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jueves, 1 de febrero de 2024

Welcome to freedom

Salí de una puerta y desactivé el modo avión.

Nadie me obligó a entrar en esta jaula y no por ello los barrotes lo son menos. Disfruté la sensación de la puerta que se abre después de tanto tiempo y salí corriendo a estirar las piernas y mear en los árboles y reír sin poner la alarma al día siguiente.

No dudé en ceder parte de mi alegría a terceros y querer compartirla. No temblé a la hora de mandar whatsapps cariñosos y promesas de citas por aquí y allá. Poco a poco fueron respondiendo. La más urgente ya estaba cerrada y el resto, poco a poco, iban cayendo en un pozo de “puede que más adelante” y “jajáes”.

De repente me vi en la moto dirección a casa. En algún momento había acabado de hacer yoga. En un segundo estaba saliendo de la ducha. Cuando me quise dar cuenta estaba echando de menos un libro delante, tres bolis a mis lados y un cuaderno que se interpusiese entre el texto y mi persona.

 

Quedé con mis primos y hablamos de todo un poco. Se fueron desvaneciendo de la mesa según sus necesidades y quedé con mi tocayo, hablando hasta que se le apagaron las pestañas. Le vencía el sueño y tuvo que marchar. Yo marché también, en sentido opuesto.

 

Me meo, me meo, me meo, me meo. Era todo en lo que podía pensar. De repente, entre la multitud, vi una cara. Me quedé mirándolo. Me pasó por el lado. No cejé. Seguí mirándole mientras andaba hacia atrás. Se me quedó mirando. No sabía, él, qué hacer. Finalmente, cambió su cara y dijo “coño, no te había reconocido”. “Ahora vivo en Vizcaya, estoy aquí de vacaciones […] Llevo dos años allí […] ¿Has estado fuera ocho años? […] Creo que me quedaré allí […] Me alegro mucho de verte”, más o menos, a grandes rasgos. Ahora me meaba más, pero me importaba menos. Me pareció irónico lo de unos van, otros vienen y me pregunté cuándo estaría diciendo cosas como “yo es que ahora vivo en […]”.

 

Llegué a casa y creí recordar a Punset diciendo eso de “La felicidad está en la antesala de la felicidad”. Deseé tener algo que estudiar y una fecha límite. Me conformé, como me suelo conformar, jugando al azar con un cuchillo en el aire.

 

Miguel Ángel. 04/09/2023, Sevilla