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jueves, 19 de junio de 2025

De vuelta a las calles

  Encontré un resquicio para la ventana y salté al jardín. La vecina tiene olorosos pasteles enfriándose en su alféizar, así que el reclamo era más que inevitable.

  Estiré las patas al sol y me lamí una para salir bien aseado a dar un paseo con el estómago ya ejercitado. Así me encuentro, de vuelta a las calles.

  Espero encontrar una gata que maúlle como O’Riordan sin sus tendencias autodestructivas, aunque me encantaría toparme con una que ronronee como un río. Un río eterno y tranquilo, previsible y sereno. Uno de los que tienen crecidas cuando las lluvias vienen raras y que en verano refresca por donde pasa, uno con curvas con nombre y que siempre bebe de los mismos arroyos, que siempre desemboca en los mismos mares. Que sea distinta siempre, para honrar a Heráclito, y a la vez que encuentre en la calma su hogar.

 

  Una gata bonita, una gata divertida, una gata felina e inteligente. Torpe, irreverente, dulce, salada y con umami. Una gata glutamato, una gata nata, una gata araña, una gata anfibia y una gata sarpullido.

  No quiero una gata curandera, ni una adivina. No quiero una gata que odie el pienso, ni una que tenga por costumbre retorcerse cuando le duela. Espero no encontrar una gata con pelos en la lengua y tampoco que asfixie.

 

  En la calle somos muchos gatos y todos estamos buscando algo, así que, después de pensarlo mucho, he decidido desviarme de la corriente y disfrutar el sol. Las gatas, ya vendrán, si tienen que venir. El sol saldrá, si tiene que salir. Los ríos fluirán, si tienen que fluir.

  Si me han dejado la ventana abierta o cerrada ya me da igual, en esta piedra, bajo esta luz, con este calor, uno puede echar una vida al raso, cazar ratones, salamanquesas e hipopótamos. Uno puede ser, sin saber quién es. Uno se convierte en todo, porque aquí está todo. Podría parecer muy distinto uno y todo, pero no lo es para los gatos. De verdad, pequeña gata, podemos ser dos unos o serlo todo, acércate a esta cama, aquí se ve mejor la perspectiva que te ofrezco.

  Comería sardinas contigo, pero me harté de pastelitos. Quizá otro día. Por cierto, ¿tú cuántos meandros has dicho que tienes?

 

Miguel Ángel. 14/02/25, Sevilla