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jueves, 19 de marzo de 2026

Gelatto 33x2 (1/3)

  Llevo unos días soñando. Es reseñable porque llevaba meses sin hacerlo.

  Hay ciertos dioses que exigen un pago por rendirles pleitesía y recibir sus bendiciones. Yo rezo de manera asidua a uno con rastas que bloquea mi capacidad para soñar, y todos los años dejo de ir a su iglesia durante un mes. Todos los años vivo un periodo en el que reconecto con mi subconsciente mientras duermo. Y cuando pasa, las noches me saben a poco.

 

  Pero, ¿a quién quiero engañar? Yo sueño más despierto que dormido. Esto es sólo la novedad. Y, por ello, cuando me recupero del golpe y recuerdo dónde viven mis ilusiones y fantasías, la noche me parece un desagradable trámite que mi cuerpo necesita para descansar. Y somos jóvenes, y gaudeamus igitur, y a mí me sobran horas de madrugada tumbado y creo que las puedo recuperar más adelante. Por ello, decido escribir a Uli.

  Conocí a Uli en una fiesta y traía un medicamento muy potente. Le pedí el número de su médico de cabecera y me pasó el número de Gelatta. Pasaron un par de meses hasta que le escribí dándole el santo y seña prometido; “Soy amigo de María”. Ella usaba la ortografía como la cadena de una bici desengrasada y oxidada, pero tenía swing. Quedamos en conocernos en su portal y yo, que soy un amante experimentado en encontronazos, reconocí en un “vale, guapetón” la posibilidad de un amorío con una narco. Un capítulo fundamental en mi vida literaria. Me puse bañador para estar preparado para lanzarme a la piscina que me esperaba.


(Continuará)