Encontré un resquicio para la ventana y salté
al jardín. La vecina tiene olorosos pasteles enfriándose en su alféizar, así
que el reclamo era más que inevitable.
Estiré las patas al sol y me lamí una para
salir bien aseado a dar un paseo con el estómago ya ejercitado. Así me
encuentro, de vuelta a las calles.
Espero encontrar una gata que maúlle como
O’Riordan sin sus tendencias autodestructivas, aunque me encantaría toparme con
una que ronronee como un río. Un río eterno y tranquilo, previsible y sereno.
Uno de los que tienen crecidas cuando las lluvias vienen raras y que en verano
refresca por donde pasa, uno con curvas con nombre y que siempre bebe de los
mismos arroyos, que siempre desemboca en los mismos mares. Que sea distinta
siempre, para honrar a Heráclito, y a la vez que encuentre en la calma su hogar.
Una gata bonita, una gata divertida, una gata
felina e inteligente. Torpe, irreverente, dulce, salada y con umami. Una gata
glutamato, una gata nata, una gata araña, una gata anfibia y una gata
sarpullido.
No quiero una gata curandera, ni una adivina.
No quiero una gata que odie el pienso, ni una que tenga por costumbre
retorcerse cuando le duela. Espero no encontrar una gata con pelos en la lengua
y tampoco que asfixie.
En la calle somos muchos gatos y todos
estamos buscando algo, así que, después de pensarlo mucho, he decidido
desviarme de la corriente y disfrutar el sol. Las gatas, ya vendrán, si tienen
que venir. El sol saldrá, si tiene que salir. Los ríos fluirán, si tienen que
fluir.
Si me han dejado la ventana abierta o cerrada
ya me da igual, en esta piedra, bajo esta luz, con este calor, uno puede echar
una vida al raso, cazar ratones, salamanquesas e hipopótamos. Uno puede ser,
sin saber quién es. Uno se convierte en todo, porque aquí está todo. Podría
parecer muy distinto uno y todo, pero no lo es para los gatos. De verdad,
pequeña gata, podemos ser dos unos o serlo todo, acércate a esta cama, aquí se
ve mejor la perspectiva que te ofrezco.
Comería sardinas contigo, pero me harté de
pastelitos. Quizá otro día. Por cierto, ¿tú cuántos meandros has dicho que
tienes?
Miguel Ángel. 14/02/25, Sevilla
