El ser humano ha
buscado formas inverosímiles para transmitir información. De piedras a papel.
En el lugar más
insospechado, alguien le declaró amor eterno a Juani y firmaron con fecha. Y
hoy estaba yo en uno de esos lugares insospechados.
Terminé un rato
atrás una copa de vino mientras cenaba y escuchaba música. La agarré una última
vez para mirarla de cerca, no sé por qué. Pude observar la marca de mis labios
en el borde y un pequeño resto de vino que bailoteaba en el fondo cuando la
movía. Al fijarme un poco más, el vaho en la parte contraria al último beso que
le di, recorriendo sin esfuerzo una silueta preciosa en la bóveda que dibujó
justo antes de despedirnos. En su cristal se adivinaban tantas estrellas
fugaces como el doble de luces a mis espaldas, y a cada suave vaivén giraban
estirándose o haciéndose pequeñas. Me asomé a la copa y acerqué mi nariz,
disparándome al cerebro una fragancia embriagadora.
Cuando la dejé en la
mesa replicó dulcemente.
Fuera seguía
lloviendo y algunos coches susurraban a su paso por la autopista. Ahí fuera
todo era gris, pero en la copa había algo rojo que acababa de tintar el mundo
entero.
Miguel Ángel. 25/01/26,
Sevilla
