Trae una fruta y trae lombriz.
Trae una nena y trae cicatriz. Me trae la alegría y le borra el carmín.
-Ha habido mucha tensión en el
partido, pero nada como este lanzamiento que va a recibir Polanski y que
determinará el futuro de su equipo. Va a lanzársela Rivers que lleva una
temporada fantástica en la que se ha llevado muchas victorias al vestuario. Se
habla de él para un fichaje de los Unions el año que viene y tiene mucho que
demostrar. Es en partidos como este cuando se la juega.
-Definitivamente, Romero,
estamos ante un verdadero evento atlético que sin duda demuestra el poder de
este deporte que amamos con locura.
-¡Disfrutamos este juego! Éste
es el altar al que nos gusta rezar. ¡Parece que se resuelve la disputa y se da
comienzo al lanzamiento! ¡Qué locura!
-¡El árbitro da la señal! Va a
lanzar Rivers. ¡Rivers se prepara! Mira al cielo y cierra los ojos. ¡Rivers se
sitúa! ¡Rivers lanza!
¿Saben? La vida se parece, en
muchas ocasiones, a un partido de béisbol. Evidentemente, desde mi corta
entendedera. Tampoco he asistido a muchos y, casi todos, en mi mente. Hoy
presencio este desde la grada.
STRIKE UNO
Y es que hay momentos en los que
se acerca un barco pirata y su bandera es roja y ondea con una sensualidad que
te hace fijar los ojos al telescopio. Pero igual, cuando llegue, va a sonar la
mecha de un cañón. Perdido estás si pretendes sobrevivir al amasijo de astillas
que quedarán, flotantes, fluyentes, decadentes, macerándose en el mar. Y tú,
con tu ropa mojada, otra vez, maldiciendo tu suerte y tu instinto navegante.
Como si no siguieses las nubes tormentosas sólo por tener la piel erizada.
Navegar y el béisbol son
tormentas de la vida. En ambos, cazamos sueños en mares inciertos y estadios
desolados. Rivers va a lanzar.
