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jueves, 12 de marzo de 2026

Sin rastro

  Lo busqué sin hallarlo, temiendo que ya sólo quedase en un sitio tan frágil.

  Rebusqué en las alcobas, en la cocina, en el cuarto de baño y en el salón.

  Ojeé en los libros, en las páginas, en el portátil y en las ventanas.

  Después escuché la cisterna, el altavoz, la hervidora de agua y el rallador.

  Más tarde chupé los platos, los tenedores, la pasta de dientes y el cacao.

  Verdaderamente preocupado, toqué la cama, la ducha, el acondicionador y la ropa.

 

  Entonces ya sólo quedó el miedo.

 

  Como un sabueso recorrí con mi nariz cada esquina de la casa y pude darme cuenta, mientras me recorría un pánico más que justificado, de que tenía razón. Ya no estaba. Se había esfumado.

  Su olor se había ido de casi todo. De la sudadera, del pijama, de la cama, de mi bigote… y ya sólo queda en el último sitio.

 

  En mis recuerdos aún tiene su hueco. Y nerviosito anda todo mi cerebro de lagarto de que le de una nueva dosis. Y me revuelque con mi pituitaria por toda la casa. Y cada vez que inhale se me pongan los ojos en blanco.

 

Miguel Ángel. 22/01/26, Sevilla