Entradas populares

jueves, 15 de febrero de 2024

16 de febrero

Pensaba que ya lo tenía solucionado desde el mismo momento en que pronuncié las palabras “ya está hecho”, en sentido figurativo, pero me está costando bastante más.

Pensé que perdonar alberga en sí el perdón. Cuando lo decimos, cuando lo pensamos. Cuando lo digo, cuando lo pienso. Cuando lo dije, cuando lo pensé.

 

Cuando me quise dar cuenta, había olvidado. Me preguntaban y yo sólo veía borrones y sonreía porque todo estaba fuera. Purgado del sistema, la miasma no puede contaminar. Y pobre iluso pensando que el veneno iba a salir del cuerpo sólo porque se aceptase tanto la sustancia como al proveedor. Ahí estaba y ahí está. Tóxico, sucio, contaminante, patente.

 

Creo que me queda mucho trabajo y creo que me vendrá bien realizarlo. Creo que lo estoy haciendo. Espero, sinceramente, estar recorriendo el camino del perdón. El camino donde las cosas y su dolor son, pero son perdonados, y las sonrisas son, pero son recordadas.

No existe perdón con olvido porque no se puede perdonar lo que no se recuerda. Tampoco se puede sobreponer uno a quien es por olvidarlo.

 

Yo te quiero, ¿sabes? No quise, ni siquiera quisiere, en desiderativo. Yo te quiero, en eterno presente. No me gusta decirlo al aire porque llega a las orejas incorrectas y sé que no estás ahí, ni siquiera tras los ojos que leen esto. Esto parece más para mí y lo mismo me estoy diciendo que me quiero yo, pero tiene más que ver con lo que te quiero a ti. Acepto tus partes que son mías y las abrazo. Intento, desde mi propia vida, solucionar los errores que tú identificaste en ti y los que yo creí ver. Intento ser mejor. Intento ganarme tu orgullo. Día a día.

De acuerdo con mi cosmovisión, ni puedes leer esto ni nos vamos a volver a ver. Por similares razones, jamás sabrás cómo quema esta lanza de hielo que es tu ausencia inesperada. Jamás podré hacerte saber todo lo que quiero que sepas, sin ir más lejos, que te quiero. Que sé que eres humano, que intentaste lo mejor y que mi trabajo es que eso mismo no caiga en saco roto. Esas, y no más palabras, creo que son las que importan; que te quiero, que te echo de menos, que duele, que dolerá, y que cuando cuento tus chistes puedo escuchar tu válvula de titanio durante un segundo o ver tu sonrisa mellada y me siento un nigromante.

Hoy te lloro, creo que de alegría. Gracias por todo. Espero estar a la altura.

 

 

Siempre. Miguel Ángel, en cualquier parte