir con
tranquilidad, pero casi me da un infarto esta tarde y empezó a temblarme todo,
desde las uñas de los pies hasta la neurona más apical que podáis encontrar en
mi cabeza.
De normal, hubiese escrito sobre las
emociones que me arrollaban como un tsunami, si ahora mismo dispusiese de
ellas. Verdaderamente. Se da la curiosa circunstancia de que Cristina estaba
ahí para sacarme a bailar. Que de primeras me negué, pero al rato le dije “oye,
sí, ponme algo de música”.
Hace meses, Cris me pidió que hiciese una
tarea que le habían solicitado. Unas cosas llevaron a otras y me vi incapaz o no
pude encontrar la forma correcta. Lo pensé muchas veces y quise hacerlo, pero
ya sabéis cómo es la vida cuando se empeña en darte razones para hacer o no
hacer algo y lo buenos que podemos ser buscando excusas. Yo soy un campeón.
Considero que hoy es un buen día para cumplir
el propósito propuesto y, por ello, me dedico a ello. Quizás no es el formato,
ni el lugar que solicitó, pero sólo hay una forma de averiguar si le va a
gustar:
Les comento cómo es Kris, para que la puedan
localizar por la calle si con ella se encuentran. Que le puedan pedir
autógrafos y fotografías. Ella es preciosa, provocativa, pelicamaleónica y
estilosa. Tiene un sentido del asco desarrollado a su máxima potencia y una
forma de expresar su verdad que, a veces, roza lo borde. Otras veces, simplemente
lo atraviesa como un pincho moruno.
Krys es el tipo de persona que lucha
pacientemente con sus complejos e inseguridades. Que los localiza como un
francotirador y tira a matar con balines de plástico. Y golpe a golpe, ceden
hasta que le crecen nuevas flores de donde toque. A veces de las clavículas y, otras,
de las axilas.
Kryys es divertida a más no poder, al igual
que ansiosa. Tiene una mirada que mata y otra que resucita y las emplea a
discreción. Está siempre que la necesito y siempre he sentido que está, aunque
no haya hablado con ella en cinco años. Me gusta pensar que el sentimiento es
mutuo.
Kryysh es perseverante, única, irreverente,
dulce, ácida, salada y especiada. Es carismática, divina, selectiva (no como
yo), sensual y cariñosa.
No intenten poner a Cristina en su vida.
Cristina es especial para mí, como para ustedes puedan ser Romualdo, Abelarda o
Constantina. Cristina es, verdaderamente, especial, para mí, porque reconozco
en ella a la persona que quiero tener cerca para reírme, para llorar, para
abrazar, para contar y para escuchar. Nos hemos domado con las décadas y nos
reconocemos como un espejo. Nos llamamos amigos y nos queremos como somos. Si
nos conociésemos ahora mismo por la calle es posible que nos despidiésemos sin
desear volver a vernos. Es la persona con la que quiero discutir sobre cómo
morir y, sobre todo, sobre cómo vivir. Verdaderamente.
Miguel Ángel. 24/04/25, Sevilla
