Tres vándalos marchaban por la
calle, implacables, buscando saciar su sed de risa. De bar en bar, dejándose
las suelas por una carcajada financiada a plazos de cerveza o una lágrima
incómoda que se aleje en la zona externa de sus párpados mientras se les elevan
las comisuras al cielo.
El hambre les arrastró a un
restaurante. Uno de los vándalos se acercó a la barra, donde un camarero
atendió sus peticiones.
-No tenemos mesa ahora mismo.
-¿Podríamos comer en aquella
barra?
-Me temo que es imposible.
-¿A qué hora tienen hueco?
-A las once podremos atenderles.
Aún eran las nueve de la noche y
el hambre les apretaba de haber conquistado tanto. Decidieron alojarse bajo
otras, culinarias, faldas. Marcharon un poco más y dieron con sus huesos en
taburetes en una bodega repleta de monstruos.
Un dueño que ya les conocía se
acercó. Rieron sin poder compartir una cerveza porque los monstruos estaban
sedientos. Pidieron queso, un tomate relleno, carne mechada y chicharrones de
Cádiz. Sólo llegó el tomate.
Un rato después, el dueño volvió
con cierto desparpajo a revelar un “error de cocina” traspapelando lo que él
jamás apuntó. Hay formas de decirle a tu familia que tu abuelo se acaba de
morir. Él sabría decirlo. Se contentaron esperando de nuevo con otra bebida.
Al fin llegó el resto y fueron
conscientes de que, si bien ya no estaban hambrientos como perros, necesitarían
algo más elaborado para recomponerse de una larga jornada de apropiaciones.
Volvieron al restaurante de
antes. Eran las once ahora. No habían reservado. Hubo suerte.
-Tenemos estas cosas fuera de
carta.
-Ponga de todo.
Se le dibujó una sonrisa a la
camarera. Los vándalos se crecieron.
Unos cuantos chistes, lagrimitas
de salmón y chupitos de sake después llegó la hora de pagar.
-Necesitamos saber cómo te llamas.
-Me llamo Blanca.
-Blanca, brinda con nosotros.
Brinda por la alegría. – La currante oteó el horizonte. Su jefe salía
apresurado del local.
-Tengo un momento, ¡vamos a
brindar!
Cogieron todos sus vasos de
chupito de licor de cereza. Todos rieron una última vez. Todos bebieron.
Si ellos mismos supiesen…
Miguel Ángel.
21/09/2023, Sevilla
