Salí de una puerta y desactivé el
modo avión.
Nadie me obligó a entrar en esta
jaula y no por ello los barrotes lo son menos. Disfruté la sensación de la
puerta que se abre después de tanto tiempo y salí corriendo a estirar las
piernas y mear en los árboles y reír sin poner la alarma al día siguiente.
No dudé en ceder parte de mi
alegría a terceros y querer compartirla. No temblé a la hora de mandar
whatsapps cariñosos y promesas de citas por aquí y allá. Poco a poco fueron
respondiendo. La más urgente ya estaba cerrada y el resto, poco a poco, iban cayendo
en un pozo de “puede que más adelante” y “jajáes”.
De repente me vi en la moto
dirección a casa. En algún momento había acabado de hacer yoga. En un segundo
estaba saliendo de la ducha. Cuando me quise dar cuenta estaba echando de menos
un libro delante, tres bolis a mis lados y un cuaderno que se interpusiese
entre el texto y mi persona.
Quedé con mis primos y hablamos
de todo un poco. Se fueron desvaneciendo de la mesa según sus necesidades y
quedé con mi tocayo, hablando hasta que se le apagaron las pestañas. Le vencía
el sueño y tuvo que marchar. Yo marché también, en sentido opuesto.
Me meo, me meo, me meo, me meo.
Era todo en lo que podía pensar. De repente, entre la multitud, vi una cara. Me
quedé mirándolo. Me pasó por el lado. No cejé. Seguí mirándole mientras andaba
hacia atrás. Se me quedó mirando. No sabía, él, qué hacer. Finalmente, cambió
su cara y dijo “coño, no te había reconocido”. “Ahora vivo en Vizcaya, estoy
aquí de vacaciones […] Llevo dos años allí […] ¿Has estado fuera ocho años? […]
Creo que me quedaré allí […] Me alegro mucho de verte”, más o menos, a grandes
rasgos. Ahora me meaba más, pero me importaba menos. Me pareció irónico lo de unos
van, otros vienen y me pregunté cuándo estaría diciendo cosas como “yo es
que ahora vivo en […]”.
Llegué a casa y creí recordar a
Punset diciendo eso de “La felicidad está en la antesala de la felicidad”.
Deseé tener algo que estudiar y una fecha límite. Me conformé, como me suelo
conformar, jugando al azar con un cuchillo en el aire.
Miguel Ángel.
04/09/2023, Sevilla
